18 de Noviembre: Dedicaciones de las Basilicas de San Pedro y San Pablo


Dedicaciones de las Basilicas de San Pedro y San Pablo

Así como el 9 de noviembre la Iglesia de occidente conmemora la dedicación de la archibasílica de San Juan de Letrán y, el 5 de agosto la de Santa María la Mayor, en la fecha de hoy celebra la dedicación de las otras dos grandes basílicas patriarcales de Roma, en conjunto, a San Pedro y San Pablo. La sangre de los mártires ha corrido en múltiples sitios, pero ninguno más venerable que la parte de la colina Vaticana consagrada por la sangre del Príncipe de los Apóstoles y enriquecida con sus reliquias. San Juan Crisóstomo dice:

«Los sepulcros de los siervos de Cristo crucificado son más importantes que los palacios de los reyes, no por la grandeza y belleza de los edificios (aunque también en esto los superan algunas veces), sino por otras causas de mayor peso, como por ejemplo, la multitud de los que acuden a ellos con gozo y devoción.

Porque el propio emperador visita las tumbas de los mártires, vestido de púrpura, las besa postrado humildemente por tierra y pide a los santos que intercedan por él. El hombre que ciñe la corona, considera como una gracia muy grande que un fabricante de tiendas y un pescador, ya difuntos, sean sus protectores y defensores y pide esas gracias con gran empeño.»

Según la tradición, el martirio de San Pedro tuvo lugar en los jardines de Nerón, en el Vaticano donde se construyó el circo de Calígula y, se afirma que fue sepultado cerca de ahí. Algunos autores sostienen que, el año 258, se trasladaron temporalmente las reliquias de San Pedro y San Pablo a una catacumba poco conocida, llamada catacumba de San Sebastián, con objeto de evitar una profanación.

Como quiera que haya sido, las reliquias volvieron más tarde al sitio en que se hallaban antes y, el año 323, el emperador Constantino empezó a construir la basílica de San Pedro sobre el supuesto sepulcro del Apóstol. Esa magnífica iglesia permaneció sustancialmente idéntica durante dos siglos. Poco a poco fueron erigiéndose junto a ella, al pie de la colina Vaticana, varios edificios que pertenecían a los Papas. Ahí establecieron su residencia los Romanos Pontífices después del destierro de Aviñón.

A mediados del siglo XV, la antigua basílica empezó a resultar insuficiente. En 1506, el Papa Julio II inauguró la nueva basílica proyectada por Bramante. La construcción duró ciento veinte años. El proyecto original sufrió considerables modificaciones, debidas a varios Papas y arquitectos, especialmente a Paulo V y a Miguel Ángel. La nueva basílica de San Pedro, tal como se ve hoy, fue consagrada por Urbano VIII el 18 de noviembre de 1626, aniversario del día de la primera dedicación.

El altar mayor está construido sobre el sepulcro de San Pedro, redescubierto en 1942. Aunque la basílica de San Pedro es inferior en dignidad a la de San Juan de Letrán, ha sido siempre la iglesia más importante de la cristiandad, tanto de hecho como en el corazón de los católicos. El martirio de San Pablo tuvo lugar a unos once kilómetros del de San Pedro, en Aquae Salviae (actualmente Tre Fontane), en la Vía Ostiense.

El cadáver fue sepultado a tres kilómetros de ahí, en la propiedad de una dama llamada Lucina, dentro de una reducida bóveda sepulcral. Según cuenta Eusebio (Hist. Eccl., n, 25, 7), un sacerdote romano llamado Cayo decía refiriéndose a las tumbas de San Pedro y San Pablo:

«Yo puedo mostraros los trofeos (sepulcros) de los Apóstoles. Si vais al Vaticano o por el camino de Ostia, veréis los trofeos de los fundadores de esta iglesia.»

Se dice que Constantino empezó también a construir una basílica sobre el sepulcro de San Pablo. Sin embargo, la gran iglesia de San Pablo Extramuros fue construida principalmente por el emperador Teodosío I y el Papa San León Magno. Dicha iglesia conservó su belleza y simplicidad originales hasta 1823, año en que fue consumida por un incendio. Los cristianos y no cristianos del mundo entero contribuyeron a cubrir los gastos de la reconstrucción.

En el curso de los trabajos, se descubrió una tumba del siglo IV con la siguiente inscripción: «Paulo Apost. Mart.» («A Pablo, Apóstol y mártir») ; pero no se abrió el sepulcro. La nueva basílica, que es una imitación de la antigua, fue consagrada por el Papa Pío IX el 10 de diciembre de 1854, pero, como lo hace notar el Martirologio Romano, se fijó la fecha de hoy para la conmemoración.

San Agustín dice:

«No construimos iglesias ni consagramos sacerdotes, no hacemos ritos ni sacrificios a los mártires, porque nuestro Dios es el Dios de los mártires y no los mártires mismos. Ninguno de los fieles ha oído jamás a un sacerdote decir ante el altar erigido sobre el cuerpo de un mártir para honrar y adorar a Dios: ‘Te ofrecemos sacrificios a ti, Pedro, o Pablo, o Cipriano . . .’ Nosotros no construimos iglesias a los mártires como si fuesen dioses. Las iglesias son simplemente recuerdos de aquellos que ya murieron y cuyas almas viven con Dios. Y no erigimos los altares para ofrecer sacrificios a los mártires, sino a su Dios y nuestro Dios.»

Transmisión en vivo desde el Santuario de Nuestra Señora de Fátima En Directo
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