Con el fallecimiento del papa Francisco, concluye una etapa marcada tristemente por sombras en la historia reciente de la Iglesia Católica. Su pontificado, sin duda, dejó huella: fue un tiempo de profundas tensiones, reformas intentadas y controversias doctrinales que generaron tanto adhesiones como desconciertos, incluso entre los fieles más cercanos al corazón de la Iglesia.
A lo largo de su papado, Jorge Mario Bergoglio enfrentó críticas severas por ciertas posturas magisteriales y frases ambiguas que, en no pocas ocasiones, lo colocaron en el centro del debate teológico y pastoral. No obstante, también mostró una sensibilidad particular por los más pobres, los marginados y los excluidos, impulsando una Iglesia “en salida”, cercana a las periferias.
Sabemos sin embargo, que ante el misterio de la muerte no hay espacio mas que para el juicio definitivo. Hoy, más allá de toda evaluación humana, se impone el silencio reverente, la oración y la esperanza. Que el Señor, justo y misericordioso, reciba a su siervo con compasión. Que nuestras súplicas acompañen su alma en este último tramo del camino.
Que nuestras oraciones por el descanso eterno de su alma se unan a las vuestras.
Requiescat in pace.
Que Dios se apiade de su alma.
