Agosto: Mes del Inmaculado Corazón de María | Día 30

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Acto de reparación al Inmaculado Corazón de María

(para todos los días)

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.

“Que al Corazón de la Santísima Virgen se le llama con propiedad Corazón admirable, por ser un abismo de maravillas. Que nadie, a excepción de su Hijo Jesús, las conoce perfectamente, ni puede hablar dignamente de ellas”.

Día 30

Aquí tenemos la quinta prerrogativa de este Corazón divino: ser altar santo donde se realiza un grande y perenne sacrificio de todas las pasiones naturales que en el corazón tienen asiento, donde se halla la parte concupiscible del alma junto con la irascible, de que ha dotado Dios al hombre y demás animales para ayudarles y estimularles a odiar, temer, huir, combatir y destruir las cosas que les son contrarias y perjudiciales; y a amar, desear, esperar, buscar y perseguir cuanto les sea conveniente y provechoso.

Estas dos partes o dos pasiones capitales encierran otras once, que vienen a ser otros tantos soldados a las órdenes de dos capitanes, o si preferís, otras tantas armas e instrumentos de que ellos se sirven para los dos fines indicados.

Cinco pertenecen a la parte irascible: la esperanza y la desconfianza, el ardimiento y el temor, y la ira.

Las seis restantes se refieren a la parte concupiscible y son: el amor y el odio, el deseo y la fuga, la alegría y la tristeza.

Tras la rebelión del hombre contra los mandamientos de Dios, las pasiones todas se volvieron contra él, precipitándose en tal desorden que en lugar de quedar sometidas enteramente a la voluntad, reina de todas las facultades anímicas, la hacen corrientemente esclava suya; y en vez de ser centinelas del corazón, en que moran, y conservar la paz y tranquilidad, son de ordinario tan viles verdugos que llegan a dilacerarle y llenarle de turbación y guerra.

No ocurre así con las pasiones del Corazón de la Reina de los Ángeles, siempre sometidas a la razón y a la divina voluntad, que dominaba soberanamente sobre todas las partes de su Cuerpo y Alma.

Y, si fueron deificadas estas mismas pasiones en el Corazón divino de Nuestro Señor Jesucristo, también fueron santificadas en eminente modo en el Corazón de su Preciosísima Madre. Tanto más cuanto que el sagrado fuego del divino amor que ardía día y noche en el horno ardiente de este Corazón virginal, ha sido de tal forma purificado, consumido y transformado en sí mismo a las antedichas pasiones que, como dicho celeste fuego, no tenía otro objeto que a sólo Dios, hacia el cual se abalanzaba incesantemente con un ardor y una impetuosidad sin igual; en la misma forma tales pasiones estaban siempre orientadas hacia Dios, ni se ocupaban más que en Dios, ni eran empleadas más que para servicio de Dios, que las poseía, invadía, las animaba y abrasaba maravillosamente, haciendo de ellas un perenne sacrificio a la Santísima Trinidad.

¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!

Refugio de pecadores, rogad por nosotros.

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

Deprecaciones para todos los días

Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor.
Avemaría.

Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo.
Avemaría.

Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error.
Avemaría.

Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos.
Avemaría.

Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea.
Avemaría.

Oración Final para todos los días

Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.