Día de celebración: 9 de abril / 23 de enero.
Lugar de origen: Amathus (Chipre).
Fecha de nacimiento: Año 552.
Fecha de su muerte: Año 619 o 620.
Patrono de: Casarano, Italia.
Venerado en: Iglesia Católica, Iglesia Ortodoxa.
Contenido
– Introducción
– Primeras acciones en Alejandría
– La Invasión Persa
– Predicación de San Juan el Limosnero
– Muerte de San Juan El Limosnero
– Oración a San Juan el Limosnero
Introducción
San Juan, originario de una familia adinerada, dedicó su vida al servicio de los pobres después de experimentar pérdidas personales significativas. Fue elegido patriarca de Alejandría alrededor del año 608, en un momento de intensas controversias religiosas, especialmente relacionadas con el monofisismo. Su liderazgo se caracterizó por una profunda caridad y bondad, buscando hacer amigable la ortodoxia en Egipto. San Juan identificó a los pobres como sus principales «amos», protegiendo y atendiendo a unos 7,500 de ellos en Alejandría. Emitió decretos para proteger a los desfavorecidos, como establecer medidas justas y prohibir regalos para evitar la corrupción. Además, se aseguró de estar accesible para escuchar directamente las preocupaciones de la gente cada semana.
Primeras acciones en Alejandría
San Juan, en sus esfuerzos por ayudar a los necesitados, distribuyó generosamente las riquezas de la sede de Alejandría, incluyendo ochenta mil monedas de oro, a hospitales y monasterios. A pesar de las preocupaciones de sus ayudantes sobre la disminución de los recursos de la Iglesia, San Juan les aseguró que Dios proveería. Para reforzar su confianza, compartió una visión que había tenido en su juventud, donde una figura celestial, representando la caridad y compasión, le aseguró que su camino era el correcto y que ella tenía gran influencia ante Dios, habiendo sido instrumental en la encarnación de Jesucristo para la salvación de la humanidad.
La Invasión Persa
San Juan demostró continuamente su caridad y solidaridad, especialmente durante tiempos difíciles. Tras el saqueo de Jerusalén por parte de los persas, acogió a los refugiados en Egipto y proporcionó ayuda material significativa, incluyendo fondos, suministros y trabajadores, para la reconstrucción de las iglesias dañadas. Aunque expresó el deseo de ayudar personalmente en Jerusalén, su fe en la Divina Providencia nunca vaciló, y siempre confió en que Dios lo asistiría.
A pesar de sus numerosos actos caritativos, San Juan se mantuvo humilde. Cuando alguien expresó una gratitud excesiva hacia él, recordó que aún no había dado su vida por esa persona, como Jesucristo había enseñado. Además, su caridad se extendió a individuos como un mercader que enfrentó desafíos repetidos. Después de proporcionar ayuda en múltiples ocasiones, el mercader finalmente obtuvo un envío de grano que, tras un naufragio, llegó a Inglaterra, donde se vendió a un buen precio. Esta transacción resultó en una ganancia significativa, atribuida a las virtudes y bendiciones de San Juan.
A pesar de su alta posición y las ocasiones en las que se le ofrecieron lujos, San Juan el limosnero eligió vivir en la austeridad más estricta. Cuando recibió una piel valiosa como regalo, solo la usó una noche debido a su incomodidad y luego la vendió para ayudar a los pobres, en lugar de retenerla para sí mismo. Aunque el donante intentó devolvérsela varias veces, el santo continuó vendiéndola y donando el dinero, demostrando su compromiso con la pobreza y la humildad.
Además, San Juan mostró su compromiso con los necesitados al defenderlos contra políticas injustas. Cuando Nicetas, el gobernador de Alejandría, planeó un impuesto que afectaría desproporcionadamente a los pobres, San Juan intercedió por ellos con valentía. Aunque Nicetas partió enojado, el patriarca no cedió y envió un mensaje al gobernador usando palabras inspiradoras del apóstol, defendiendo así la causa de los menos afortunados.
«El sol está cayendo. No dejes que el sol se ponga sobre tu ira».
