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Encíclica Inimica Vis

Publicado el 8 de julio de 2026

Actualizado el 17 de julio de 2026

Archivado en: Encíclicas papales

Etiquetas: Autoridad de la Iglesia, León XIII, Masonería, Persecución, Sociedades secretas

12 Minutos de lectura
Retrato del Papa León XIII

Fecha de publicación: 8 de diciembre de 1892

Autor: Su santidad León XIII

Breve resumen: Sobre la masonería. León XIII advierte a los obispos de Italia contra la acción de la secta masónica, la cual busca subvertir las verdades reveladas, debilitar la sociedad cristiana, someter la Iglesia al Estado, seducir a los fieles y apartar al pueblo italiano de la fe católica. El Papa exhorta a combatirla con las armas de la fe, la unidad, la vigilancia pastoral y la instrucción del pueblo.

Nota editorial: La presente traducción española de la epístola Inimica vis ha sido preparada por Proyecto Emaús a partir del texto latino publicado en la edición histórica de Acta Sanctae Sedis, volumen XXV, Roma, 1892-1893, páginas 274-277, actualmente en el dominio público. No se ha reproducido ninguna traducción moderna del portal de la Santa Sede. Se han ajustado la puntuación y la división de algunos períodos sintácticos para facilitar la lectura contemporánea y su reproducción mediante sistemas de texto a voz, como Piper, sin modificar el contenido doctrinal del documento. Los subtítulos y la división temática han sido añadidos por Proyecto Emaús y no pertenecen al texto original.


Epístola de nuestro santísimo señor León XIII a los obispos de Italia, exhortándolos a actuar valerosamente contra la secta masónica.

León XIII, papa. Venerables Hermanos: salud y bendición apostólica.

1. La fuerza enemiga contra el nombre cristiano

La fuerza enemiga, impulsada por la instigación del demonio, acostumbró siempre combatir contra el nombre cristiano.

Para ello reunió a determinados hombres y los asoció con el propósito de pervertir deliberadamente las doctrinas transmitidas por Dios y de desgarrar a la propia sociedad cristiana mediante divisiones funestas.

Nadie ignora cuánto daño causaron a la Iglesia, en todos los tiempos, estas agrupaciones organizadas como ejércitos destinados al ataque.

Los espíritus de todas las sectas que anteriormente se habían levantado contra las instituciones católicas han revivido en aquella que recibe el nombre de secta masónica.

Poderosa por sus fuerzas y recursos, y portadora de la antorcha de una guerra encarnizada, ataca cuanto existe de sagrado.

2. Condenas pontificias y advertencias contra la masonería

Como bien sabéis, durante un siglo y medio los Romanos Pontífices, Nuestros Predecesores, no condenaron esta secta una sola vez, sino repetidamente.

Nos mismo, como era Nuestro deber, la hemos condenado.

Advertimos enérgicamente a los pueblos cristianos que evitaran sus insidias con la mayor prudencia y rechazaran valerosamente sus intentos criminales, como corresponde a los seguidores de Jesucristo.1

Además, para impedir que se introdujeran la indolencia y el adormecimiento, procuramos deliberadamente descubrir los secretos de esta secta sumamente perniciosa.

Señalamos, como con el dedo, las artes mediante las cuales trabaja para destruir la causa católica.

Sin embargo, si queremos reconocer la verdad de los hechos, una seguridad irreflexiva hace que demasiados italianos sean poco cautos y previsores.

Por eso no ven la magnitud del peligro o no la miden conforme a su verdadera gravedad.

3. La fe de Italia se encuentra en peligro

Se encuentran en peligro la fe heredada de los antepasados, la salvación adquirida para los hombres por Jesucristo y, como consecuencia, los beneficios mismos de la civilización cristiana.

La secta masónica, sin temor y sin ceder ante nadie, emprende cada día proyectos más audaces.

Ha invadido ciudades enteras como un contagio.

Procura introducirse cada vez más profundamente en todas las instituciones del Estado.

Conspira, como acostumbra hacerlo en todas partes, para arrebatar al pueblo italiano la religión católica, principio y fuente de los mayores bienes.

De aquí proceden las innumerables artes empleadas para combatir la fe divina.

