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Dios Recompensa a los que Muestran Celo por su Gloria

Publicado el 31 de julio de 2022

Actualizado el 15 de abril de 2025

Archivado en: Píldoras de Fe

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Hoy encontramos muchas personas, a menudo siguiendo la dirección espiritual de los sacerdotes, cuya principal preocupación es su vida y práctica espiritual personal. A menudo sus vidas de devoción se vuelven tan intensas que ignoran la gran crisis de la Iglesia y el peligro que sus errores presentan para tantas almas que caen en las diversas herejías engendradas por el Concilio Vaticano II. «Debo preocuparme primero por mi propia alma y llegar al Cielo», es la excusa que dan para no entrar en la lucha.

Con su típica magnanimidad de alma y espíritu guerrero, San Ignacio da otra respuesta, que encuentras a continuación.

San Ignacio  de Loyola estaba tan imbuido de caridad hacia su prójimo, que solía decir:

«Si estuviera a punto de morir, y me dieran la seguridad de que entraría inmediatamente en posesión de la eterna felicidad del Cielo, y si Dios me pidiera que me quedara en la tierra algunos años más a riesgo de mi salvación para ganar almas para Él, de buena gana consentiría en quedarme”.

Al oír estas palabras un día, un crítico piadoso le comentó que consideraba tal cosa de lo más imprudente, pues  ponía en riesgo a su propia alma por salvar las almas de los demás. «Porque», agregó, «en un asunto tan importante, la caridad hacia nosotros mismos requiere que miremos a nuestros propios intereses eternos en primer lugar antes que a los de nuestro prójimo».

El Santo, inspirado por su gran celo por la salvación de las almas y lleno de confianza en Dios, respondió:

«¿Es Dios acaso un tirano, o es tan indiferente al bienestar de quien ve ponerse en peligro por la promoción de Su gloria al esforzarse por salvar las almas por las que Su Divino Hijo murió, ¿que Él condenaría a tal persona al fuego del infierno? ¡Oh, no! Tal pensamiento sería repugnante a la bondad y misericordia de Dios».

Cordero de Dios

 

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.