
Dulcísimo Jesús humildemente arrodillados a Vuestros pies, renovamos la consagración de nuestra familia a Vuestro Divino Corazón.
Sed siempre nuestro Rey, tenemos puesta en Vos nuestra confianza plena y total.
Que vuestro Espíritu impregne nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras palabras y nuestras obras; bendecid nuestras empresas, participad en nuestras alegrías, en nuestras penas y en nuestros trabajos; concedednos conoceros mejor, amaros más y más, serviros sin desfallecer.
Que de un extremo de la tierra al otro resuene esta exclamación:
Sea siempre amado, bendecido y glorificado en todo lugar el Corazón Triunfante de Jesús.
Amén.



