![]() |
Fecha de publicación: 8 de septiembre de 1907 Autor: Su Santidad San Pío X Breve resumen: Encíclica que condena el modernismo. |
Venerables Hermanos: Salud y Bendición Apostólica
1. La obligación de velar por la fe
El deber que Nos incumbe de apacentar la grey del Señor Nos obliga a velar con suma diligencia para que el depósito de la fe, confiado por Cristo a su Iglesia, permanezca íntegro y libre de toda corrupción.
No faltan, sin embargo, en nuestros tiempos, hombres que bajo apariencia de ciencia y progreso intentan introducir doctrinas que, aunque nuevas en su forma, son en el fondo contrarias a la verdad revelada.
2. Aparición del modernismo
Entre estos errores ocupa lugar principal el modernismo, el cual no es una sola doctrina, sino un conjunto de errores que se compenetran entre sí, afectando tanto a la filosofía como a la teología, la historia y la interpretación de la Sagrada Escritura.
Estos errores han comenzado a difundirse incluso dentro de ambientes católicos, lo que aumenta su peligrosidad.
3. Naturaleza del sistema modernista
Según sus principios, la fe no se apoya en la revelación objetiva de Dios, sino en una experiencia interior del sentimiento religioso. De aquí se sigue que los dogmas no son verdades absolutas e inmutables, sino expresiones cambiantes de dicha experiencia.
Este principio introduce inestabilidad en la doctrina y destruye la noción misma de verdad revelada.
4. Consecuencia general del modernismo
De tales principios se sigue una grave consecuencia: la religión deja de ser la aceptación de una verdad objetiva revelada por Dios, para convertirse en una construcción subjetiva del hombre.
5. El agnosticismo como base del modernismo
La primera y fundamental afirmación de los modernistas es el agnosticismo. Según este principio, la razón humana queda limitada exclusivamente al orden de los fenómenos, es decir, a las cosas perceptibles por los sentidos. Por tanto, la razón no puede elevarse a Dios ni conocer su existencia por medios naturales.
De aquí se sigue que Dios no puede ser conocido por la inteligencia humana, ni tampoco la revelación puede ser demostrada por motivos racionales.
6. Origen de la religión según los modernistas
Una vez negada la posibilidad del conocimiento racional de Dios, los modernistas afirman que la religión tiene su origen en un sentimiento interior, nacido de una necesidad o impulso del hombre frente a lo desconocido.
Este sentimiento religioso sería la raíz de toda religión, la cual no sería otra cosa que la expresión externa de dicha experiencia interior.
7. La “experiencia religiosa”
Según este sistema, la fe no consiste en la adhesión del entendimiento a una verdad revelada, sino en una especie de intuición o experiencia del sentimiento religioso, que el hombre interpreta como presencia de lo divino.
De esta experiencia nacen las creencias, que luego se expresan en símbolos, doctrinas y dogmas.
8. Formación de los dogmas
Los dogmas, según esta teoría, no son verdades recibidas de Dios y propuestas por la Iglesia, sino interpretaciones humanas de la experiencia religiosa colectiva.
Por consiguiente, los dogmas están sujetos a evolución y cambio, adaptándose al desarrollo de la conciencia religiosa de los pueblos.
9. Evolución de la verdad religiosa
De este principio de evolución se sigue que la verdad religiosa no es fija ni absoluta, sino que progresa con el tiempo, cambiando según las circunstancias históricas y culturales.
Así, la religión se convierte en algo vivo en perpetua transformación, en lugar de ser la custodia de una verdad inmutable.
10. Consecuencia doctrinal
De todo lo anterior resulta que, según el modernismo, la autoridad de la Iglesia no consiste en custodiar una verdad recibida de Dios, sino en expresar y sistematizar la conciencia religiosa del pueblo cristiano.
11. El modernista como creyente
El modernista, considerado como creyente, sostiene que la fe nace de un sentimiento íntimo producido por la necesidad de lo divino, el cual brota en el subconsciente del hombre sin intervención directa de la razón ni de una revelación externa objetiva.
