Práctica de la devoción de los tres credos a la Santísima Trinidad, pidiendo una buena muerte y que nos libre de todos los males, extraída del Devocionario en favor de las benditas animas del purgatorio por el R.P Antonio Donnadoni.
TRES CREDOS
A LA
Santísima Trinidad
PIDIENDO UNA BUENA MUERTE
Y QUE NOS LIBRE DE LOS MALES
Dios y Supremo Señor, Rey de los Cielos y Tierra, del hambre, la peste y la guerra, líbradnos por vuestro amor.
A Dios Padre
Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.
Suplícote, Dios Padre, me libres de muerte súbita y desapercibida y de pecado mortal; haz que sea auxiliado con los Santos Sacramentos y buena disposición.
A Dios Hijo
Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.
Suplícote, Dios Hijo, Criador y Redentor mío que, pues eres mi Juez, ordenes mi vida de manera que te dé buena cuenta cuando me la pidas.
A Dios Espíritu Santo
Creo en Dios Padre Todopoderoso, etc.
Suplícote, Dios Espíritu Santo, me des gracia santificante hasta la muerte y me libres de las penas del Infierno. Amén.
Dios Padre, yo te ofrezco mis pensamientos buenos: haz que todos los sean. Dios Espíritu Santo, yo te ofrezco mis obras buenas: haz que todas lo sean. Bendita y alabada se la Santísima Trinidad, que crió a María Santísima para tanto bien y remedio nuestro. Amén.
Ofrecimiento
Altísima Trinidad, Dios y Señor mío, conozco que nada soy, que nada tengo, ni me es posible tener; sólo lo que tu Divina Majestad me ha dado y quiera concederme. De todo te doy infinitas gracias y alabanzas, y me ofrezco todo tuyo y por tu esclavo ahora y siempre, sometiéndome para estar a tu voluntad santísima en esta vida, hasta ir a cantar tus misericordias en la Gloria.
Un Avemaría por las personas que mandaron hacer esta impresión.
Oración a la Divina Providencia
¡Tuyo soy, oh Dios mío, tuyo soy! Yo me arrojo a tus brazos, dispón de mí según tu voluntad. Haz de mí todo aquello que quieras; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Si es de tu agrado enviarme prosperidades, yo las recibiré agradecido y usaré de ellas como de unos dones venidos de tus manos; si prefieres que pase mis días y mis noches en la amargura de la adversidad, enhorabuena, yo te bendeciré porque así me visitas. Si me concedes ser estimado de los hombres, yo te daré gracias,
porque has conservado mi honor, cubriendo mis flaquezas; si por el contrario, dispones que ellos me aborrezcan, yo te ensalzaré por la dicha que me otorgas de parecerme a tu Santísimo Hijo, a quien profesó el mundo el odio más cruel.
¿Qué temeré yo por nada ni por nadie, si Tú eres mi ayuda? ¿Ni cómo podrá asustarme la presencia del mal estando mi corazón lleno de Ti, que eres el sumo bien? Mas no sólo deseo conformarme con lo que quieras, sino acostumbrarme también a no considerar a las criaturas sino como unos instrumentos de tus disposiciones. Así yo, lejos de pretender algún mal a los que me dañan, los recomiendo a tu piedad y los perdono. No quiero que haya en mi alma un solo afecto que pueda disgustarte, ni un solo pensamiento que desdiga de la dichosa convicción en que estoy de que debo descansar con toda confianza en tu Divina Providencia. Amén.
Tu Divina Providencia Se extiende a cada momento, para que nunca nos falte casa, vestido y sustento.



