El escapulario verde del Inmaculado Corazón de María


El escapulario verde del Inmaculado Corazón de María

El escapulario verde del Inmaculado Corazón de María fue aprobado en 1870 por el papa Pio IX y se emplea con el fin de obtener la salud y la conversión de los pecadores

Desde el Génesis se ha entablado una lucha entre la serpiente infernal y la Santísima Virgen María por la gloria de Dios y la salvación de las almas.

La voluntad salvífica de Dios es universal: Dios quiere que todos los hombres se salven. Y entre los medios establecidos por su sabiduría y misericordia para salvar las almas uno de los más importantes es la devoción a la Inmaculada Madre de su Hijo.

La bondad y el poder de esta Buena Madre son inmensos cuando se trata de salvar a sus hijos. Ahora bien, entre éstos ocupan un lugar especial los pecadores; Ella es Refugio de los pecadores.

El Escapulario Verde es un sacramental que la Santísima Virgen nos entregó por medio de Sor Justine Bisqueyburu, contemporánea de Santa Catalina Labouré (a quien la Virgen le entregó la Medalla Milagrosa en 1830). Ambas son Hijas de la Caridad. Sor Justina fue muy favorecida por la Santísima Virgen con varias apariciones y murió en olor de santidad en el año 1903. Las dos apariciones tuvieron lugar en la Capilla del Convento Superior de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de la Rue Du Bac, en París.

Capilla de las apariciones de Rue Du Bac.

La Hermana Justine Bisqueyburu

La Hermana Justine Bisqueyburu nació el 11 de noviembre de 1817, en el pueblo de Mauleon, en los Bajos Pirineos de Francia. Pasó sus primeros años con la hermana de su madre. Su vida en ese momento era simple, como la de cualquier niña de su edad.

Cuando cumplió los 22 años, Justina se unió a las Hermanas de Caridad de San Vicente de Paul, una Orden muy popular y extendida en Francia en ese momento, y fundada en los grandes principios de espiritualidad y caridad del gran ‘Monseñor Vicente’, que era como a él se le refería. El Monasterio de la Orden estaba en la Rue du Bac, en París, una calle bulliciosa en el corazón del sector comercial de la ciudad. Poco después de su llegada al Monasterio, Justina comenzó a experimentar gracias místicas y manifestaciones sobrenaturales.

El 28 de enero de 1840, durante su retiro de noviciado, estando orando en silencio en la Capilla del convento, se le apareció la Santísima Virgen María. La Madre de Dios tenía un vestido largo de seda blanca dejando al descubierto sus pies. Encima del vestido tenía un manto del más pálido azul. Su cabello caía suavemente sobre sus hombros y no estaba cubierto por un velo. La Hermana observó que las manos de la Santísima Virgen estaban dobladas hacia su pecho y sosteniendo el Inmaculado Corazón, del cual salían llamas resplandecientes. La Madre de Dios no dijo nada.

Esta visión se repitió al final del retiro de la Hermana Justina y en otras cinco ocasiones durante el curso de su noviciado en el monasterio. En cada ocasión, la Santísima Virgen no decía nada y los detalles de cada visión eran idénticos.

Después de formular sus primeros votos, la religiosa Justina fue enviada al pueblo de Blangy, para trabajar allí con las Hermanas de su Orden. Al poco tiempo, las Hermanas se reunieron para celebrar el Nacimiento de la Santísima Virgen María.

Ese día, encontrándose en oración meditando la celebración, la Hermana Justina tuvo de repente una nueva visión, pero esta vez, diferente a las ocasiones anteriores. La Santísima Virgen también vestía una larga túnica blanca, cubierta por un manto azul pálido, y en sus manos sostenía su Inmaculado Corazón, resplandeciente con intensas y deslumbrantes llamas que salían de él, pero tenía algo diferente: en su mano izquierda sostenía lo que parecía ser un Escapulario o insignia de alguna clase.