Esta fe, por tanto, no se apoya en la autoridad de Dios revelante, sino en una experiencia personal que cada individuo interpreta según su propia sensibilidad religiosa.
12. El modernista como teólogo
En cuanto teólogo, el modernista trabaja sobre esta experiencia religiosa y la somete a la reflexión intelectual, buscando formularla en conceptos y doctrinas.
De este modo, la teología no es ciencia de la verdad revelada, sino elaboración racional de la experiencia religiosa del creyente.
13. El papel del intelecto
El intelecto, según esta doctrina, no recibe verdades objetivas de fuera, sino que trabaja sobre los datos de la experiencia interior, organizándolos en sistemas doctrinales que se expresan en fórmulas dogmáticas.
Estas fórmulas no expresan una verdad inmutable, sino una interpretación humana de la experiencia religiosa colectiva.
14. El modernista como historiador
El modernista, en cuanto historiador, aplica este mismo principio a la vida de Jesucristo y de la Iglesia primitiva, distinguiendo entre el “Cristo histórico” y el “Cristo de la fe”.
El primero sería el Jesús real de la historia, mientras que el segundo sería el producto de la fe de los primeros cristianos, elaborado progresivamente a partir de su experiencia religiosa.
15. Transformación de la figura de Cristo
Según este sistema, la figura de Cristo ha sido transformada por la comunidad cristiana primitiva, que atribuyó al Maestro divino cualidades y prerrogativas que no pertenecían al Jesús histórico.
De este modo, la fe de la Iglesia se apoyaría en una elaboración progresiva de la conciencia cristiana, más que en hechos y palabras divinamente revelados.
16. El modernista como crítico
Finalmente, el modernista como crítico examina los documentos sagrados con los mismos métodos aplicados a cualquier texto humano, sin reconocer su carácter sobrenatural.
De este análisis resulta que la Sagrada Escritura es reducida a un conjunto de testimonios humanos sujetos a las leyes del desarrollo histórico.
17. Origen de la Iglesia según el modernismo
Según el sistema modernista, la Iglesia no habría sido fundada directamente por Cristo como sociedad visible y jerárquica, sino que habría surgido progresivamente de la conciencia colectiva de los fieles cristianos.
De este modo, la Iglesia sería el resultado de una evolución histórica, nacida de la necesidad de organizar y expresar la fe común de los creyentes.
18. Evolución de la autoridad eclesiástica
En esta concepción, la autoridad en la Iglesia no proviene de una institución divina establecida por Cristo, sino que surge como una función necesaria del desarrollo de la comunidad cristiana.
Así, la jerarquía eclesiástica —incluido el primado del Romano Pontífice— sería el resultado de circunstancias históricas y no de un mandato divino positivo.
19. Los sacramentos como símbolos
En relación con los sacramentos, el modernismo sostiene que no son signos eficaces instituidos por Cristo que confieren la gracia, sino símbolos que expresan y fortalecen la fe del creyente.
Su valor, por tanto, dependería de la experiencia religiosa de la comunidad, y no de una institución divina objetiva.
20. La evolución de los dogmas
El principio de evolución, aplicado a todos los elementos de la religión, alcanza también a los dogmas, los cuales serían susceptibles de cambio y desarrollo sustancial.
De este modo, las fórmulas dogmáticas no expresarían una verdad definitiva, sino una fase transitoria del pensamiento religioso.
21. Relación entre fe y ciencia
Según este sistema, la fe y la ciencia pertenecen a órdenes completamente distintos: la ciencia trata de la realidad objetiva, mientras que la fe se limita al ámbito de la experiencia subjetiva.
Por ello, no puede existir contradicción entre ambas, ya que no se ocupan del mismo objeto.
22. Consecuencia general del sistema
De todos estos principios resulta un sistema completo en el que la religión deja de ser una revelación divina objetiva para convertirse en una expresión cambiante de la conciencia humana.
Este sistema, aunque fragmentado en apariencia, constituye en realidad una unidad coherente que afecta a toda la estructura de la fe católica.
