Algunas pinturas de este período, sin embargo, muestran al niño Jesús desamparado, presumiblemente pocos momentos después de su nacimiento. Según una tradición, los padres de Jesús se vieron obligados a reutilizar el manto de José, el único paño adicional que tenían a mano, como pañales improvisados. Las pinturas que hallaron inspiracion en esta historia, muestran frecuentemente a José quitándose sus zapatos y medias o que rasga su manto en tiras mientras que María espera cerca. «María, toma mi manto y enrolla a tu querido bebé”, dice José a María, en una pintura de la Natividad del siglo XV de una iglesia en Lezignan.

Morrison explica que las ropas de Jesús se proveyeron «no sólo para mantenerlo caliente o para atarlo en lo que era una imitación de la matriz materna». Sino que tambien sirvieron para demostrar a la vez, que la «encarnación de Cristo es Sagrada (al convertirse en hombre para salvarnos) y profana, pues Él tomó forma en la carne, carne que en nuestro caso, es fuente de suciedad”.
Morrison concluye:» El ser humano debe comer y para ser plenamente humano, Dios debe digerir como un humano lo hace”. Como sostuvo Tertuliano, tomando el asqueroso cuerpo humano, Cristo señala su profunda humildad y compasión. Dios se ha despojado de su omnipotencia; ¿Qué manera más abierta de hacer esto que convertirse en un infante indefenso, frágil, sucio, totalmente dependiente de otros para el alimento, refugio e higiene personal?
Fuentes
https://reliquarian.com/
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.