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Encíclica Custodi di quella Fede

Publicado el 8 de julio de 2026

Actualizado el 17 de julio de 2026

Archivado en: Encíclicas papales

Etiquetas: León XIII, Masonería, Sociedades secretas

23 Minutos de lectura
Retrato del Papa León XIII

Fecha de publicación: 8 de diciembre de 1892

Autor: Su santidad León XIII

Breve resumen: Sobre la masonería. León XIII se dirige al pueblo italiano para denunciar la guerra anticristiana emprendida contra la fe católica, la Iglesia, el Papado, la familia, la educación, la prensa y la vida social. El Papa identifica en la masonería una fuerza enemiga de Dios, de la Iglesia y de la patria, advierte que el cristianismo y la masonería son esencialmente irreconciliables, y exhorta a responder con la oración, la virtud, la prensa católica, las escuelas católicas, las asociaciones cristianas, las obras de caridad y la unidad en torno a la Sede de Pedro.

Nota editorial: La presente traducción española de la epístola Custodi di quella fede ha sido preparada por Proyecto Emaús directamente a partir del texto italiano publicado en la edición histórica Sanctissimi Domini Nostri Leonis Papae XIII Allocutiones, Epistolae, Constitutiones, Aliaque Acta Praecipua, volumen V, Brujas y Lille, 1898, páginas 124-132, actualmente en el dominio público. El texto fue cotejado asimismo con las referencias históricas de los Acta Leonis XIII. No se ha reproducido ninguna traducción moderna del portal de la Santa Sede ni de otras páginas web. Se han ajustado la puntuación y la división de algunos períodos sintácticos para facilitar la lectura contemporánea y su reproducción mediante sistemas de texto a voz, sin modificar el contenido doctrinal. Los subtítulos y la división temática han sido añadidos por Proyecto Emaús y no pertenecen al documento original.


Epístola al pueblo italiano sobre la secta de los masones.

León XIII, papa. Amados hijos:

1. La fe, gloria de Italia y fundamento de la civilización cristiana

Custodios de aquella fe a la cual las naciones cristianas deben su redención moral y civil, faltaríamos a uno de Nuestros deberes supremos si no alzáramos con frecuencia, y muy en alto, la voz contra la guerra impía con que se intenta, amados hijos, arrebataros tan precioso tesoro.

Instruidos ya por una larga y dolorosa experiencia, conocéis bien las terribles pruebas de esta guerra. En vuestro corazón de católicos y de italianos la deploráis profundamente.

En verdad, ¿se puede ser italiano de nombre y de afecto sin indignarse por las ofensas que cada día se hacen a aquellas creencias divinas que constituyen la más hermosa de nuestras glorias; que dieron a Italia la primacía sobre las demás naciones y a Roma el cetro espiritual del mundo; y que, sobre las ruinas del paganismo y de la barbarie, levantaron el admirable edificio de la civilización cristiana?

¿Se puede ser católico de mente y de corazón, y contemplar con ojos secos, precisamente en aquella tierra en cuyo seno Nuestro adorable Redentor se dignó establecer la sede de su reino, cómo se combaten sus doctrinas, se ultraja su culto, se ataca a su Iglesia y se hostiliza a su Vicario?

¿Se puede contemplar sin dolor cómo se pierden tantas almas redimidas con su sangre, y cómo la porción más escogida de su grey, un pueblo que durante diecinueve siglos le ha sido siempre fiel, queda expuesta al peligro continuo e inmediato de apostatar de la fe y es empujada por un camino de errores y vicios, de miserias materiales y de abatimiento moral?

Dirigida al mismo tiempo contra la patria celestial y la terrena, contra la religión de nuestros padres y contra la civilización que ellos nos transmitieron con tanto esplendor de ciencias, letras y artes, la guerra de que hablamos es, como comprendéis, amados hijos, doblemente criminal.

Es culpable tanto de una ofensa contra la humanidad como de una ofensa contra Dios.

