San Medardo

8 de Junio: San Medardo, Obispo y Confesor

Publicado el 8 de junio de 2021

Actualizado el 8 de junio de 2025

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San Medardo fue el obispo de Vermandois que trasladó la sede de la diócesis a Noyon en el norte de Francia. San Medardo fue uno de los obispos más honrados de su tiempo, a menudo representado riendo, con la boca abierta y, por lo tanto, fue invocado contra el dolor de muelas.


Día celebración:  8 de junio.
Lugar de origen: Picardía, Salency (Francia).
Fecha de nacimiento: 8 de junio de 456.
Fecha de su muerte: 8 de junio de 545.
Santo Patrono de: El clima. Invocado contra los dolores de muela.


Contenido

– Introducción
– Dios recompensa con milagros su caridad
– Se consagra al servicio de Dios
– San Medardo instituye la fiesta de la Rosa
– San Medardo y los ladrones
– Su episcopado
– Trabajos apostólicos
– Su muerte
– Oración a San Medardo


Introducción

En la pequeña aldea de Salency, nacieron los hermanos Medardo y Gildardo en la mitad del siglo V. Su padre, Nectardo, se convirtió al cristianismo gracias a la influencia de su esposa Protagia. Ambos destacaron por su piedad y generosidad, y tuvieron el honor de dar a las iglesias de Noyón y Ruán obispos santos.

Bajo la dirección monástica, Medardo mostró fervor por el estudio y inclinación a la piedad. Dotado con el don de profecía desde joven, predijo a su condiscípulo Eleuterio que sería conde franco y, a los treinta años, obispo, cumpliéndose así su predicción.

Dios recompensa con milagros su caridad

Las enseñanzas de sus maestros y el ejemplo de sus padres piadosos inspiraban al niño con impulsos de generosidad que anticipaban sus futuros logros. Un día, su padre le encomendó la tarea de cuidar unos caballos en el prado. Mientras cumplía con la tarea, San Medardo observó a un soldado franco que llevaba una silla de montar y una brida.

— ¿Por qué va usted así? —pregunta el niño.

— ¡Ay! — responde el guerrero— , poco ha se me ha muerto el caballo y me he tenido que cargar con los arneses, sin saber cómo me podré procurar otra cabalgadura.

— En nombre de Dios —responde el joven— , tome uno de estos caballos.

El soldado vacila, pero las insistencias de San Medardo lo persuaden. Una vez que el militar se va, un criado llega para reemplazar al niño. En ese momento, estalla una tempestad y San Medardo queda atrapado en el prado sin refugio. Sin embargo, un águila aparece sobre su cabeza con las alas extendidas, protegiéndolo de la lluvia. Sorprendido, el criado informa a su amo, quien, junto a su séquito, queda asombrado por el prodigio. Aunque se dan cuenta de que falta un caballo, al interrogar al niño descubren que todos están presentes. Impresionado, Nectardo muestra un profundo respeto hacia San Medardo, reconocido por la protección divina evidente.

— Hijo mío, todo lo que yo tengo es tuyo. Dispón de todos mis bienes según tu voluntad y ruega a Dios para que tu madre y yo tengamos parte en la gracia y bendición que el cielo te otorga.

Otro día, San Medardo había recibido de su madre un capote de mucho precio, para figurar con dignidad entre los jóvenes de su condición; saliendo el niño a la calle encontró a un pobre casi desnudo; inmediatamente se quitó el capote y vistió con él al aterido miembro de Jesucristo.

Nada afligía tanto su corazón como las disputas entre cristianos. Estaba aún con sus padres, cuando varios habitantes de su pueblo riñeron por cuestiones de límites de sus respectivas heredades. Como los espíritus se enardecían fue San Medardo al encuentro de los campesinos. Viendo una piedra en medio del campo: «Aquí está el límite verdadero —dijo— , acabad, pues, las disputas», y al mismo tiempo la tocó ligeramente con el pie. Si hemos de dar crédito a un relato, la huella del diminuto pie quedó impresa en la dura piedra y los labriegos maravillados por este prodigio tuvieron que rendirse  a la verdad.

Asiduo a la oración, a las vigilias y a los ayunos, San Medardo progresaba día a día en santidad. Dicen sus biógrafos que era un peregrino en la Tierra; pero su vida pura y obediente le hacía pasar por un habitan te del Cielo.

Se consagra al servicio de Dios

A medida que San Medardo crecía en edad, su devoción aumentaba. Al seguir la misma senda, sus padres comprendieron que Dios los llamaba al servicio del altar. Ambos hermanos fueron confiados a la dirección del obispo Alomer de Vermand, recibiendo la tonsura clerical y la ordenación sacerdotal. Además, una hermana consagró su virginidad a Dios. Sin embargo, el corazón de los hermanos se afligió cuando sus padres, Nectardo y Protagia, fallecieron, partiendo a recibir la recompensa destinada a los padres cristianos.

San Medardo instituye la fiesta de la Rosa

San Medardo dedicó los primeros años de su ministerio en Salency, donde estableció la popular «fiesta de la Rosa«. Creó el «feudo de la Rosa» cuyas rentas servían como dote anual para la joven más virtuosa del lugar. La hermana de San Medardo fue la primera en recibir la «corona de rosas» de manos de su hermano. Representado con hábitos pontificales, colocaba la corona sobre la cabeza de la elegida, elegida imparcialmente entre tres jóvenes locales. La práctica, bendecida por la Iglesia, resistió durante tres siglos, a pesar de las turbulencias en Francia. Aunque el demonio intentó suprimir la bendición del sacerdote en la ceremonia, la institución persistió, demostrando la tenacidad de la costumbre fundada por San Medardo.

San Medardo y los ladrones

El clérigo San Medardo, conocido por sus virtudes heroicas y milagros, se entregó por completo a los asuntos divinos, ganando rápidamente fama de santidad en toda la comarca. A pesar de su desinterés por los asuntos terrenales, Dios velaba por sus bienes. En una noche de otoño, un ladrón robó uvas de la viña de San Medardo, pero se vio incapaz de salir de la propiedad. Detenido por los vecinos, confesó su culpa. San Medardo, lleno de mansedumbre y misericordia, reprendió al ladrón, lo perdonó y le dio una generosa provisión de uvas cuando mostró arrepentimiento.

Otro ladrón había robado las colmenas de San Medardo, pero fue atormentado por las abejas de manera tan cruel que, impulsado por el remordimiento y el aguijón de los insectos, se arrojó a los pies del santo para obtener perdón y liberación.

Además de los prodigios que protegían las propiedades de San Medardo, él mismo se destacaba como defensor de los derechos de la Iglesia. Después de que el ejército franco, liderado por Clotario, saqueara Noyón, las carretas llenas de botín se detuvieron repentinamente al pasar frente a San Medardo. Los soldados y líderes se arrodillaron ante él, prometiendo restituir los bienes ilegítimamente obtenidos, y solo después de la intervención del santo, los caballos pudieron reanudar su carrera.

Su episcopado

Llegó el momento designado por Dios para que San Medardo asumiera un nuevo rol. Tras la muerte de Alomer, obispo de Vermand en 530, el clero y el pueblo lo eligieron como su sucesor. A pesar de su inicial renuencia debido a su edad, finalmente aceptó el cargo después de percibir la voluntad divina. Recibió la consagración episcopal de manos de San Remigio de Reims.

En medio de tiempos difíciles, con la Galia devastada por los vándalos y los hunos, y Vermand aún en ruinas, los francos, ahora gobernantes, comenzaron a abrirse a las enseñanzas de la Iglesia. San Medardo trasladó la sede episcopal a Noyón por seguridad. Tras su consagración, la sede de Tournai quedó vacante con la muerte de San Eleuterio, amigo del obispo de Noyón.

Eleuterio, a quien San Medardo había profetizado la dignidad episcopal, falleció, y nuestro Santo asistió a sus funerales. Tras un ayuno de tres días para preparar la elección, diversas opciones fueron consideradas, pero una inspiración del Espíritu Santo llevó a la unánime elección de «¡Medardo obispo de Noyón y Tournai!». Aunque inicialmente se opuso alegando conflictos con los cánones, tanto el rey como los obispos, San Remigio y el Papa San Hormisdas ratificaron la elección debido a la necesidad de ambas iglesias, y San Medardo aceptó la doble carga.

Al asumir la sede de Noyón, su hermano Gildardo, también conocido como Godardo, fue consagrado obispo de Ruán. Juntos, con la colaboración de San Remigio y San Vedasto, contribuyeron a la conversión completa de Clodoveo, el primer rey cristiano de los francos. Participaron en el primer Concilio de Orleáns en el año 511. Godardo concluyó su pontificado al mismo tiempo que su hermano San Medardo.

Trabajos apostólicos

El obispo de Noyón y Tournai, San Medardo, se dedicó por completo a la salvación de las almas y sufrió intensamente por parte de los infieles, enfrentando amenazas de muerte y condenas al suplicio. Su inquebrantable constancia ante las persecuciones finalmente triunfó sobre la pertinacia de los infieles, resultando en numerosas conversiones y la regeneración de idólatras a través del bautismo.

