Cuarto Domingo de Pascua


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Empieza la epístola diciéndonos que de el Cielo nos ha de venir todo don. Jesús en el Evangelio, nos dice que se va al Cielo. Al Cielo hemos de ir también nosotros, después de esta vida caduca.

Penetrémonos bien del sentido de la primera oración, una de las más hermosas de la Iglesia, en  la que se nos hace ver la unidad que ha de reinar entre todos los que hemos de cumplir la voluntad de Dios y confiar en las divinas promesas; que pasa todo lo de esta tierra, que hemos de aspirar a la verdadera felicidad que está en el Cielo.

Que triste es que los fieles de hoy, piensen tan poco en estas grandes verdades.

Epístola

(Del Apóstol Santiago (I, 17-21):

Carísimos: Toda dádiva preciosa y todo don perfecto de arriba viene, como que desciende del Padre de las luces, en quien no es posible cambio de parecer ni asomo de veleidad. Porque libre y voluntariamente nos ha Él engendrado con la palabra de la verdad para que seamos como primicias de sus nuevas criaturas. Bien lo sabéis vosotros, hermanos míos muy queridos. Por lo tanto, sea todo hombre pronto para escuchar, pero tardo para hablar, y refrenado en la ira. Porque la ira del hombre no se aviene con la justicia de Dios. Por lo cual, repudiando toda inmundicia y exceso vicioso, recibid con docilidad, la divina palabra que ha sido como ingerida en vosotros, y que es la que puede salvar vuestras almas.

Evangelio

(San Juan, XVI, 5-14):

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Yo me voy a Aquel que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Mas porque les he dicho estas cosas vuestro corazón se ha llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque sino me fuere, no vendrá a vosotros el Consolador; mas si me fuere, yo os lo enviaré. Y cuando venga, argüirá al mundo de pecado, de justicia, y de juicio. De pecado, porque no han creído en mí, de justicia, porque yo me voy al Padre, y ya no me veréis, y de juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Aún tengo otras muchas cosas que deciros; más por ahora, no podéis soportarlas. Cuando empero, venga aquel Espíritu de verdad, Él os enseñará toda la verdad. Porque no hablará de por sí, sino que dirá las cosas que haya oído, y os anunciará las venideras. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará .