Día celebración: 9 de mayo.
Lugar de origen: Arianzos, Nacianzo (Actual Turquía).
Fecha de nacimiento: 329.
Fecha de su muerte: 25 de enero de 389.
Santo Patrono de:
Venerado en:
Contenido
– Introducción
– En Atenas
– San Gregorio Nacianceno Sacerdote
– En Constantinopla
– Forzado a partir
– Días postreros
– Oración de San Gregorio Nacianceno
Introducción
A principios de siglo IV vivía en Arianzos, población próxima a Nacianzo, en la región de Capadocia, una santa mujer, llamada Nona, cuyos días transcurrían envueltos en la negra sombra del desconsuelo por carecer de sucesión. Su mayor anhelo era tener un hijo para ofrecérselo al Señor, a quien no cesaba de rogar a esta intención.
Al fin Dios escuchó su plegarias: Una noche, después de sus acostumbradas faenas y súplicas, Nona se entregó al sueño; de pronto fue despertada por la presencia de un hermoso niño, y al mismo tiempo oyó estas palabras:
«Este es el hijo que el cielo te concede; llámale Gregorio, porque así lo quiere Dios».
Sucedió esto el año 328 ó 329.
Nona cumplió sus deseos al ofrecer a Dios a su hijo y luego se convirtió en madre de San Cesáreo y Santa Gorgonia. Con fervientes plegarias, logró la conversión de su esposo, Gregorio, quien abandonó el paganismo y se destacó en virtudes cristianas. Gregorio fue elegido magistrado en Nacianzo pero dejó el cargo cuando sus conciudadanos lo elevaron a obispo. La fiesta de Santa Nona se celebra el 5 de agosto.
San Gregorio Nacianceno, hijo de Santa Nona y San Gregorio el Mayor, fue declarado Doctor de la Iglesia. Nació en Arianzos de Capadocia en el año 329. Su padre, convertido al cristianismo, fue sacerdote y gobernó la diócesis de Nacianzo. Gregorio recibió una educación destacada y estudió en Cesarea y Atenas. Aunque enfrentó peligros en una tormenta antes de bautizarse, finalmente recibió el sacramento años después, creyendo en la dificultad de obtener perdón después del bautismo.
En Atenas
San Gregorio Nacianceno pasó diez años en Atenas, donde se hizo íntimo amigo de San Basilio y tuvo como compañero al futuro emperador Juliano. A los treinta años, dejó Atenas tras absorber todo el conocimiento de sus maestros. Aunque inicialmente sus planes eran inciertos al regresar a Nacianzo, Gregorio optó por una vida más austera, posiblemente influenciado por una experiencia religiosa, posiblemente su bautismo.
Unido a San Basilio en el Ponto, vivieron en soledad dedicados a la oración y estudio, recopilando extractos de las obras de Orígenes y sentando las bases para la vida monástica oriental. Esta influencia se extendería al occidente a través de San Benito. Gregorio dejó este refugio para ayudar a su anciano padre en la administración diocesana, siendo finalmente ordenado sacerdote, aunque inicialmente de manera forzada.
San Gregorio Nacianceno Sacerdote
Aterrorizado por su elevación al sacerdocio, San Gregorio Nacianceno huyó en busca de su amigo Basilio, pero después de diez semanas regresó decidido a aceptar las responsabilidades de su vocación. Su apología sobre la fuga se convirtió en un tratado influyente sobre el sacerdocio, siendo referente para escritores como San Juan Crisóstomo. Su presencia en Nacianzo evitó un cisma, ya que muchos prelados habían aceptado decisiones arrianas, generando una violenta reacción entre los católicos. San Gregorio, elegido metropolitano, también enfrentó la lucha contra la introducción del arrianismo en Capadocia por parte del emperador Valente.
Ante la disputa por la jurisdicción arquiepiscopal sobre una nueva provincia, San Basilio nombró a San Gregorio obispo de Sasima para consolidar su posición. A pesar de aceptar la consagración contra su voluntad, Gregorio nunca se trasladó a Sasima debido a conflictos con el gobernador. Aunque se reconciliaron, la amistad quedó herida. Gregorio actuó como coadjutor en Nacianzo hasta la muerte de su padre, pero la enfermedad lo llevó a retirarse a Seleucia en 375, donde permaneció cinco años.
Después de la muerte del emperador Valente, cesó la persecución contra la Iglesia. Los obispos enviaron a líderes celosos a reconstruir las comunidades afectadas, especialmente la de Constantinopla, sometida a la influencia arriana durante décadas sin tener una iglesia para reunir a los fieles católicos.
En Constantinopla
Invitado por un consejo episcopal, San Gregorio aceptó la tarea de restaurar la fe en Constantinopla, a pesar de temer la intriga y la violencia en la ciudad. Inicialmente rechazó salir de su retiro, pero acabó aceptando. En Constantinopla, enfrentó la desconfianza del público acostumbrado a la pompa, estableciendo una iglesia llamada «Anastasia». Allí predicó sobre la Santísima Trinidad, ganando renombre como «el teólogo».
