Vati

Encíclica Singulari Nos

Publicado el 8 de julio de 2026

Actualizado el 15 de julio de 2026

Archivado en: Encíclicas papales

Etiquetas: Autoridad politica, Gregorio XVI, Indiferentismo religioso, Liberalismo

12 Minutos de lectura

Papa gregorio xvi

Fecha de publicación: 25 de junio de 1834

Autor: Su santidad Gregorio XVI

Breve resumen: Sobre los errores difundidos por Félicité de Lamennais en el libro Paroles d’un croyant. Gregorio XVI condena el abuso de la Sagrada Escritura para justificar la rebelión, el desprecio de la autoridad, la libertad absoluta de pensamiento, palabra y conciencia, y un sistema filosófico que pretende buscar la verdad fuera de la Iglesia y de la Tradición apostólica.

Nota editorial: La presente traducción española de la encíclica Singulari nos ha sido preparada por Proyecto Emaús a partir del texto latino conservado en la edición histórica de Acta Gregorii Papae XVI, volumen I, publicada en Roma en 1901, páginas 433-434, actualmente en el dominio público. No se ha reproducido una traducción moderna del portal de la Santa Sede. Se han ajustado la puntuación y la división de algunas oraciones para facilitar la lectura contemporánea y su reproducción mediante sistemas de texto a vozAautoridad-politicar, sin modificar el contenido doctrinal ni la fuerza de la condena pontificia. Los subtítulos y la división temática han sido añadidos por Proyecto Emaús y no pertenecen al documento original.


A todos los venerables hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos y Obispos.

Gregorio XVI, papa. Venerables Hermanos: salud y bendición apostólica.

1. La favorable acogida de Mirari vos

Nos habían llenado de singular alegría los ilustres testimonios de fe, obediencia y religiosidad que llegaron hasta Nos con motivo de Nuestra carta encíclica del 15 de agosto de 1832, recibida gozosamente en todas partes.

En aquella carta, conforme al deber de Nuestro oficio, expusimos a toda la grey católica la única doctrina sana que debía seguirse acerca de los principales asuntos allí tratados.

Aumentaron Nuestra alegría las declaraciones publicadas por algunos de aquellos que anteriormente habían aprobado y defendido con imprudencia las opiniones y consejos que tanto Nos afligían. Mediante esas declaraciones manifestaron su adhesión a Nuestras disposiciones.

Sin embargo, sabíamos que todavía no había desaparecido el mal que continuaba amenazando tanto el orden religioso como el civil. Así lo demostraban ciertos libelos sumamente desvergonzados, difundidos entre el pueblo, y algunas maquinaciones tenebrosas.

Por esta razón, en una carta enviada durante el mes de octubre a Nuestro venerable hermano el Obispo de Rennes, reprobamos severamente tales maniobras.

Nos proporcionó un gran consuelo que precisamente aquel de quien procedía principalmente Nuestra preocupación confirmara de manera explícita, mediante una declaración enviada el 11 de diciembre del año anterior, que seguiría «única y absolutamente» la doctrina transmitida en Nuestra encíclica, y que no escribiría ni aprobaría nada contrario a ella.

Abrimos entonces las entrañas de Nuestra caridad paternal a aquel hijo. Movido por Nuestras advertencias, esperábamos que en adelante ofrecería señales más claras de su obediencia a Nuestra decisión, tanto mediante sus palabras como mediante sus obras.

2. Publicación de Paroles d’un croyant

Pero sucedió algo que apenas parecía creíble.

Aquel a quien habíamos recibido con tanta benevolencia olvidó rápidamente Nuestra indulgencia y faltó a su promesa. La buena esperanza que habíamos concebido acerca del fruto de Nuestras advertencias quedó frustrada.

Llegó a Nuestro conocimiento un pequeño libro escrito en francés y publicado recientemente por él, aunque su nombre se encontraba oculto. Los documentos públicos, sin embargo, hacían manifiesta la identidad de su autor.

El libro, difundido por todas partes, lleva por título Paroles d’un croyant. Es pequeño por su tamaño, pero enorme por su perversidad.

3. Ataque contra la doctrina católica

Nos estremecimos, Venerables Hermanos, desde la primera lectura.