2. La masonería, origen principal de esta guerra

¿De dónde procede principalmente esta guerra, sino de aquella secta masónica acerca de la cual hablamos extensamente en la encíclica Humanum genus, del 20 de abril de 1884, y en la carta más reciente del 15 de octubre de 1890, dirigida a los obispos, al clero y al pueblo de Italia?1

Con estos dos documentos arrancamos del rostro de la masonería la máscara con que se ocultaba a los ojos de los pueblos. La mostramos en su cruda deformidad y en su acción tenebrosa y sumamente funesta.

Esta vez nos limitamos a considerar sus deplorables efectos respecto de Italia.

Desde hace ya mucho tiempo se infiltró en nuestro hermoso país bajo las apariencias engañosas de una sociedad filantrópica y redentora de los pueblos. Por medio de conspiraciones, corrupciones y violencias, llegó finalmente a dominar Italia y esta misma Roma.

¿A cuántos desórdenes y a cuántas calamidades no abrió el camino en poco más de seis lustros?2

3. Persecución de la religión y sustitución del cristianismo

Grandes males ha visto y padecido nuestra patria en tan breve espacio de tiempo.

La religión de nuestros padres ha sido objeto de persecuciones de toda clase, con el intento satánico de sustituir el cristianismo por el naturalismo; el culto de la fe por el culto de la razón; la moral llamada independiente por la moral católica; y el progreso del espíritu por el progreso de la materia.

A las santas máximas y leyes del Evangelio se ha osado contraponer leyes y máximas que pueden llamarse el código de la revolución. A la escuela, a la ciencia y a las artes cristianas se ha contrapuesto una enseñanza atea y un verismo degradante.

Invadido el templo del Señor, se disipó mediante la confiscación de los bienes eclesiásticos la mayor parte del patrimonio necesario para los santos ministerios.

Con la leva militar de los clérigos, llevada más allá de los límites de la extrema necesidad, se redujo el número de los ministros sagrados.

Si no se pudo impedir la administración de los sacramentos, se procura, sin embargo, introducir y promover por todos los medios los matrimonios y funerales civiles.

Si todavía no se consiguió arrancar completamente de las manos de la Iglesia la educación de la juventud y el gobierno de los institutos de caridad, se procura siempre, con esfuerzos perseverantes, laicizarlo todo. Esto equivale a borrar de todas las cosas la huella cristiana.

Si no se pudo sofocar la voz de la prensa católica, se hizo todo lo posible por desacreditarla y envilecerla.

4. Parcialidades y contradicciones contra la Iglesia

Y para combatir la religión católica, ¡qué parcialidades y contradicciones!

Se cerraron monasterios y conventos, mientras se permite que se multipliquen a su gusto las logias masónicas y los antros de los sectarios.

Se proclamó el derecho de asociación. Sin embargo, la personalidad jurídica, de la cual usan y abusan asociaciones de todo género, es negada a las sociedades religiosas.

Se proclamó la libertad de cultos. No obstante, las odiosas intolerancias y vejaciones se reservan precisamente para aquel culto que es la religión de los italianos y al cual, por ello mismo, debería asegurarse respeto y protección especial.

Se hicieron grandes protestas y promesas para tutelar la dignidad y la independencia del Papa. Pero vosotros veis a qué ultrajes se expone diariamente Nuestra persona.

Toda especie de manifestación pública encuentra libre el campo. Solamente las manifestaciones católicas son, unas veces, prohibidas y, otras, perturbadas.

En el seno de la Iglesia se alientan cismas, apostasías y rebeliones contra los superiores legítimos.

Los votos religiosos, y particularmente la obediencia religiosa, son reprobados como cosas contrarias a la libertad y dignidad humanas. Entretanto, viven impunemente congregaciones impías que atan a sus adeptos con juramentos nefandos y les exigen, incluso para el delito, obediencia ciega y absoluta.

5. El espíritu masónico en la persecución religiosa

Sin exagerar el poder de la masonería, ni atribuir a su acción directa e inmediata todos los males que actualmente nos afligen en el orden religioso, en los hechos que hemos recordado, y en muchos otros que podríamos recordar, se percibe su espíritu.