A pesar de la oposición de arrianos y apolinaristas, predicó con valentía. Aunque enfrentó insultos y acusaciones, se consoló al saber que la verdad estaba de su lado. San Gregorio ganó la estima de grandes figuras de la época, como San Evagrio del Ponto y San Jerónimo. Sin embargo, enfrentó pruebas, incluyendo el episodio de un aventurero, Máximo, a quien elogió y que usurpó su posición episcopal durante una enfermedad de San Gregorio, causándole dolor al descubrir que algunos de sus supuestos amigos lo apoyaron.
Forzado a partir
A principios de 380, el obispo de Tesalónica bautizó al emperador Teodosio, quien luego promulgó un edicto que obligaba a sus súbditos a practicar la fe católica. En Constantinopla, confrontó al obispo arriano, quien optó por el destierro. Teodosio nombró a San Gregorio Nacianceno como su sucesor. Aunque aclamado por el pueblo, su gobierno fue breve debido a la hostilidad de antiguos enemigos y controversias sobre la sede vacante de Antioquía. Por amor a la paz y para evitar derramamiento de sangre, San Gregorio renunció a su cargo después de unos meses.
“Si mi gobierno de la diócesis produce disturbios, manifiesto ante la asamblea, estoy dispuesto, como Jonás, a dejarme arrojar al mar para calmar la tempestad, aunque no la he provocado yo. Si todos siguiesen mi ejemplo, la Iglesia gozaría pronto de la paz. Yo jamas aspiré a la dignidad que ocupo y la acepté contra mi voluntad. Por consiguiente, si lo juzgáis conveniente, estoy dispuesto a partir.”
El emperador acabó por dar su consentimiento y San Gregorio pronunció un noble y conmovedor discurso de despedida. Su tarea, ahí, estaba terminada; quedaba encendida de nuevo la llama de la fe, que se había apagado en Constantinopla y la mantuvo encendida en las horas mas sombrías por las que había atravesado la Iglesia. Un rasgo característico del santo fue el que mantuvo siempre relaciones cordiales con su sucesor, Nectario, quien le era inferior en todo, excepto en la nobleza del linaje.
Días postreros
San Gregorio Nacianceno pasé algunas temporadas en las posesiones que había heredado y en Nacianzo, donde aún no se había instalado el sucesor de su padre. Pero el año 383, después de lograr que su primo Euladio fuese elegido para ocupar la sede vacante, se retiró por completo a la vida privada, en la paz de su hermoso parque, donde había un bosquecillo y una fuente.
Pero aun ahí practicaba la mortificación, ya que jamas se calzaba ni encendía fuego. Hacia el fin de su vida, escribió una serie de poemas religiosos, tan bellos como edificantes. Dichos poemas son muy interesantes desde el punto de vista biográfico y literario, ya que el santo cuenta en ellos su vida y sus sufrimientos; su forma exquisita raya, a veces, en lo sublime.
La fama de escritor de que ha gozado San Gregorio Nacianceno hasta nuestros días, se debe a esos poemas, a sus sermones y a sus deliciosas cartas. San Gregorio murió en su retiro, el año 309. Sus restos reposan actualmente en San Pedro de Roma.
San Gregorio gustaba de hablar de la condescendencia que Dios había mostrado a los hombres. En una de sus cartas, escribía:
“Admirad la extraordinaria bondad de Dios, que se digna tomar en cuenta nuestros deseos como si tuviesen gran valor. Desea ardientemente que le busquemos y le amemos y recibe nuestras peticiones como si se tratase de un favor o un beneficio que los hombres le hiciésemos. Dios tiene más gozo en dar que nosotros en recibir. Lo único que no soporta es que le pidamos tibiamente y que pongamos limites a nuestras peticiones. Pedirle cosas frívolas seria hacer una ofensa a la liberalidad con que Dios esta dispuesto a oírnos.”
Oración de San Gregorio Nacianceno
Oh Dios Todo – Trascendente (¿Y qué otro nombre podría describirte?), ¿qué palabras pueden cantar Tus alabanzas? Ninguna palabra Te hace justicia. ¿Qué mente puede sondear Tu secreto?
Ninguna mente puede abarcarte. Estás más allá del poder de la palabra, aunque todo lo que decimos nace de Ti. Estás más allá del poder del pensamiento, aunque todo lo que podemos concebir proviene de Ti.
Todas las cosas Te proclaman, aquellas que pueden hablar y las que no. Todas las cosas Te reverencian, aquellas dotadas de razón y las privadas de ella. Todo el anhelo y el dolor del mundo se funden en Ti. Todas las cosas pronuncian una oración a Ti, un himno silencioso compuesto por Ti. Tú sostienes todo lo que existe, y todas las cosas se mueven juntas a Tus órdenes. Tú eres el fin de todo lo que existe. Tú eres uno y eres todo, aunque no eres ninguna de las cosas que existen, ni una parte ni el todo.

San Gregorio Nacianceno | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.


