Siente un supremo amor, por uno a quien jamás ha visto, habla familiarmente cada día con alguien a quien no puede ver, (1 Pe. 1, 8), espera ir al cielo por la virtud de otro (Rom. 4, 25), se vacía a sí mismo a fin de que lo llenen, admite que es culpable para que lo declaren justo (Rom 4, 1-5).
Baja a fin de subir, es mas fuerte cuanto mas débil sea, mas rico cuanto mas pobre es, mas feliz cuando peor se siente (2 Cor 12,10).
Lo entrega todo a cambio de nada (Lc. 18, 28-30), se desprende de todo y se gasta a sí mismo por los demás, aunque nunca sea correspondido por ellos (2 Cor. 12, 15).
Renuncia a los aplausos, a las primeras filas y a los tratos preferenciales y lugares de honor (Lc. 22, 24-27); no tiene temor de humillarse y hace amistad e intíma con los despreciados y miserables de este mundo (Mt. 9, 9-11b).
Muere para poder vivir, abandona a fin de poseer, Regala para poder guardar (Jn. 12, 24). Ve lo invisible, oye lo inaudible y conoce aquello que sobrepasa todo entendimiento.
¿Eres tú uno de ellos?
No se puede ser discípulo sin seguir al Maestro y, sin vivir lo que ÉL vivió y pasar por lo que ÉL pasó. ¡¡¡No podemos vivir la Pascua sin pasar por la Cruz!!! (Lc. 14, 27; Jn. 15, 18-21).
No podemos llamarnos cristianos sí vivimos acomodados a este mundo. Sí no juntamos con ÉL, entonces estamos desparramando (Lc. 11, 23).
Querido hermano: sí no eres un Tipo Raro, como ÉL, entonces lamento decirte que estás jugando a la Religión y que no pasas de ser un cristiano tibio:
“Ojalá fueses frío o caliente, pero por cuanto eres tibio, y no frío o caliente, entonces te vomitaré de mí boca”
-(Ap. 3.15-20)
Tomado de “Tesoros nuevos y viejos” por el padre Carlos García cjm.
