De cómo San José auxilió a Santa Teresa y sus hijas


En algunos pasajes de la autobiografía de Santa Teresa de Jesús, la insigne mística ensalza el patrocinio de San José y los favores que había recibido ella del glorioso Patriarca.

Es importante añadir a lo que allí se cuenta el siguiente caso que escribe Fray Diego de Yepes en el libro 2°, caps. 27, de su vida de la Santa Carmelita.

Dice, pues, que, caminando la Santa por las faldas de los montes de Sierra Morena, acompañada de algunas monjas hijas suyas, que iban a fundar un convento en un pueblo llamado Veas, erraron el camino, y saliéndose del real tomaron por otro, y poco a poco, sin reparar en el peligro, se fueron entrando en unos despeñaderos altísimos y profundísimos, donde se vieron en riesgo manifiesto de la vida, sin saber por dónde salir ni atrás ni adelante.

Viendo la Santa a sus hijas en tan grande aflicción, les dijo con gran confianza:

— Ea, hijas mías, aquí no tenemos remedio humano; acudamos al divino, tomando por patrón e intercesor al glorioso Patriarca San José, que no puede faltarnos su amparo y patrocinio.

Y para que se viese su eficacia, luego al punto se oyó una voz por entre aquellos temerosos precipicios, que les causó grande gozo y alegría.

Oyeron decir: Deteneos, no paséis adelante ni os meneéis un paso, que os despeñaréis sin remedio.

Preguntaron que ¿qué harían para salir de aquel peligro?

Señalóles una vereda menos peligrosa, diciéndoles que fuesen muy poco a poco y con grande tiento por ella, y se apeasen de las carrozas en que iban.

Hiciéronlo así, hallándose milagrosamente libres del peligro.

Quisieron dar las gracias a su bienhechor, y no le hallaron, que ya se había desaparecido.

Buscáronle los carroceros con gran diligencia, bajando hasta lo más profundo del valle; pero volviéndose la Santa a sus hijas, los ojos llenos de devotas lágrimas, les descubrió a su bienhechor, diciéndoles quién era.

— En vano se cansan nuestros carroceros buscando a nuestro benigno y liberal intercesor, porque fue nuestro Patrón San José, y dejándonos ya en camino seguro, se ha vuelto al cielo.

Así lo mostró el efecto, que no bastó ninguna diligencia para que hallasen algún rastro. Y reconociendo todos el singular beneficio, dieron las gracias a Dios y a San José, prosiguiendo alegres su camino.

Proyecto Emaús