Es el espíritu que, enemigo implacable de Cristo y de la Iglesia, intenta todos los caminos, emplea todas las artes y se vale de todos los medios para arrebatar a la Iglesia su hija primogénita, y a Cristo la nación predilecta, sede de su Vicario en la tierra y centro de la unidad católica.

La influencia maléfica y sumamente eficaz de este espíritu sobre nuestras cosas no necesita hoy ser conjeturada a partir de pocos y fugaces indicios, ni deducida de la serie de hechos que se han sucedido durante treinta años.

Enorgullecida por sus éxitos, la propia secta ha hablado en voz alta. Nos ha dicho lo que hizo en el pasado y lo que se propone hacer en el futuro.

Considera, en sustancia, a los poderes públicos, sean o no conscientes de ello, como instrumentos suyos.

Esto significa que la secta impía se gloría de la persecución religiosa que ha atormentado y atormenta a nuestra Italia como de una obra principalmente suya. Una obra ejecutada muchas veces por otras manos, pero inspirada, promovida, alentada y auxiliada por ella, de modo inmediato o mediato, directo o indirecto, mediante halagos o amenazas, seducción o revolución.

6. De las ruinas religiosas a las ruinas sociales

De las ruinas religiosas a las sociales el camino es muy corto.

Cuando el corazón del hombre, capaz y necesitado de lo infinito, ya no es elevado hacia las esperanzas y los amores celestiales, se arroja con ardor insaciable sobre los bienes de la tierra.

Surge entonces, necesaria e inevitablemente, una lucha perpetua de pasiones ávidas de gozar, enriquecerse y ascender. De ahí nace una fuente amplia e inagotable de rencores, divisiones, corrupciones y delitos.

En nuestra Italia no faltaban ciertamente desórdenes morales y sociales antes de los acontecimientos presentes. Pero ¡qué doloroso espectáculo nos ofrece hoy!

En las familias ha disminuido mucho aquel respeto amoroso que forma las armonías domésticas. La autoridad paterna es desconocida con demasiada frecuencia, tanto por los hijos como por los padres. Las discordias son frecuentes y los divorcios no son raros.

En las ciudades aumentan cada día las discordias civiles, los odios encendidos entre los diversos órdenes de la ciudadanía, el desenfreno de las nuevas generaciones, que, crecidas bajo el aire de una libertad mal entendida, ya no respetan nada, ni arriba ni abajo. Aumentan también las incitaciones al vicio, los delitos precoces y los escándalos públicos.

El Estado, en lugar de contentarse con el altísimo y nobilísimo oficio de reconocer, tutelar y ayudar, en su armoniosa universalidad, los derechos divinos y humanos, se cree casi árbitro de ellos. Los desconoce o los restringe a su capricho.

Finalmente, el orden social es socavado de manera general en sus fundamentos.

Libros y periódicos, escuelas y cátedras, círculos y teatros, monumentos y discursos políticos, fotografías y bellas artes: todo conspira para pervertir las mentes y corromper los corazones.

Mientras tanto, los pueblos oprimidos y empobrecidos se agitan. Las sectas anárquicas se mueven. Las clases obreras levantan la cabeza y van a engrosar las filas del socialismo, del comunismo y de la anarquía.

Los caracteres se debilitan, y tantas almas, que ya no saben padecer dignamente ni liberarse varonilmente de sus sufrimientos, abandonan cobardemente la vida por medio del suicidio.

7. El falso patriotismo de la secta

Estos son los frutos que la secta masónica ha producido para nosotros, los italianos.

Y después de esto se atreve a presentarse ante vosotros magnificando sus méritos para con Italia, y a dar a Nos y a todos aquellos que, escuchando Nuestra palabra, permanecen fieles a Jesucristo, el calumnioso título de enemigos de la patria.

Cuáles sean los méritos de la secta culpable respecto de nuestra península, repetimos que lo muestran los hechos.

Los hechos muestran que el patriotismo masónico no es sino un egoísmo sectario, ávido de dominarlo todo, señoreando los Estados modernos que reúnen y concentran todo en sus manos.