San Juan demostró ser una figura de gran integridad y sabiduría en sus interacciones con las autoridades y la comunidad en general. Cuando Nicetas, el gobernador, mostró arrepentimiento después de escuchar las palabras del patriarca, San Juan le recordó la importancia de no prestar atención a rumores y calumnias. Enseñó con su ejemplo, destacando que no se debe creer en acusaciones sin primero escuchar al acusado y que el chisme y la calumnia son vicios que deben ser castigados.
Además, San Juan utilizó métodos educativos para guiar a las personas hacia el bien. Por ejemplo, cuando un noble se mostró reacio a perdonar a su enemigo, San Juan lo invitó a participar en una misa. Durante la recitación del Padre Nuestro, San Juan se detuvo justo antes de la parte que habla sobre el perdón. Esta acción llevó al noble a reflexionar sobre la importancia del perdón, lo que resultó en una reconciliación significativa entre él y su adversario. Esta historia resalta la habilidad de San Juan para usar situaciones cotidianas como oportunidades para impartir sabiduría espiritual y moral.
Predicación de San Juan el Limosnero
El santo predicaba frecuentemente el deber de no hacer juicios temerarios, diciendo: «Las circunstancias nos engañan fácilmente. Ya hay magistrados para juzgar a los criminales. Nosotros, los particulares, no tenemos por qué meternos con los delitos ajenos, sino para excusarlos». Habiendo caído en la cuenta de que muchos pasaban el tiempo de los divinos oficios riendo a las puertas de la iglesia, san Juan fue a sentarse en medio de ellos y les dijo:
«Hijos míos, el pastor tiene que estar con sus ovejas».
El patriarca, a pesar de estar en camino hacia la iglesia, atendió de inmediato a una mujer que buscaba justicia contra su yerno. Aunque su comitiva intentó silenciarla, él respondió que no podría esperar que Dios escuchara sus oraciones si ignoraba las preocupaciones de la mujer. Decidió resolver el asunto justo allí antes de continuar su camino. Esta acción impactó tanto a los culpables que no volvieron a repetir su error, mostrando la influencia y autoridad moral del patriarca.
Muerte de San Juan El Limosnero
Nicetas persuadió al santo para que le acompañase a Constantinopla a visitar al emperador Heraclio, el año 619, cuando los persas se preparaban a atacar. Durante el viaje, en Rodas, el patriarca recibió un aviso del cielo de que su muerte estaba próxima, y dijo a Nicetas:
«Tú me habías invitado a visitar al emperador de la tierra; pero el Rey del cielo me llama a Sí».
De manera que san Juan se dirigió a Chipre, donde había nacido, y murió apaciblemente poco después, en Amato (Limassol), el año 619 ó 620. Su cuerpo fue después trasladado a Constantinopla, donde estuvo largo tiempo. El sultán turco regaló las reliquias del santo patriarca a Matías de Hungría, quien construyó en su oratorio de Budapest un relicario especial para guardarlas. En 1530, las reliquias fueron trasladadas a Tall, cerca de Bratislava, y en 1632, a Bratislava, donde se hallan en la actualidad..
Oración a San Juan el Limosnero
Generoso Dios, el limosnero solía decir: «Si pudiéramos entrar a la Iglesia, noche y día, e implorar a Dios que escuche nuestras oraciones, qué cautos seríamos para escuchar y presentar las peticiones de nuestros amigos en necesidad.»
Transforma mi actitud hacia los pobres y todos aquellos que tienen necesidades. Incrementa en mí el deseo darles a aquellos que podrían beneficiarse de lo que tengo. Enséñame a escuchar lo que los demás están pidiendo realmente, para identificar qué puedo darles que pueda ayudarles, y a encontrar una forma amorosa para dárselo. Quiero ser tan generoso como Juan el limosnero, siendo administrador de Tus dones en respuesta a sus oraciones. San Juan el Limosnero, ruega por mí. Amén.

| Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.
La vida de los Santos por Butler.
https://gnm-es.org/san-juan-el-limosnero/