El lavatorio de los pies («mandatum» en Latín, que quiere decir «orden» o «mandamiento»), en Oriente, es un gesto que simboliza la hospitalidad. Se proporciona agua para la limpieza y bienestar de los viajeros después de un largo camino. El lavatorio de los pies se describe tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento y se le conoce más universalmente, por el gesto de Jesús para con sus discípulos, a quienes durante la Última Cena (Jueves Santo) les lavó los pies :
«… sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y , tomando una toalla , se la ciñó. Luego echó agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.»
(Jn 13 3-5)
En el caso de Jesucristo, el Lavatorio de los pies, tiene diversas connotaciones, asociadas con la humildad (el Maestro sirviendo a sus discípulos, el Dios que sirve a sus creaturas) y el amor al prójimo sobre uno mismo:
«el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido si no a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
(Mc 10, 43-45).
La costumbre de lavar los pies era muy frecuente entre los antiguos. Cuando los tres ángeles llegaron a casa de Abraham, este patriarca les hizo lavar los pies. También se lavaron los pies a Eliezer y a los que le acompañaban cuando entraron en la casa de Labán y a los hermanos de José, cuando llegaron a Egipto. Esta ceremonia recuerda a los fieles cristianos del servicio hacia los demás.
El Lavatorio de los pies en el Antiguo Testamento
En las Sagradas Escrituras, se hace referencia a dos diferentes tipos de lavatorio de los pies. A Saber: El tradicional y el ceremonial.
1.- El lavatorio de los pies tradicional
Esta era una práctica común en los días de Jesús. Se la menciona por ejemplo incluso en Génesis 18.4 y además en Lucas 7,44, episodio en el que Cristo reprende a Simón de la siguiente manera:
“Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies”
(Lucas 7.44)
2.- El lavatorio de los pies ceremonial
Este tipo de lavatorio de los pies es mencionado en el libro de Éxodo 30, 17-21 y en Éxodo 40, 30-32.
«Habló Yahveh a Moisés, diciendo: Haz una pila de bronce, con su base de bronce, para las abluciones. Colócala entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echa agua en ella, para que Aarón y sus hijos se laven las manos y los pies con su agua. Antes de entrar en la Tienda del Encuentro se han de lavar con agua para que no mueran; también antes de acercarse al altar para el ministerio de quemar los manjares que se abrasan en honor de Yahveh. Se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Este será decreto perpetuo para ellos, para Aarón y su posteridad, de generación en generación.»
(Éxodo 30, 17-21)
En esta primera cita, podemos observar que Dios provee una lista de instrucciones específicas a Aarón y a sus hijos acerca de la ceremonia de purificación que tiene que ver con el lavatorio de las manos y de los pies.
«Situó la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echó en ella agua para las abluciones; Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en ella las manos y los pies. Siempre que entraban en la Tienda del Encuentro y siempre que se acercaban al altar, se lavaban, como Yahveh había mandado a Moisés.»
(Éxodo 40, 30-32)
En esta segunda se refiere a la observancia de este mandamiento.
Jesús explica a los discípulos el lavatorio de los pies
Luego de haber confrontado a Pedro, Nuestro Señor siguió lavando los pies de los discípulos. Habiendo terminado, se sentó y empezó a explicarles lo que había hecho:
«Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. «Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.»
(Juan 13, 12-17)
Y sin embargo nuestra pobre mente, no alcanza a comprender todo el profundo significado de este acto de Nuestro Señor. Señor, ¿venir Tu a mí, pecador? Nunca. Pero tu voz nos habla: “si no voy a ti no tendrás parte Conmigo”. Entonces, repetimos con Pedro: “lávame no sólo los pies, sino las manos también y la cabeza”.
El Lavatorio de los pies | Fuentes
http://www.elcristianismoprimitivo.com/doct39.htm
https://www.aciprensa.com/recursos/lavatorio-de-los-pies-2010
https://es.wikipedia.org/wiki/Lavatorio