Los hechos muestran que, en las intenciones de la masonería, los nombres de independencia política, igualdad, civilización y progreso servían para facilitar en nuestra patria la independencia del hombre respecto de Dios; la licencia del error y del vicio; la unión de una facción en perjuicio de los demás ciudadanos; el arte de los afortunados del siglo para gozar de la vida con mayor comodidad y deleite; y el retorno de un pueblo redimido con la sangre divina a las divisiones, corrupciones y vergüenzas del paganismo.

8. Orgullo, codicia y sensualidad

No debemos maravillarnos de esto.

Una secta que, después de diecinueve siglos de civilización cristiana, se esfuerza por abatir a la Iglesia católica y cortar sus fuentes divinas; que, negando absolutamente lo sobrenatural, rechaza toda revelación y todos los medios de salvación que la revelación nos señala; y que, para sus designios y obras, se apoya única y enteramente sobre una naturaleza enferma y corrompida como la nuestra, no puede ser sino la culminación del orgullo, de la codicia y de la sensualidad.

Ahora bien, el orgullo oprime, la codicia despoja y la sensualidad corrompe.

Cuando estas tres concupiscencias llegan al grado extremo, las opresiones, los despojos y las seducciones corruptoras se extienden cada vez más, toman dimensiones desmesuradas y se convierten en opresión, despojo y foco corruptor de todo un pueblo.

9. Incompatibilidad entre cristianismo y masonería

Permitid, por tanto, que, al dirigiros Nuestra palabra, os señalemos a la masonería como enemiga al mismo tiempo de Dios, de la Iglesia y de nuestra patria.

Reconocedla de una vez como tal también en la práctica. Defendeos de tan feroz enemigo con todas las armas que la razón, la conciencia y la fe ponen en vuestras manos.

Que nadie se deje engañar por sus hermosas apariencias; que nadie sea atraído por sus promesas, seducido por sus halagos o atemorizado por sus amenazas.

Recordad que el cristianismo y la masonería son esencialmente inconciliables entre sí. De tal manera que agregarse a esta significa separarse de aquel.

Amados hijos, ya no podéis ignorar esta incompatibilidad entre las dos profesiones de católico y de masón. Nuestros Predecesores os advirtieron de ella abiertamente, y Nos os hemos repetido del mismo modo esta advertencia en alta voz.

Por tanto, quienes por suma desgracia hayan dado su nombre a alguna de estas sociedades de perdición, sepan que están estrictamente obligados a separarse de ellas, si no quieren permanecer separados de la comunión cristiana y perder su alma en el tiempo y en la eternidad.

Sepan también los padres, los educadores, los patronos y cuantos tienen a otros bajo su cuidado que los obliga rigurosamente el deber de impedir, en cuanto sea posible, que sus subordinados entren en la secta culpable o que, una vez admitidos, permanezcan en ella.

10. Prudencia ante los primeros pasos y las falsas apariencias

En un asunto de tanta importancia, y cuando en nuestros días la seducción es tan fácil, urge que el cristiano se guarde de los primeros pasos, tema aun los peligros más ligeros, evite toda ocasión y adopte las precauciones más solícitas.

En suma, según el consejo evangélico, debe conservar en el corazón la sencillez de la paloma y usar toda la prudencia de la serpiente.3

Los padres y madres de familia guárdense de recibir en casa y admitir en la intimidad de las confidencias domésticas a personas desconocidas, o al menos no suficientemente conocidas en materia de religión.

Procuren comprobar antes que, bajo el manto del amigo, del maestro, del médico o de otro bienhechor, no se oculte un astuto reclutador de la secta.

¡En cuántas familias penetró el lobo vestido de cordero!

Son buenas las muy variadas sociedades que hoy surgen por todas partes, con fecundidad prodigiosa, en todos los órdenes de la vida social: sociedades obreras, de socorro mutuo, de previsión, de ciencias, letras, artes y otras semejantes.

Cuando están animadas por un buen espíritu moral y religioso, son ciertamente útiles y oportunas.

