8 de Abril: Santos Edesio y Anfiano, mártires

8 de Abril: Santos Edesio y Anfiano, mártires

Publicado el 8 de abril de 2024

Actualizado el 7 de abril de 2025

Archivado en: Santoral

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Día de celebración: 8 de abril.
Lugar de origen: Licia, Asia Menor.
Fecha de nacimiento: Siglo III
Fecha de su muerte: 8 de abril del año 306 (Edesio), 5 de abril de 306 (Anfiano).


Contenido

– Introducción
– Estudios en Berito, ambiente corrompido
– Conversión de San Edesio y de su hermano
– En Cesarea junto a Pánfilo
– Persecución en Cesarea
– Suplicio y muerte de Anfiano
– El prefecto Hierocles
– Abusos contra las mujeres cristianas
– Santidad en el desierto de Palestina
– Oración a los Santos Edesio y Anfiano


Introducción

San Edesio, hermano mayor del mártir San Anfiano, también fue martirizado por defender a vírgenes consagradas al Señor de un tirano que las ultrajaba. Nació alrededor del año 250 en Asia Menor, posiblemente en Patara, una ciudad conocida por su oráculo de Apolo. Esta ciudad también fue la cuna de San Nicolás, quien más tarde se convertiría en obispo de Mira. Aunque los padres de Edesio eran paganos acomodados, practicaban su religión de forma superficial, siguiendo rituales sin una convicción profunda, en una época marcada por el deterioro de la fe y la falta de compromiso entre las clases instruidas.

Estudios en Berito, ambiente corrompido

Edesio y su hermano menor fueron enviados por sus padres a estudiar a Berito, una ciudad próspera y floreciente, equivalente a la actual Beirut. En ese tiempo, la ciudad tenía renombrados maestros y atraía a numerosos estudiantes. Sin embargo, el ambiente universitario estaba marcado por la corrupción y el hedonismo, con un enfoque en el materialismo y los placeres mundanos. Aunque muchos estudiantes se dejaban llevar por las malas costumbres, Anfiano conservó una conducta pura, lo que sugiere que Edesio probablemente también se mantuvo íntegro.

Conversión de San Edesio y de su hermano

A pesar del entorno difícil en el que vivían, algo permitió que Edesio y su hermano se mantuvieran firmes en su búsqueda de la verdad y el bien. Es posible que, en Berito, algún maestro los haya introducido al cristianismo. Por su nobleza de espíritu, su naturaleza apasionada los llevó a buscar la verdad moral. Tal vez su rechazo al paganismo decadente los acercó más a Cristo. Edesio se inclinó por la Filosofía, mientras que Anfiano optó por el estudio del Derecho.

En Cesarea junto a Pánfilo

Ambos hermanos se trasladaron de Berito a Cesarea, una ciudad relevante tanto comercial como espiritualmente en Palestina. Allí se unieron a los discípulos de San Pánfilo, un hombre que había dejado su carrera secular para dedicarse al servicio de Dios. Pánfilo, posiblemente de origen pagano y gran conocedor de las letras, fundó una academia cristiana con una valiosa biblioteca que incluía obras de Orígenes. Uno de sus discípulos más destacados fue Eusebio, quien más tarde sería obispo de Cesarea y autor de importantes escritos sobre los primeros cristianos. Gracias a él, conocemos las circunstancias del martirio de Edesio, Anfiano y otros.

Persecución en Cesarea

Tras una breve tregua después de la persecución de Diocleciano, en 305 los cristianos volvieron a ser perseguidos, esta vez por Maximino Daia, uno de los más crueles perseguidores. Edesio fue arrestado y testificó con valentía su fe ante los jueces. Fue condenado a trabajar en las peligrosas minas de cobre de Faino o Funón en Idumea, cerca del desierto entre Petra y Soar. Estas minas eran mortales: pocos sobrevivían más de unos días. Aun en esas condiciones extremas, Edesio recordaba las Escrituras, especialmente el episodio de Moisés y la serpiente de bronce como figura del Redentor. Una breve amnistía le permitió abandonar las minas y trasladarse a Alejandría, Egipto, donde continuó su vida conservando su manto de filósofo como símbolo de su vocación.

Tal vez, a pesar de los nuevos edictos, habría pasado desapercibido entre tantos hombres sabios, si no fuera porque su alma, ardiente como la de su hermano, no pudo contener la indignación ante las injusticias, y se vio impulsado a actuar con valentía.

Suplicio y muerte de Anfiano

Anfiano permaneció en Cesarea cuando la persecución se intensificó. Todos los ciudadanos eran obligados a sacrificar a los dioses paganos, y el gobernador Urbano mandó llamar a cada uno por su nombre. Incapaz de aceptar esto, Anfiano interrumpió a Urbano durante un sacrificio, instándolo a abandonar los falsos dioses. Por esta valiente acción fue arrestado, torturado y encarcelado. A pesar de los tormentos, nunca negó su fe.

