Cuando se habla de los prodigios de Fátima, casi toda la atención suele concentrarse en el llamado Milagro del Sol del 13 de octubre de 1917. Sin embargo, durante los meses que precedieron a aquel acontecimiento, se registraron además, otros fenómenos extraordinarios, observados no solamente por los tres pastorcitos, sino también por los miles de concurrentes.
De entre todos ellos destaca particularmente lo sucedido el 13 de septiembre de 1917, fecha en la que tuviera lugar, la quinta aparición de Nuestra Señora en Cova da Iria. Aquel día las carreteras que conducían al lugar, estaban repletas de peregrinos; las estimaciones reproducidas por los historiadores de las apariciones, hablan de unas veinte a treinta mil personas. El propio Santuario de Fátima confirma que aquel 13 de septiembre tuvo lugar la quinta aparición y recuerda la multitud que acudió a la Cova.
Pero, además de lo contemplado por Lucía, Francisco y Jacinta, numerosos presentes afirmaron haber observado en el cielo una serie de fenómenos difíciles de clasificar: un globo o esfera luminosa que parecía aproximarse a la Cova, una extraordinaria lluvia de objetos blancos que desaparecían antes de alcanzar el suelo y una nube que se formaba y desvanecía repetidamente sobre el lugar de la aparición.
Un testigo excepcional: Mons. João Quaresma
Uno de los relatos más interesantes pertenece al sacerdote portugués, el padre João Quaresma, quien llegaría posteriormente a ser Vicario General de la diócesis de Leiria.
Quaresma, había acudido aquel día acompañado por los sacerdotes Manuel do Carmo Góis y Manuel Pereira da Silva. Los tres, se situaron deliberadamente a cierta distancia de la multitud, sobre una elevación desde la cual, podían observar lo que sucediera sin mezclarse con los peregrinos.
Quince años después, en 1932, Quaresma dejó por escrito sus recuerdos de aquella jornada en una carta dirigida a Mons. Carmo Góis. Su descripción resulta extraordinariamente precisa.
Alrededor del mediodía reinaba un profundo silencio en la Cova, interrumpido solamente por el barullo de las oraciones. Repentinamente, comenzaron a escucharse voces entre los peregrinos. Muchos levantaban los brazos y señalaban hacia el cielo.
Quaresma miró entonces hacia arriba. El cielo estaba azul y despejado. Y fue entonces cuando, según escribió, «vi clara y distintamente un globo luminoso».
El objeto en cuestion, se desplazaba de este a oeste, lentamente, atravesando el cielo con un movimiento que Quaresma calificó de «majestuoso». Sus dos compañeros sacerdotes también lo observaron.
Poco después, la esfera desapareció de la vista de Quaresma. Sin embargo, junto a ellos se encontraba una niña aproximadamente de la edad de Lucía, que continuaba siguiéndola con la mirada y exclamaba que todavía podía verla y la que luego gritó que estaba descendiendo.
El relato recogido por Frère Michel de la Sainte Trinité en The Whole Truth About Fatima (Toda la verdad sobre Fátima ), indica que el fenómeno parecía aproximarse a la encina alrededor de la cual se desarrollaban las apariciones. Mientras esto ocurría, la luminosidad solar disminuyó y el ambiente adquirió una tonalidad amarillo-dorada. Algunos testigos llegaron incluso a afirmar que podían distinguir estrellas en el firmamento.
Una “lluvia” que no llegaba al suelo
Mientras los pastorcitos conversaban con Nuestra Señora, una parte considerable de los peregrinos comenzó a observar otro fenómeno: Desde lo alto, descendían lentamente pequeñas formas blancas y brillantes. Los testimonios demuestran la dificultad que encontraban aquellas personas para describir lo que estaban viendo. Algunos las compararon con: copos de nieve, pétalos blancos, estrellas y rosas. Uno de los testigos hizo una precisión extraordinariamente interesante: tenían el aspecto de pequeñas formas blancas semejantes a palomas, pero podía verse claramente que no eran aves. Descendían lentamente por el aire desde gran altura. Y entonces sucedía lo más extraño: no llegaban al suelo.
Los testigos afirmaron que aquellas formas blancas desaparecían conforme se aproximaban a tierra. Otros describieron el fenómeno como una lluvia de rosas blancas que se desvanecía antes de tocar el terreno.
¿Palomas, pétalos, nieve o estrellas?
Es precisamente esta variedad de comparaciones la que resulta significativa. Cuando una persona contempla un objeto conocido, normalmente lo identifica por su nombre: un pájaro, una hoja, una nube. Pero cuando presencia algo que no reconoce, recurre inevitablemente a analogías: «parecía nieve», «parecían pétalos», «parecían estrellas», «parecían palomas». Por ello, no necesariamente estamos ante testimonios contradictorios. Podrían ser simplemente distintas maneras de describir un fenómeno para el cual los observadores carecían de una categoría familiar. Incluso, el propio relato conservado, reconoce esta dificultad: los testigos no parecían saber exactamente cómo describir aquello que descendía sobre la Cova.
La misteriosa nube sobre la encina
Al mismo tiempo ocurrió un tercer fenómeno: Sobre el pequeño árbol alrededor del cual se congregaban los niños comenzó a formarse una especie de nube clara o humo. Según la descripción recogida por Frère Michel, la nube surgía desde las proximidades del suelo, se espesaba y ascendía hasta aproximadamente cinco o seis metros de altura. Después desaparecía como humo dispersado por el viento.