Pero puesto que también aquí, y especialmente aquí, ha penetrado y penetra el veneno masónico, deben considerarse generalmente sospechosas y evitarse aquellas sociedades que, sustrayéndose a todo influjo religioso, pueden ser dirigidas y dominadas con facilidad, en mayor o menor grado, por masones.

Además de prestar ayuda a la secta, tales sociedades son, por decirlo así, su semillero y su escuela de aprendizaje.

Las mujeres no se inscriban fácilmente en sociedades filantrópicas cuya naturaleza y finalidad no conozcan bien, sin haber consultado antes a personas prudentes y experimentadas. Con frecuencia, el pasaporte que permite el ingreso de la mercancía masónica es aquella filantropía locuaz, contrapuesta con tanta ostentación a la caridad cristiana.

11. Evitar amistades, lecturas y ambientes corruptores

Cuídese cada uno de no mantener amistad ni trato familiar con personas sospechosas de pertenecer a la masonería o a sociedades vinculadas con ella. Conózcalas por sus frutos y apártese de ellas.

Debe evitarse el trato familiar no solamente con quienes, manifiestamente impíos y libertinos, llevan en la frente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se ocultan bajo la máscara de la tolerancia universal y del respeto a todas las religiones.

Estos pretenden conciliar las máximas del Evangelio con las máximas de la revolución, a Cristo con Belial, a la Iglesia de Dios con el Estado sin Dios.4

Los libros y periódicos que destilan el veneno de la impiedad y avivan en el pecho humano el fuego de las codicias desenfrenadas y de las pasiones sensuales; los círculos y gabinetes de lectura en los cuales el espíritu masónico ronda buscando a quién devorar, sean para el cristiano, y para todo cristiano, lugares y publicaciones que causen horror.

12. No basta defenderse: es necesario salir al combate

Pero, tratándose de una secta que lo ha invadido todo, no basta mantenerse a la defensiva contra ella. Es necesario salir valerosamente al campo y afrontarla.

Esto lo haréis, amados hijos, oponiendo prensa a prensa, escuela a escuela, asociación a asociación, congreso a congreso y acción a acción.

La masonería se ha apoderado de las escuelas públicas. Disputadle la instrucción y educación de la niñez y de la juventud cristiana mediante las escuelas privadas, las escuelas paternas y las dirigidas por celosos eclesiásticos y por religiosos de ambos sexos.

Sobre todo, que los padres cristianos no confíen la educación de sus hijos a escuelas que no sean seguras.

La masonería ha confiscado el patrimonio de la beneficencia pública. Suplidlo vosotros con el tesoro de la caridad privada.

Ha puesto las obras piadosas en manos de sus adeptos. Confiad vosotros las que dependen de vosotros a instituciones católicas.

Ella abre y mantiene casas de vicio. Haced vosotros cuanto sea posible por abrir y mantener refugios para la honestidad que se encuentra en peligro.

A sueldo suyo milita una prensa anticristiana, tanto religiosa como civilmente. Ayudad vosotros con vuestra labor y vuestro dinero a la prensa católica; promovedla y difundidla.

Ella funda sociedades de socorro mutuo e instituciones de crédito en beneficio de sus partidarios. Haced vosotros otro tanto, no solamente en favor de vuestros hermanos, sino de todos los necesitados.

Mostrad que la verdadera y sincera caridad es hija de Aquel que hace salir el sol y caer la lluvia sobre justos y pecadores.5

13. Asociaciones, congresos y profesión pública de la fe

Esta lucha del bien contra el mal debe extenderse a todo y procurar, en cuanto sea posible, repararlo todo.

La masonería celebra frecuentes congresos para acordar nuevos medios de combatir a la Iglesia. Celebradlos vosotros también con frecuencia, para entenderos mejor acerca de los medios y el orden de la defensa.

Ella multiplica sus logias. Multiplicad vosotros los círculos católicos y los comités parroquiales. Promoved asociaciones de caridad y de oración. Contribuid a conservar y acrecentar el esplendor del templo de Dios.

La secta, al no tener ya nada que temer, muestra hoy su rostro a la luz del día.