De aquí procede también que la libertad legítima de la Iglesia sea despreciada y oprimida mediante las leyes.

4. La falsa supremacía del Estado sobre la Iglesia

Se ha establecido en la doctrina y en la práctica la opinión de que la Iglesia no posee la fuerza ni la naturaleza de una sociedad perfecta.

Se afirma que el Estado es superior y que el poder civil debe preceder a la autoridad sagrada.

De esta doctrina perniciosa y falsa, condenada frecuentemente por la Sede Apostólica, se siguen numerosos males.

El principal consiste en que los gobernantes civiles se introducen donde de ningún modo les está permitido hacerlo, y no temen atribuirse aquello que han arrebatado a la Iglesia.

Lo veis en los beneficios eclesiásticos.

Los poderes civiles se arrogan, según su arbitrio, el derecho de conceder o retirar la facultad de percibir sus frutos.

No es menos insidioso el proyecto de atraer al clero inferior mediante promesas y halagos.

Es fácil comprender hacia dónde se dirige este plan, principalmente porque sus propios autores apenas procuran ocultar sus intenciones.

Quieren atraer suavemente a los ministros sagrados hacia su partido.

Una vez comprometidos en las novedades, pretenden separarlos de la obediencia a la autoridad legítima.

Sin embargo, parece que no conocen suficientemente la virtud del clero de nuestra nación.

Durante tantos años y bajo tantas pruebas, los sacerdotes italianos han dado ejemplos manifiestos de desinterés y fidelidad.

Por ello confiamos enteramente en que, cualesquiera que sean las circunstancias futuras, permanecerán constantes, con la ayuda de Dios, en la misma conciencia religiosa de su deber.

5. Quienes colaboran con la secta por ambición o interés

De cuanto acabamos de señalar brevemente aparece con claridad lo que puede realizar la secta masónica y cuál es su objetivo final.

Pero aumenta el mal, y no podemos pensarlo sin una gran preocupación, el hecho de que también entre los nuestros existan demasiadas personas a quienes la esperanza de ventajas personales y una miserable ambición impulsan a inscribirse en la secta o a colaborar con ella.

Ante esta situación, Venerables Hermanos, apelamos a vuestra caridad episcopal, movidos por la conciencia de Nuestro deber.

Os pedimos, en primer lugar, que tengáis especialmente presente la salvación de aquellos de quienes acabamos de hablar.

Que vuestro esfuerzo persevere constante e incansablemente para apartarlos del error y de una ruina segura.

Liberar a quien se ha dejado envolver en las redes de los masones es ciertamente una tarea difícil y de resultado incierto, si se considera el carácter de la secta.

Sin embargo, no debe desesperarse de la curación de nadie.

Es admirable la fuerza de la caridad apostólica cuando Dios la auxilia.

En su poder y voluntad se encuentran las propias voluntades de los hombres.

6. Quienes favorecen a la masonería por debilidad

Después, debéis aprovechar toda ocasión para sanar también a quienes pecan por timidez.

Nos referimos a quienes, no por una perversidad propia, sino por debilidad de ánimo y falta de criterio, terminan favoreciendo las empresas masónicas.

Es muy grave la sentencia de Nuestro Predecesor Félix III sobre esta materia:

«El error al cual no se resiste es aprobado; y la verdad que no se defiende es oprimida».

Y también:

«No está libre de sospecha de complicidad secreta quien deja de oponerse a un crimen manifiesto».2

Es necesario levantar los ánimos abatidos de estas personas.

Dirigid sus pensamientos hacia los ejemplos de sus antepasados y hacia la fortaleza, guardiana del deber y de la dignidad.

Que sientan pesar y vergüenza por haber actuado, o por actuar todavía, sin la valentía debida.

Toda nuestra vida se encuentra destinada al combate, y en él se decide principalmente la salvación.

Nada es más vergonzoso para un cristiano que vacilar en el cumplimiento del deber por causa de la cobardía.

7. Quienes fueron engañados por falsas apariencias

Deben ser sostenidos igualmente, por todos los medios, quienes caen por imprudencia.

Nos referimos a aquellos, no poco numerosos, que se dejan engañar por las apariencias y seducir por diversos atractivos.