Compadeciendo la ceguera de su desdichado autor, comprendimos hasta dónde puede llegar una sabiduría que no procede de Dios, sino de los elementos del mundo.

Contra la promesa solemnemente formulada en su declaración, comenzó, mediante giros capciosos y artificios de palabras, a combatir y destruir la doctrina católica que habíamos definido en Nuestra carta anterior, mediante la autoridad confiada a Nuestra humilde persona.

Nos referimos a la doctrina sobre la debida sumisión a las autoridades; sobre la necesidad de preservar a los pueblos del contagio mortal del indiferentismo; sobre los límites que deben imponerse a la creciente licencia de opiniones y discursos; sobre la completa libertad de conciencia, que debe ser condenada; y sobre la criminal conspiración de sociedades cuyos miembros, incluso pertenecientes a falsas religiones, procuran destruir el orden religioso y civil.

4. Rebelión contra la autoridad religiosa y civil

El ánimo se horroriza al leer las proposiciones mediante las cuales el autor intenta romper todo vínculo de fidelidad y obediencia hacia los gobernantes.

Enciende por todas partes la antorcha de la rebelión para provocar la destrucción del orden público, el desprecio de las autoridades, la violación de las leyes y la ruina de los fundamentos de toda potestad, tanto sagrada como civil.

Mediante una interpretación nueva y perversa, presenta el poder de los gobernantes como contrario a la ley divina. Con una calumnia monstruosa, lo llama fruto del pecado y potestad de Satanás.

Aplica las mismas acusaciones infamantes a la jerarquía sagrada y a los gobernantes. Imagina que ambos se encuentran unidos mediante un pacto criminal para conspirar contra los derechos de los pueblos.

No satisfecho con semejante temeridad, proclama además una libertad absoluta de pensamiento, de palabra y de conciencia.

Desea toda clase de éxitos y prosperidad a quienes combatan, según sus palabras, para liberar esa libertad de la tiranía.

Convoca abiertamente, desde todas las partes del mundo y con furioso ardor, reuniones y asociaciones. Insistiendo en proyectos tan funestos, demuestra que también en este asunto pisotea Nuestras advertencias y mandatos.

5. Abuso de la Sagrada Escritura

Resulta doloroso enumerar todo cuanto, mediante semejante impiedad y audacia, se acumula en ese escrito para trastornar las realidades divinas y humanas.

Pero provoca especialmente Nuestra indignación, y es completamente intolerable para la religión, que el autor utilice las enseñanzas divinas para sostener tantos errores y difundirlos entre los incautos.

Después de invocar el santísimo nombre de la augusta Trinidad, habla como si hubiera sido enviado e inspirado por Dios. Se sirve de las Sagradas Escrituras para liberar a los pueblos de la ley de la obediencia.

Tuerce con audacia y astucia las palabras de la Escritura, que son palabra de Dios, para inculcar sus perversos delirios.

Así, como decía san Bernardo, ofrece tinieblas en lugar de luz y veneno en lugar de miel, o más bien veneno mezclado con miel. Inventa para los pueblos un nuevo evangelio y coloca un fundamento distinto del que ya ha sido puesto.

6. Condena perpetua del libro

Aquel que Nos estableció como centinela en Israel Nos prohíbe guardar silencio ante un daño tan grave causado a la sana doctrina.

Debemos advertir acerca del error a aquellos que Jesucristo, autor y consumador de la fe, confió a Nuestro cuidado.

Por tanto, después de haber oído a algunos de Nuestros venerables hermanos, los cardenales de la Santa Iglesia Romana, Nos, por propia iniciativa, ciencia cierta y plenitud de la potestad apostólica, reprobamos y condenamos el libro titulado Paroles d’un croyant.

Queremos y decretamos que sea tenido perpetuamente por reprobado y condenado.

Mediante un impío abuso de la palabra de Dios, dicho libro conduce a los pueblos a disolver los vínculos de todo orden público y a debilitar ambas autoridades, la religiosa y la civil.

Provoca, fomenta y sostiene sediciones, tumultos y rebeliones en los reinos.

Contiene proposiciones falsas, calumniosas y temerarias, que conducen a la anarquía, son contrarias a la palabra de Dios, impías, escandalosas y erróneas.