A diferencia de otros Escapularios, este tenía un sólo cuadrado de tela en lugar de los dos usuales. El cuadrado de tela estaba atado con cordones verdes. En él, se veía una imagen de la Virgen tal como se le había aparecido a la Hermana Justina en sus anteriores visiones, sosteniendo en su mano derecha su Inmaculado Corazón. Al dar vuelta la imagen, la Hermana vio “un Corazón ardiendo con rayos más deslumbrantes que el sol y tan transparente como el cristal.” El Corazón estaba perforado por una espada y rodeado por una oración en forma oval, y en la parte superior de óvalo, una Cruz de oro. En la oración se leía:

“Inmaculado Corazón de María, rogad por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Durante esta visión se le dio a conocer por una revelación interior el significado de esta aparición. La Santísima Virgen nos hacía entrega de un nuevo medio para alcanzar gracias: el Escapulario del Inmaculado Corazón. Este escapulario sería un poderoso instrumento para la conversión de almas, particularmente aquellas que no tienen fe, y que por medio de él, la Santísima Virgen obtendría para ellas, mediante su Hijo, la gracia de una buena muerte.

Se le hizo también saber a la religiosa el deseo de la Madre de Dios de que el Escapulario fuese propagado por todas partes para que estas gracias particulares lleguen a todas las almas que abracen esta devoción.

En apariciones subsiguientes la Virgen se apareció de la misma forma, insistiendo en que se propagara la devoción a este Escapulario.

Finalmente, los Escapularios se empezaron a fabricar y a ser distribuidos por las Hermanas en París, luego por toda Francia y fuera de ella. Con este fin, las Hermanas habían recibido la aprobación formal y el impulso necesario de Su Santidad, Papa Pío IX, en 1870. En una oportunidad dijo: «Es una bella y pía imagen». Y cuando le pidieron permiso para estamparlo y repartirlo, respondió: «Concedo para esto todos los permisos. Escribid a esas buenas Hermanas que las autorizo a confeccionarlo y distribuirlo».

Por su parte, el Papa Pío XI lo tenía en su escritorio de trabajo, junto a la Medalla Milagrosa.

El fin específico de este Escapulario

Estimado lector, es la misma Santísima Virgen María quien habla del «influjo benéfico» del Escapulario Verde de su Corazón Inmaculado. En nuestro combate por instaurar todas las cosas en María a fin de que sean instauradas en Cristo, ¿qué mayor influjo benéfico podemos desear para un alma que su retorno a Dios, a la vida de la gracia y una buena muerte para ella, fin primordial del uso del Escapulario Verde?

El fin específico de este Escapulario es la invitación a orar, a recurrir al Inmaculado Corazón de María con confianza y pedir, sobre todo, por los pecadores. Hay que recitar, dijo Sor Justine, por lo menos una vez al día la jaculatoria del reverso.

Este Escapulario ha sido dado por Nuestra Señora, particularmente como un don para los enfermos. Se le puede poner en sus ropas, en su cama o en su habitación. Si la persona a quien se le aplica no dijera la jaculatoria, el que le haya proporcionado el Escapulario puede decirla por el enfermo. Los prodigios que ha producido atestiguan la bendición y el cumplimiento de la promesa de la Virgen a todos los que lo lleven y digan la jaculatoria:

“Hará grandes conversiones, particularmente para alcanzar la buena muerte a los pecadores y a los que no tienen fe”.

El Escapulario Verde no requiere ninguna fórmula particular de investidura sino sólo la bendición de algún sacerdote católico.

Mientras continúas el combate cotidiano en favor del Reino de María, con el rezo diario del Santísimo Rosario y el uso de los Sacramentales que nos entregó Nuestra Madre del Cielo, distribuye también su Escapulario Verde entre los impenitentes que te rodean, y comprobarás como aún Dios renueva sus prodigios y obra maravillas cuando se trata de la conversión de los pecadores.

Si hay alguien en la familia o algún amigo se encuentra alejado de Dios, nuestra Santísima Madre nos dio una forma de convertirles por medio de este escapulario. Ella le dijo sor Justina:

“Esta insignia santa de mi Inmaculado Corazón ha de ser un gran medio para la conversión de almas…”.

Si la persona que nosotros queremos que se beneficie de este Escapulario no quiere llevarlo consigo, este se puede colocar en cualquier sitio de su habitación, y nosotros nos encargamos de rezar diariamente la jaculatoria: “INMACULADO CORAZÓN DE MARIA, ROGAD POR NOSOTROS AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE”.

Finalmente Nuestra Señora nos dice: “Con el uso del Escapulario se obtienen las gracias más grandes, pero éstas vienen en proporción directa con el grado de confianza que el usuario tenga en mi.”

Proyecto Emaús