Los azotes en su rostro lo desfiguraron tanto que era irreconocible.

Entre terribles sufrimientos, repetía:

— ¡Soy cristiano! ¡Soy siervo de Cristo!

A punto de desfallecer, lo llevaron nuevamente a prisión. Luego fue presentado otra vez ante el juez, quien buscaba hacerlo apostatar. Pero fortalecido por la gracia divina, Anfiano resistió con firmeza. Finalmente, el prefecto, agotado por tanta resistencia, ordenó que fuera arrojado al mar.

Eusebio relata: “Lo que sucedió entonces parece increíble para quien no lo haya presenciado, pero yo no puedo callarlo: casi todos los habitantes de Cesarea fueron testigos del milagro. Nunca se vio cosa igual”.

Cuando el mártir fue arrojado al mar, hubo un gran estruendo. El mar, el cielo y la tierra se agitaron al unísono; la ciudad entera sintió la conmoción como si fuera a derrumbarse. El cuerpo del mártir, en vez de hundirse, flotó apaciblemente hasta llegar a las puertas de Cesarea.

“Tan pronto como la ciudad supo del milagro, todos acudieron —hombres, mujeres, ancianos y niños— a presenciarlo. Al ver el cuerpo de San Anfiano, todos alababan al único Dios de los cristianos”. Este hecho ocurrió el 2 o, más probablemente, el 5 de abril de 306. Su fiesta se celebra el primero de esos días.

El prefecto Hierocles

San Anfiano murió poco antes que su hermano Edesio. Ambos compartían un profundo fervor por el bien. En ese tiempo, Egipto estaba bajo el gobierno de Hierocles, un hombre astuto y peligroso. Aunque conocía bien las Escrituras, usó su talento literario para atacar el cristianismo. Antes de llegar a Roma en 305, ya había ocupado altos cargos en Fenicia y Bitinia, y publicó obras en las que comparaba a Apolonio de Tiana con Jesucristo, sosteniendo que Apolonio era superior.

Sus argumentos fueron refutados por Eusebio, Arnobio y Lactancio. Este último criticó duramente al filósofo que insultaba a los cristianos durante la persecución, señalando indirectamente a Hierocles por su inhumanidad y odio hacia los cristianos.

En Los Mártires del Cristianismo, el personaje Eudoro lo describe así:

“Es uno de esos hombres que las revoluciones empujan al poder, con facilidad para hablar de cualquier cosa. Se sospecha que Hierocles fue cristiano en su juventud, pero el orgullo por el saber humano envenenó su mente y lo llevó a las sectas filosóficas. No queda en él rastro de su antigua fe, salvo una rabia enfermiza cada vez que oye el nombre de Dios.”

“Habla de libertad, virtud, ciencia y felicidad humana, pero en realidad es un cortesano servil, un hipócrita devorado por pasiones vergonzosas. Se muestra como apóstol de la tolerancia, pero es el más intolerante de todos. Constantino lo detesta, Diocleciano lo teme, pero Galerio lo tiene en alta estima. Su influencia es grande, y en nombre de la razón, ha corrompido a quienes gobiernan.”

Su odio no se limitó a los escritos. Como consejero del emperador, incitó directamente las persecuciones, usando los edictos imperiales como escudo para saciar su violencia contra los cristianos.

Abusos contra las mujeres cristianas

Hierocles, conocido por su crueldad, llegó al extremo de abusar de mujeres cristianas consagradas, prácticas que eran legalmente aceptadas por la decadente cultura pagana romana. Indignado, el joven Edesio se enfrentó a él, lo abofeteó públicamente y lo denunció por su brutalidad.

Este acto de valentía le costó la vida. Fue arrestado, torturado y finalmente ejecutado, también arrojado al mar, probablemente el 8 de abril del año 306. Junto a su hermano Anfiano, es venerado como mártir en el Martirologio.

Santidad en el desierto de Palestina

A fines del año 306, en un tiempo de persecuciones, surgió un nuevo florecimiento espiritual: la vida eremítica. Hilarión de Gaza, con solo quince años, dejó Alejandría y fue en busca de una vida de santidad. Tras pasar un tiempo con San Antonio en el desierto, se retiró a la soledad de su tierra.

Medio siglo antes, Pablo de Tebas había iniciado la vida eremítica en Egipto durante la persecución de Decio. Ahora, Hilarión impulsaba ese estilo de vida en Palestina. Los desiertos de Judea comenzarían a florecer espiritualmente, igual que los del Nilo.

A pesar de las persecuciones, el cristianismo se fortaleció. Siete años después, con el ascenso de Constantino y la paz para la Iglesia, comenzó una nueva etapa de renovación y crecimiento, alimentada por la sangre de los mártires y el testimonio de los eremitas.

Oración a los Santos Edesio y Anfiano

Santos Edesio y Anfiano, rogad por nosotros.

Cordero de Dios

| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.