Son proposiciones que la Iglesia ya había condenado, especialmente en los valdenses, los seguidores de Wiclef, los husitas y otros herejes semejantes.

7. Deber de los obispos

Ahora os corresponde, Venerables Hermanos, secundar con todas vuestras fuerzas estas disposiciones, exigidas urgentemente por la salvación y seguridad del orden religioso y civil.

Procurad que un escrito semejante, salido de su escondite para esparcir destrucción, no cause mayores daños al complacer la pasión por novedades insensatas ni se propague entre los pueblos como un cáncer.

En un asunto de tanta importancia, es deber vuestro sostener la sana doctrina, descubrir los engaños de los innovadores y vigilar con mayor atención la custodia de la grey cristiana.

Así podrán florecer y crecer felizmente el celo por la religión, la piedad de las obras y la paz pública.

Esto esperamos confiadamente de vuestra fe y de vuestro celo por el bien común.

Con el auxilio de Dios, Padre de las luces, esperamos poder alegrarnos y decir con san Cipriano que el error fue comprendido, rechazado y finalmente destruido, porque fue reconocido y descubierto.

8. Un falso sistema filosófico

Por lo demás, debemos lamentar profundamente hasta dónde llegan los extravíos de la razón humana cuando alguien se entrega a las novedades y, contra la advertencia del Apóstol, intenta saber más de lo que conviene saber.1

Confiando excesivamente en sí mismo, cree que la verdad debe buscarse fuera de la Iglesia católica.

Sin embargo, en la Iglesia se encuentra la verdad sin la menor mancha de error. Por eso es llamada, y verdaderamente es, columna y fundamento de la verdad.2

Comprendéis bien, Venerables Hermanos, que hablamos también de aquel sistema filosófico falso, difundido recientemente y completamente reprobable.

Movido por un despreciable y desenfrenado deseo de novedades, no busca la verdad allí donde se encuentra con certeza.

Desprecia las santas tradiciones apostólicas y adopta doctrinas inútiles, vanas, inciertas y no aprobadas por la Iglesia.

Hombres sumamente presuntuosos creen, equivocadamente, que semejantes doctrinas pueden sostener y defender la verdad.

9. Esperanza en la conversión de Lamennais

Mientras escribimos estas cosas, cumpliendo el cuidado que Dios Nos ha confiado de reconocer, establecer y custodiar la sana doctrina, sufrimos por la dolorosísima herida que el error de este hijo ha causado a Nuestro corazón.

En medio del gran dolor que Nos aflige, no encontramos esperanza de consuelo mientras él no vuelva al camino de la justicia.

Elevemos, por tanto, los ojos y las manos hacia Aquel que es guía de la sabiduría y maestro de los sabios.3

Pidámosle insistentemente que conceda a este hombre un corazón dócil y un espíritu dispuesto a escuchar la voz de un Padre amantísimo y profundamente afligido.

Que apresure con su conversión la alegría de la Iglesia, la alegría de vuestro orden episcopal, la alegría de esta Santa Sede y la alegría de Nuestra humilde persona.

Consideraremos dichoso y feliz el día en que podamos estrechar contra Nuestro pecho paternal a este hijo, vuelto finalmente en sí.

Confiamos firmemente en que su ejemplo llevará también al arrepentimiento a otros que pudieron ser arrastrados al error por sus doctrinas.

Que exista entre todos una sola unidad de doctrina para la seguridad del orden religioso y civil; un mismo pensamiento, y una sola concordia en las obras y en los propósitos.

Pedimos y esperamos de vuestra solicitud pastoral que supliquéis junto con Nos al Señor para obtener un bien tan grande.

Invocando el auxilio divino para esta obra, impartimos amorosamente la Bendición Apostólica a vosotros y a las greyes confiadas a vuestro cuidado.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 25 de junio de 1834, cuarto año de Nuestro Pontificado.

Gregorio Papa XVI


NOTAS

(1) Romanos 12, 3.

(2) Primera carta a Timoteo 3, 15.

(3) Sabiduría 7, 15.

Fuente histórica principal: Acta Gregorii Papae XVI: scilicet constitutiones, bullae, litterae apostolicae, epistolae, vol. I, Roma, Tipografía Políglota de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, 1901, pp. 433-434.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.