Acto de Confianza al Sagrado Corazón de Jesús
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Acto de Confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Publicado el 21 de junio de 2026

Archivado en: Jesús, Oraciones, Sagrado Corazón

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El Acto de Confianza escrito por San Claudio de la Colombière, es sin duda alguna una de las obras cumbre de la literatura espiritual católica sobre el abandono en la Divina Providencia.

Para entender la fuerza de esta oración, es necesario comprender contra qué luchaba en su época. En el siglo XVII, Europa estaba fuertemente influenciada por el jansenismo, una corriente rigorista surgida dentro de la Iglesia, que proponía un Dios rigurosamente severo, justiciero, casi inalcanzable, y ponía un énfasis obsesivo en la indignidad humana y el miedo al infierno.

Frente a esa atmósfera de angustia espiritual, San Claudio escribe este texto como un bálsamo, si se quiere así entender. El mensaje central es: Dios no es un juez, que cual cazador está al acecho del pecador, esperando alguna falla para castigarlo o condenarle, sino que por el contrario,  es un Padre en el que se puede descansar confiadamente.


Acto de Confianza
(San Claudio de la Colombière)

Estoy tan convencido, Dios mío, de que velas sobre todos los que esperan en Ti, y de que no puede faltar cosa alguna a quien aguarda de Ti todas las cosas, que he determinado vivir de ahora en adelante sin ningún cuidado, descargando en Ti todas mis solicitudes: «en paz me duermo y al punto descanso, porque tú, Señor, me has afirmado singularmente en la esperanza» (Sal 4,10). Despójenme, en buena hora, los hombres de los bienes y de la honra, prívenme las enfermedades de las fuerzas e instrumentos de serviros; pierda yo por mí mismo vuestra gracia pecando, que no por eso perderé la esperanza; antes la conservaré hasta el último suspiro de mi vida y serán vanos los esfuerzos de todos los demonios del infierno por arrancármela: en paz me duermo y al punto descanso.

Que otros esperen la dicha de sus riquezas o de sus talentos: que descansen otros en la inocencia de su vida, o en la aspereza de su penitencia, o en la multitud de sus buenas obras, o en el fervor de sus oraciones; en cuanto a mí toda mi confianza se funda en mi misma confianza: «Tú, Señor, me has afirmado singularmente en la esperanza» (Sal 4,10). Confianza semejante jamás salió fallida a nadie: «Nadie esperó en el Señor y quedó confundido» (Sir 2,11). Así que seguro estoy de ser eternamente bienaventurado, porque espero firmemente serlo, y porque eres Tú, Dios mío, de quien lo espero: «en Ti, Señor, he esperado; no quedaré avergonzado jamás» (Sal 30,2; 70,1).

Conocer, demasiado conozco que por mí soy frágil y mudable; sé cuánto pueden las tentaciones contra las virtudes más robustas; he visto caer las estrellas del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de eso logra acobardarme. Mientras yo espere, estoy a salvo de toda desgracia; y de que esperaré siempre estoy cierto, porque espero también esta esperanza invariable.

En fin, para mí es seguro que nunca será demasiado lo que espere de Ti, y que nunca tendré menos de lo que hubiere esperado. Por tanto, espero que me sostendrás firme en los riesgos más inminentes y me defenderás en medio de los ataques más furiosos, y harás que mi flaqueza triunfe de los más espantosos enemigos. Espero que Tú me amarás a mí siempre y que te amaré a Ti sin intermisión, y para llegar de un solo vuelo con la esperanza hasta dónde puede llegarse, espero a Ti mismo, de Ti mismo, oh Criador mío, para el tiempo y para la eternidad.

Amén.

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.