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Cuidado con las supersticiones de año nuevo

Publicado el 31 de diciembre de 2024

Actualizado el 16 de abril de 2025

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El sacerdote exorcista de la Diócesis de Lamego (Portugal), P. Duarte Lara, ha lanzado una importante advertencia acerca de las prácticas supersticiosas que muchas personas realizan al inicio del año, como comer uvas, vestirse de amarillo o realizar otros rituales para «atraer suerte». Según explicó, estas acciones no son inocentes, sino que constituyen un pecado contra la virtud de la religión.

En una entrevista concedida a ACI Digital, el P. Lara señaló que el pecado de superstición puede considerarse como una especie de “adulterio espiritual”, ya que implica buscar la salvación o el bienestar en fuerzas que no provienen de Dios. «El diablo se aprovecha de esta brecha», advirtió, enfatizando el peligro espiritual que estas prácticas pueden acarrear.

El sacerdote recordó que la Iglesia Católica ofrece formas auténticas y llenas de gracia para comenzar el Año Nuevo, como la posibilidad de obtener una indulgencia plenaria al rezar el Te Deum el último día del año. «Esto es algo muy bueno que podemos hacer en la víspera de Año Nuevo, terminar el año dando gracias a Dios», destacó.

Superstición: Un vicio contra la virtud de la religión

El P. Lara explicó que, desde un punto de vista teológico, la superstición es un vicio moral, opuesto a la virtud de la religión. Mientras que la religión ordena nuestra voluntad para darle a Dios el culto que le corresponde, la superstición deifica algo creado, dándole un lugar que pertenece únicamente a Dios.

El sacerdote indicó que existen dos grandes vicios que se oponen a la virtud de la religión: la irreligión y la superstición. La irreligión se manifiesta en la falta de veneración hacia lo sagrado, ya sea hacia lugares, objetos o tiempos santos, como los días de precepto. La superstición, por su parte, consiste en atribuir poder divino a algo que no es Dios, como objetos, rituales o fuentes de conocimiento no reveladas por Él.

La superstición, explicó, puede dividirse en tres formas principales:

  1. Idolatría:
    Deificar algo que no es Dios, como el dinero, el éxito, la salud o el trabajo. El P. Lara lamentó que muchas personas convierten estas cosas en sus “dioses”, olvidando que solo Dios puede satisfacer plenamente el corazón humano.
  2. Adivinación:
    Buscar conocimiento de fuentes ajenas a Dios, como horóscopos, cartas, lectura de manos o invocación de los muertos. «Esto implica poner mi confianza en una fuente que no proviene de Dios«, explicó. Incluso el demonio, aclaró, no conoce el futuro, aunque puede prever escenarios probables o causar ciertos eventos, engañando así a las personas.
  3. Magia:
    Recurrir a fuerzas creadas para intentar obtener un efecto determinado, ya sea para el bien o para el mal. En este último caso, como en la magia negra, se agrava al ser también un pecado contra la caridad y la justicia.

¿Por qué las personas recurren a la superstición?

El P. Lara señaló que las motivaciones detrás de estas prácticas pueden variar. Algunas personas creen sinceramente en su eficacia, mientras que otras lo hacen como una “broma” o por presión social. Sin embargo, en todos los casos, estas acciones son un pecado, ya que revelan una falta de claridad en el corazón sobre la primacía de Dios y el deber de darle culto exclusivo. Además, este comportamiento puede causar escándalo, alentando a otros a participar en estas prácticas.

El sacerdote subrayó que la superstición es como un “virus” espiritual que abre puertas al mal. «Quien empieza con pequeñas supersticiones, como comer uvas o saltar olas, a menudo acaba recurriendo a otras prácticas como la lectura de horóscopos o consultas con adivinos«, explicó. Este comportamiento, añadió, es un síntoma de una fe débil y de un conocimiento insuficiente de la Palabra de Dios.

Un llamado a la comunión con Dios

El P. Lara recordó que, aunque es natural desear salud, paz, amor y prosperidad para el Año Nuevo, estas cosas, aunque buenas, no son lo más importante. «Jesús nos enseñó que lo esencial en esta vida es vivir en comunión con Dios, estar en gracia y ser amigos de Él», afirmó.

El sacerdote instó a los fieles a comenzar el año renovando su fe y su confianza en el Señor, alejándose de cualquier práctica que desvíe el corazón de Dios.  El sacerdote advirtió también que “cuando dejo de poner mi esperanza de salvación en Dios y la pongo en otra fuerza sobrenatural, eso es peligroso y el diablo se aprovecha de mi apertura”.

Como ejemplo, citó el caso de una joven que decía ser católica, pero que no practicaba. Cuando su padre murió, ella fue a ver a los adivinos para ver si estaba bien. “Ese tipo de curiosidad abre la puerta. Fue una fase de su vida en la que se involucró cada vez más con lo oculto, primero con algo que se sentía bien. Se involucró y luego fue necesario el exorcismo”, lamentó.

El sacerdote indicó que esto “expresa lo que llevamos en el corazón, la idea que tenemos de la felicidad”, que, si bien “son cosas muy buenas”, no son “lo más importante”. “Jesús enseñó que lo más importante en nuestra vida en esta tierra es nuestra comunión con Dios, es vivir en la gracia de Dios, es ser amigo de Dios”, agregó.

Finalizó animando a los católicos a aprovechar los medios ofrecidos por la Iglesia, como la oración, los sacramentos y la devoción al Te Deum, para cerrar el año con gratitud y abrirse a las bendiciones del próximo.

Publicado originalmente en ACI Digital.

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