Durante su episcopado en Noyón, la reina Radegunda, esposa de Clotario I, buscó refugio de la corte y se postró ante San Medardo para suplicarle que la consagrara al Señor e impusiera el velo, con el consentimiento de su esposo. Aunque los nobles francos violentamente expulsaron al obispo del altar y lo amenazaron para que no accediera a los deseos de la reina, San Medardo se resistió a sancionar la separación canónica por temor a malentendidos sobre la ley divina que prohíbe el divorcio entre cristianos.

Santa Radegunda se retiró a la sacristía y, cortándose los cabellos, regresó vistiendo un hábito religioso para postrarse ante San Medardo. Le advirtió que, si tardaba en consagrarla al Señor por temor a los hombres, el Buen Pastor le pediría cuentas del alma de su ovejuela. Sus palabras conmovieron profundamente a la asamblea, y San Medardo desafió las amenazas de los nobles francos para consagrar a Radegunda a Dios.

Ante la posibilidad de ser llamada de nuevo a la corte por Clotario, Radegunda pidió a un ermitaño que intercediera por ella ante Dios. Como medida preventiva, decidió fundar un monasterio en Poitiers para hacer penitencia por Francia, su antiguo reino. Antes de esto, colocó sus ricos adornos y diadema sobre el altar y distribuyó su patrimonio entre los pobres.

Su muerte

Una grave enfermedad detuvo al apóstol en sus trabajos y le dio el aviso de que se acercaba el día de las recompensas. Estaba entonces en Noyón. Al divulgarse la noticia, millares de fíeles acudieron a recibir de su Padre la postrera bendición.

El rey Clotario llegó a inclinar su testa coronada bajo la mano bendita del obispo; luego, acercándose al oído, preguntó a San Medardo si tenía que darle alguna orden.

—Rey de los francos, y vosotros todos los que me rodeáis — dijo el moribundo— , os tomo como testigos de que quiero ser enterrado aquí en medio de mis hijos.

El rey le suplicó que accediera a que su cuerpo fuese sepultado en la importante ciudad de Soissons. San Medardo consintió en ello, y luego principió una oración que debía concluirse en el Cielo. Fue su muerte el 8 de junio de 545.

Una inmensa multitud, tanto del pueblo como de la nobleza, quiso asistir a las exequias del santo obispo. Mucho hubieran querido los habitantes de Noyón guardar entre ellos los preciosos restos de su Padre, pero el rey se mantuvo firme y quiso que el cuerpo fuese sepultado en Crouy, cerca de Soissons. Clotario, ayudado de los nobles principales, llevó la preciosa carga.

El traslado de las reliquias de San Medardo fue un triunfo realzado con numerosos milagros. Al llegar a Crouy, donde el rey Clotario había decidido construir una iglesia, el féretro quedó inmóvil, y ninguna fuerza humana pudo moverlo. Clotario donó la mitad del tesoro a la nueva iglesia, aliviando notablemente la carga. La iglesia fue magníficamente completada por su hijo Sigeberto y sus sucesores, con la adición de un monasterio confiado a los religiosos Benedictinos. Este monasterio, tan ilustre, fue directamente dependiente de la Santa Sede gracias a los privilegios otorgados por el papa San Gregorio. Llegó a albergar hasta 400 religiosos que cantaban las alabanzas divinas día y noche, y finalmente quedó bajo la jurisdicción de la Congregación de San Mauro.

Como hemos mencionado, San Medardo fue hermano de San Gildardo, ambos nacieron y fueron consagrados obispos el 8 de junio. Murieron en el mismo día y hora, destacando por su santidad, virtudes y conformidad en vida y muerte.

 

Oración a San Medardo

Oh glorioso San Medardo, tú que viviste con sencillez y entregaste tu vida al servicio de Dios y del prójimo, alcánzanos la gracia de vivir con humildad, caridad y fe firme.

Protector de los agricultores y defensor de los pobres, intercede por todos aquellos que trabajan la tierra, por quienes sufren necesidad, y por los que buscan consuelo en medio de sus penas.

Tú que supiste consolar a los afligidos y guiar a tu pueblo con sabiduría, enséñanos a confiar en la misericordia divina y a ser portadores de paz y esperanza.

Ruega por nosotros, para que sepamos vivir con un corazón generoso, abierto al Evangelio y entregado al bien de los demás.

San Medardo, ruega por nosotros. Amén.

Cordero de Dios

| Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.