En la tradición, se ha intentado dar una explicación del por qué el lugar de la crucifixión se llama Gólgota, es decir, «lugar del cráneo». Historiadores, sugieren que el lugar habría recibido su nombre debido a su forma y aspecto.
Algunos autores de la antigüedad, entre ellos Orígenes, basados en los textos bíblicos de San Pablo (quien afirma en Romanos 5:12-21 y 1 Corintios 15:45-49 que si bien es cierto fue Adán quien trajo el pecado y la muerte; fue Cristo el que trajo la gracia y la vida), sostienen que más allá de un mero paralelismo simbólico entre ambos, tiene que existir un sentido más profundo.
Para San Epifanio de Salamina en su obra Penarion, el lugar habría recibido su nombre debido a una razón diferente: Allí se encontraría oculto el cráneo de Adán. De la misma manera, Eusebio de Cesarea (considerado como Padre de la Historia de la Iglesia) y luego otros escritores medievales citan esta creencia de que el Gólgota («Calavera») marcaba el lugar de sepultura de Adán. Así, de esta manera, el lugar de la muerte es también el lugar de la vida restaurada por la Sangre del Divino Redentor.

Cuando llega el momento de la crucifixión, la escena adquiere un sentido completamente cargado de simbolismo. Jesucristo es elevado en la Cruz exactamente sobre el sitio donde descansa el cráneo de Adán.
En la forma más difundida del relato, la sangre que brota de las heridas de Cristo llega a caer directamente sobre ese cráneo enterrado. Sin embargo, esta historia; es necesario precisarlo, no se describe como un detalle histórico comprobable o verificable, sino más bien, como una imagen teológica en la que el primer hombre, origen del pecado y de la muerte, es alcanzado por la sangre del Redentor.

Con el tiempo, esta idea se vuelve tan poderosa que pasa al arte y a la predicación. Por eso, en muchas representaciones de la Crucifixión aparece una calavera al pie de la Cruz.