23. Unidad interna del sistema modernista
Aunque el modernismo se presenta bajo diversas formas y en distintos ámbitos del saber, en realidad constituye un sistema perfectamente coherente, en el cual todas las partes están estrechamente unidas entre sí.
Sus principios fundamentales —agnosticismo, inmanentismo y evolución de los dogmas— se apoyan mutuamente y conducen necesariamente a las mismas conclusiones doctrinales.
24. Incompatibilidad con la doctrina católica
Este sistema es absolutamente incompatible con la doctrina católica, la cual afirma que la fe se funda en la revelación objetiva de Dios, transmitida por la Iglesia y custodiada fielmente por el Magisterio.
En cambio, el modernismo reduce la religión a una experiencia subjetiva, destruyendo así la noción misma de verdad revelada.
25. Consecuencia sobre la autoridad de la Iglesia
Al negar el carácter objetivo de la revelación, el modernismo debilita también la autoridad de la Iglesia, reduciéndola a una función meramente reguladora de la conciencia religiosa colectiva.
De este modo, el Magisterio deja de ser custodio de la verdad divina para convertirse en expresión de la experiencia de los fieles.
26. Peligro para la fe de los fieles
Este sistema introduce una grave confusión entre los fieles, pues al hacer depender la verdad religiosa del sentimiento o de la conciencia individual, elimina la certeza de la fe.
Así, cada uno se convierte en juez de la verdad religiosa según su propia experiencia.
27. Condena del modernismo
Por todas estas razones, el modernismo debe ser considerado no como una simple escuela teológica, sino como una síntesis de todas las herejías, en cuanto que destruye los fundamentos mismos de la fe católica.
La Iglesia, por tanto, tiene el deber de rechazar y condenar este sistema en todas sus formas, para preservar íntegro el depósito de la revelación.
28. Necesidad de vigilancia doctrinal
Es necesario que los pastores de la Iglesia vigilen con diligencia para que estas doctrinas no se infiltren en la enseñanza católica, especialmente en los seminarios y centros de formación teológica.
La pureza de la fe exige una constante vigilancia frente a estos errores.
29. Responsabilidad de los pastores
Incumbe a los obispos y a todos los pastores de almas la grave obligación de preservar el rebaño de Cristo de los errores que amenazan su fe, especialmente de aquellos que, bajo apariencia de ciencia, pueden introducir confusión en las mentes de los fieles.
Para ello, deben vigilar con diligencia los centros de enseñanza, los seminarios y todos los lugares donde se forma la doctrina cristiana.
30. Selección y formación de los docentes
Es necesario que quienes enseñan la doctrina sagrada sean cuidadosamente seleccionados, de modo que su enseñanza esté en plena conformidad con el Magisterio de la Iglesia.
No debe permitirse que doctrinas contrarias a la fe se difundan bajo el pretexto de investigación o libertad científica.
31. Medidas contra la difusión del error
Allí donde se descubran doctrinas modernistas, debe aplicarse con firmeza la disciplina eclesiástica, corrigiendo a los responsables y evitando que el error se propague entre los fieles.
La caridad pastoral exige la verdad antes que la tolerancia del error.
32. El juramento antimodernista
Con el fin de preservar la pureza de la fe, se establece la obligación de profesar públicamente la doctrina católica íntegra, rechazando explícitamente los errores del modernismo.
Este compromiso tiene como finalidad asegurar la fidelidad de los clérigos y docentes al Magisterio de la Iglesia.
33. Exhortación final
Exhortamos, pues, a todos los fieles a permanecer firmes en la fe recibida de los Apóstoles, evitando las novedades doctrinales que puedan apartarlos de la verdad revelada por Dios.
La seguridad de la fe no se encuentra en las opiniones humanas, sino en la enseñanza constante de la Iglesia.
34. Bendición apostólica
Confiando en la misericordia de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María, pedimos que se conserve íntegro el depósito de la fe en la Iglesia y que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad.
A todos vosotros, Venerables Hermanos, y a los fieles confiados a vuestro cuidado, impartimos de corazón la Bendición Apostólica.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 8 de septiembre de 1907, en el quinto año de Nuestro Pontificado.
San Pío X, Papa




