Hay en el mundo un genio maléfico, sembrador de cizaña, trastornador del orden social, y provocador maldito de llantos y miserias. El Evangelio le llama “MALO” y “ENEMIGO”; su nombre ordinario es “DEMONIO”.
Un odio implacable le consume las entrañas: odio a DIOS, porque es fuente de todo bien, y odio al hombre porque, después de los ángeles, en cuyo número está él, es él la más bella obra de DIOS.
Contraponiéndoles a los de CRISTO, envía también el demonio al mundo sus apóstoles, sus predicadores, sus profetas, sus taumaturgos, y sus locuaces doctores, para sembrar la cizaña de la discordia, para reducir a los incautos con el sofisma, con la ilusión, con la mentira, con sortilegios y apariencias de milagro, con todas las ambiguas prácticas del ocultismo, del espiritismo y del satanismo. Sin embargo, no hay que temer: DIOS ESTÁ CON NOSOTROS y EL ÁNGEL BUENO NOS DEFIENDE. VIGILEMOS y NO NOS DEJEMOS SORPRENDER, PORQUE EL DEMONIO EXISTE EN VERDAD.