Sin comprender lo que hacen, permiten que la sociedad masónica los encadene.

Debe conservarse una gran esperanza respecto de ellos, Venerables Hermanos.

Con el auxilio de Dios podrán algún día abandonar el error y contemplar la verdad.

Esto será especialmente posible si, como os pedimos vivamente, procuráis quitar a la secta su apariencia engañosa y revelar sus designios ocultos.

Aunque estos planes ya no parecen verdaderamente ocultos, después de haber sido descubiertos de muchas maneras por quienes conocen la propia secta.

Durante estos últimos meses se ha escuchado nuevamente en Italia una voz que proclamaba públicamente, casi con ostentación, los proyectos masónicos.

Quieren rechazar completamente la religión establecida por Dios.

Quieren que todos los asuntos, privados y públicos, sean administrados únicamente conforme a los principios del naturalismo.

Y llaman impía y neciamente a este proyecto restauración de la sociedad civil.

¿Hacia qué abismo se precipitará, por tanto, la sociedad si el pueblo cristiano no se decide a vigilar, trabajar y procurar su propia salvación?

8. No basta evitar las insidias: es necesario combatir

Ante la audacia de tantos males no basta evitar las insidias de esta secta sumamente perversa.

Es necesario también emprender la lucha.

Debe hacerse tomando de la fe divina aquellas mismas armas que antiguamente triunfaron contra el paganismo.

Por ello os corresponde, Venerables Hermanos, encender los ánimos mediante la persuasión, la exhortación y el ejemplo.

Promoved en Nuestro clero y en Nuestro pueblo un celo activo, constante y valiente por la religión y por la salvación.

Esta fortaleza resplandece no pocas veces entre los católicos de otras naciones cuando deben combatir por causas semejantes.

Se afirma comúnmente que entre los pueblos italianos se ha debilitado el antiguo ardor para defender la fe heredada.

Quizá no se diga sin fundamento.

Si se compara la disposición de los dos bandos, parecen emplear mayor esfuerzo quienes llevan la guerra contra la religión que quienes la rechazan.

Pero para quienes desean salvarse no existe término medio entre un combate fatigoso y la ruina.

Con vuestro esfuerzo, debe despertarse la fortaleza de los sacerdotes débiles y conservarse la de quienes ya son valerosos.

Debe extinguirse también toda semilla de discordia.

Bajo vuestra dirección y autoridad, todos deben descender animosamente al combate con una sola inteligencia y una misma disciplina.

9. Carta simultánea al pueblo italiano

Considerada la gravedad de la situación y la necesidad de evitar el peligro, hemos decidido dirigir una carta al propio pueblo de Italia.3

Hemos dispuesto que esa carta os sea entregada juntamente con la presente, Venerables Hermanos.

Corresponderá a vuestra diligencia difundirla lo más ampliamente posible entre el pueblo.

Cuando parezca necesario, deberéis explicarla mediante comentarios oportunos.

De esta manera, si Dios se muestra propicio, esperamos que los ánimos despierten al contemplar los males que los oprimen y que recurran sin demora a los remedios que hemos indicado.

10. Bendición Apostólica

Como prenda de los dones divinos y testimonio de Nuestra benevolencia, impartimos amorosamente la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos, y a los pueblos confiados a vuestra fe.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 8 de diciembre de 1892, decimoquinto año de Nuestro Pontificado.

León Papa XIII


NOTAS

(1) León XIII había denunciado ampliamente la naturaleza, los principios y los fines de la masonería en la encíclica Humanum genus, del 20 de abril de 1884, además de hacerlo en otros documentos pontificios.

(2) Sentencias tradicionalmente atribuidas al papa san Félix III: «El error al cual no se resiste es aprobado; y la verdad que no se defiende es oprimida»; «No está libre de sospecha de complicidad secreta quien deja de oponerse a un crimen manifiesto».

(3) Se refiere a Custodi di quella fede, dirigida por León XIII al pueblo italiano y fechada igualmente el 8 de diciembre de 1892.

Fuente histórica principal: Acta Sanctae Sedis, volumen XXV, Roma, Tipografía Políglota de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, 1892-1893, pp. 274-277.

Colofón
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