Práctica de la devoción al Castísimo Patriarca Señor San José, extraída del Devocionario en favor de las benditas animas del purgatorio, escrito por el R.P Antonio Donnadoni.
DEVOCIÓN
Al Castísimo Patriarca
Señor San José
Oración al Eterno Padre
Hecho el acto de contrición se dirá lo siguiente:
Todopoderoso y Eterno Dios, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que atendiendo al bien de los hombres determinásteis que vuestro unigénito Hijo se hiciese Hombre en las virginales entrañas de María Santísima por la virtud de vuestro soberano Espíritu, y con altísima providencia elegísteis entre todos los santos al Señor San José, para que fuese verdadero esposo de la Madre Virgen y haciendo de legítimo Padre los oficios, educase al Hijo de Dios, para cuyo fin le enriquecísteis con los abundantes tesoros de la gracia, y ahora le tenéis en el Cielo sobre un eminentísimo trono de gloria: siendo este Santo felicísimo mi especial abogado, os suplico que me atienda vuestra inmensa bondad como a cosa suya y recibiendo los afectos con que lo reconoce mi devoción, uséis conmigo la misericordia, perdonándome mis culpas, y dirigiendo mis pasos al fin de una muerte preciosa a vuestros divinos ojos, que sea principio de la bienaventuranza. Amén.
Aquí se rezan siete Padrenuestros y Avemarías en honor de sus dolores y gozos y después la siguiente oración:
Oración
Poderosísimo Patrón del linaje humano, amparo de los pecadores, seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados; José gloriosísimo, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio y mi alma sin duda ha de agonizar terriblemente acongojada con la formidable representación de mi vida y mis muchas culpas; el paso a la eternidad me ha de ser sumamente espantoso; el demonio, el común enemigo, me ha de combatir terriblemente con todo el poder del Infierno, a fin de que yo pierda a Dios eternamente; mis fuerzas en lo natural, han de ser ningunas; yo no he de tener en lo humano quien me ayude; desde ahora para entonces te invoco Padre mío; a tu Patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance, para que hoy no falte en la fe, en la esperanza y en la caridad. Cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu Esposa y mi Señora ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a combatir tu espíritu; por estos favores y por los que en esta vida te hicieron, te pido, José gloriosísimo, ahuyentes a mis enemigos y que acabe yo la vida en paz, y la acabe amando a Jesús y a María y a ti, José del alma mía. Amén.