También vosotros, católicos italianos, profesad abiertamente vuestra fe, siguiendo el ejemplo de vuestros gloriosos antepasados. Ellos la confesaban intrépidamente ante los tiranos, los suplicios y la muerte, y la autenticaban con el testimonio de su sangre.

14. Defender la libertad de la Iglesia y la unidad católica

¿Qué más?

¿Se esfuerza la secta por someter a la Iglesia y colocarla, como humilde esclava, a los pies del Estado?

No ceséis de pedir para ella, y de reivindicar por medios legales, la libertad y la independencia que le son debidas.

¿Procura desgarrar la unidad católica, sembrando cizaña en el propio clero, suscitando contiendas, fomentando discordias y excitando los ánimos a la insubordinación, a la rebelión y al cisma?

Estrechando cada vez más el vínculo sagrado de la caridad y de la obediencia, desbaratad sus designios, haced fracasar sus tentativas y frustrad sus esperanzas.

Como los primeros fieles, sed todos un solo corazón y una sola alma.6

Reunidos alrededor de la Cátedra de Pedro y unidos a vuestros Pastores, defended los intereses supremos de la Iglesia y del Papado. Estos son también los intereses supremos de Italia y de todo el mundo cristiano.

La Sede Apostólica fue siempre inspiradora y celosa guardiana de las grandezas italianas.

Sed, por tanto, italianos y católicos; libres y no sectarios; fieles a la patria y, al mismo tiempo, a Cristo y a su Vicario visible.

Estad persuadidos de que una Italia anticristiana y antipapal sería contraria al orden establecido por Dios y, por consiguiente, estaría condenada a perecer.

15. Exhortación final, oración y caridad

Amados hijos, la religión y la patria os hablan en este momento por Nuestra boca.

¡Ah, escuchad su clamor compasivo!

Levantaos unánimes y combatid varonilmente las batallas del Señor.

Que no os atemoricen el número, la audacia ni la fuerza de los enemigos. Dios es más fuerte que ellos. Y si Dios está con vosotros, ¿qué podrán hacer contra vosotros?7

Para que Dios esté con vosotros con mayor abundancia de gracias, combata con vosotros y triunfe con vosotros, redoblad vuestras oraciones.

Acompañadlas con el ejercicio de las virtudes cristianas, y especialmente con el ejercicio de la caridad hacia los necesitados.

Renovando cada día las promesas del Bautismo, implorad humilde, insistente y perseverantemente las misericordias divinas.

Como auspicio de ellas y como prenda de Nuestra paternal dilección, os impartimos, amados hijos, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 8 de diciembre de 1892, decimoquinto año de Nuestro Pontificado.

León Papa XIII


NOTAS

(1) La primera referencia corresponde a la encíclica Humanum genus, del 20 de abril de 1884. La segunda corresponde a Dall’alto dell’Apostolico Seggio, del 15 de octubre de 1890, dirigida a los obispos, al clero y al pueblo italiano.

(2) Un lustro equivale a cinco años. La expresión «poco más de seis lustros» alude a un período algo superior a treinta años.

(3) Alusión a Mateo 10, 16: «Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas».

(4) Alusión a 2 Corintios 6, 15: «¿Qué concordia puede haber entre Cristo y Belial?».

(5) Alusión a Mateo 5, 45: Dios «hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos».

(6) Alusión a Hechos 4, 32, donde se describe a la primera comunidad cristiana como «un solo corazón y una sola alma».

(7) Alusión a Romanos 8, 31: «Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?».

Fuente histórica principal: Sanctissimi Domini Nostri Leonis Papae XIII Allocutiones, Epistolae, Constitutiones, Aliaque Acta Praecipua, volumen V (1891-1894), Typis Societatis Sancti Augustini, Desclée, De Brouwer et Soc., Brugis et Insulis, 1898, pp. 124-132. Texto original italiano de dominio público.

Referencia complementaria: Leonis XIII Pontificis Maximi Acta, volumen XII, Roma, Tipografía Vaticana, 1893, pp. 331-334.

Colofón
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