Dado que el pueblo consideraba a San Miguel Arcángel como el líder de las huestes celestiales y protector, las numerosas oraciones dirigidas a él inevitablemente se manifestaron en leyendas milagrosas. La devoción a San Miguel nació en el oriente, pero ya en el siglo IV había una iglesia dedicada al Arcángel cerca de Constantinopla. También se construyó una basílica en honor a San Miguel cerca de Roma en la Vía Salaria, evidencia de la veneración antigua.
El «Leonianum», primer misal romano, incluye misas relacionadas con santuarios dedicados a San Miguel en Roma, a fines de septiembre. Aunque es difícil determinar la fecha exacta, la dedicación del santuario en el Monte Gargano, Apulia, donde predominaba la influencia griega, probablemente ocurrió en una época temprana.
La convicción popular de que San Miguel Arcángel era el líder celestial y protector, así como el árbitro de la suerte en la transición hacia la eternidad, llevó a manifestaciones públicas de las numerosas oraciones cristianas dirigidas a él. Cualquier leyenda milagrosa relacionada con su aparición fortaleció la devoción de los cristianos. En tiempos antiguos, se atribuían maravillas a San Miguel en las fuentes termales de Frigia, y desde el siglo IV existía una iglesia dedicada al Arcángel cerca de Constantinopla.
La devoción a San Miguel nació en el oriente, y hay pruebas de una basílica en honor al Arcángel cerca de Roma en la Vía Salaria desde tiempos antiguos. El primer misal romano, el «Leonianum», incluye misas relacionadas con santuarios de Roma dedicados a San Miguel, coincidiendo con fines de septiembre. La fecha exacta de la dedicación del santuario en el Monte Gargano, Apulia, con influencia griega, es difícil de determinar.
Según la leyenda escrita y resumida en el Breviario, la dedicación del Monte Gargano se atribuye al Papa Gelasio (492-496). La historia cuenta que un toro perdido se refugió en una cueva en la cumbre del Monte Gargano. Durante la búsqueda, San Miguel, a través de portentos, indicó que el sitio debía consagrarse.
La cueva se convirtió en lugar de numerosos milagros, y la fuente en su interior fue reconocida por sus propiedades curativas. La fama del santuario se extendió por todo el occidente, mencionándose en uno de los manuscritos más antiguos del Hieronymianum con motivo de la fiesta de San Miguel Arcángel el 29 de septiembre.
En Inglaterra, la colección de sermones anglosajones llamada «Blickling Homilies», escrita a finales del siglo X, relata los eventos en la cueva del Monte Gargano.
De la misma piedra del techo de la iglesia, en el costado norte del altar, brotaba un agua clara y sabrosa, de la que se servían los habitantes del lugar. Junto a la fuente, colgado de una cadena de plata, había un vaso de cristal que recogía las gotas de agua. El pueblo, después de recibir la comunión, acostumbraba subirla escalera que conducía hasta el vaso para gustar ese liquido celestial.”
Este documento es un excelente testimonio de que, mucho antes de que se suprimiese la comunión bajo las dos especies, existía la costumbre de beber un poco de agua después de haber recibido la Preciosa Sangre, ya por separado, ya en la hostia mojada en el cáliz, como se hace todavía en el oriente.
Juan XXIII, por un Motu Proprio del 25 de julio de 1960, suprimió esta fiesta del Calendario Romano.
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| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.