Lo extraordinario es que el fenómeno volvió a repetirse. Se formó una segunda vez.Y nuevamente desapareció. Y después volvió a producirse por tercera vez!
La sucesión de las tres formaciones y desapariciones, coincidió aproximadamente con los diez o quince minutos que duró la aparición. El autor compara gráficamente aquellas nubes con el humo producido por invisibles turíbulos que estuviesen incensando el lugar. El obispo de Leiria llegaría posteriormente a referirse a aquel fenómeno como, humanamente hablando, inexplicable.
Y la esfera volvió a aparecer
Pero el episodio de la esfera luminosa todavía no había terminado. Cuando concluyó la aparición, Lucía indicó a los presentes que mirasen nuevamente hacia el cielo, señalando hacia el este. Según Quaresma, volvió entonces a hacerse visible el objeto luminoso. Esta vez lo describe con forma ovalada.
La niña que se encontraba cerca de los sacerdotes comenzó nuevamente a seguirlo con la vista mientras decía que estaba subiendo. La esfera ascendió y terminó desapareciendo en dirección al este, hacia la zona del sol.
La secuencia descrita por los testigos resulta, por tanto, sumamente curiosa:
Este → oeste → descenso hacia Cova da Iria → duración de la aparición → ascenso → este.
Quaresma preguntó inmediatamente a uno de sus compañeros qué pensaba del globo que acababan de contemplar. Su compañero no dudó: lo relacionó inmediatamente con Nuestra Señora. Quaresma compartía la misma convicción y empleó después una expresión llamativa, diciendo que a los pastorcitos les había correspondido contemplar a la Madre de Dios, mientras que a ellos se les había permitido observar, según su manera de expresarse, el “medio de transporte” que la había conducido hasta la Cova.
Un detalle desconcertante: no todos veían lo mismo
Quizá uno de los aspectos más interesantes de los fenómenos de septiembre sea que no todos los presentes percibieron exactamente lo mismo. Algunas personas observaron la esfera; otras no. Algunos vieron las formas blancas descendiendo; otros no percibieron nada.
Maria Rosa, madre de Lucía, y Olímpia Marto observaron únicamente la nube sobre la encina. El canónigo Manuel Nunes Formigão estuvo allí y declaró no haber visto el globo, aunque escuchaba a otros describirlo. Otro testigo, Carlos Mendes, se encontraba junto a los niños y posteriormente declaró que, aunque oyó a la gente hablar de luces y pétalos que caían del cielo, él personalmente no vio aquellos fenómenos. Más extraño todavía es el episodio de Quaresma: mientras él y los sacerdotes dejaron de ver la esfera, la niña que estaba a su lado aparentemente continuaba siguiéndola.
El fenómeno parecía, por tanto, tener una suerte de percepción diferencial. El autor de The Whole Truth About Fatima considera precisamente esta característica como uno de los aspectos más misteriosos de las apariciones: personas situadas unas al lado de otras podían percibir fenómenos diferentes o durante períodos distintos.
Es necesario recordar, la similitud con la experiencia personal de los tres pastorcitos al presentarse Nuestra Señora: Lucía la veía, la oía y podía hablarle; Jacinta la veía y la oía, pero no podía hablarle; Francisco solo la veía, pero no oía las palabras de la Virgen y tampoco podía hablar con Ella. Por eso Lucía y Jacinta tenían que contarle después lo que Nuestra Señora había dicho. El propio Santuario de Fátima lo recoge así. La interpretación espiritual más coherente; y la que utiliza también el Santuario, es que los tres recibieron gracias distintas conforme a una misión distinta
No había comenzado en septiembre
Los acontecimientos de aquel 13 de septiembre tampoco aparecieron exclusivamente en aquella fecha. Durante las apariciones anteriores, ya se habían reportado extraños fenómenos atmosféricos y luminosos. Uno de los episodios más notables ocurrió el 13 de agosto, precisamente cuando los tres pastorcitos no pudieron llegar a Cova da Iria, pues habían sido detenidos por el administrador de Vila Nova de Ourém, el masón Artur de Oliveira Santos. Entre dieciocho y veinte mil personas los esperaban, pero los niños nunca aparecieron ese día.
Mientras tanto en el lugar de las apariciones, la multitud escuchó un fuerte estruendo. Luego se observó un destello y posteriormente una pequeña nube blanca sobre la encina, que permaneció allí algunos instantes antes de elevarse y desaparecer. Los presentes también informaron de extraordinarios cambios de luminosidad y color: rostros, árboles, ropa y suelo parecían adquirir tonalidades rosadas, rojas, azules y otras coloraciones inusuales. Según un testimonio posterior de Manuel Gonçalves (natural y residente en Montelo, perteneciente a la parroquia de Fátima), en agosto aquellos signos fueron percibidos por prácticamente todos los presentes.
Como nota aparte, cabe resltar que este acontecimiento, posee una particular importancia desde el punto de vista testimonial, pues los pastorcitos no estaban allí para sugerir (sugestionar, como sugieren los enemigos de las aparaciones) a la multitud cuándo mirar, hacia dónde hacerlo o qué debía esperar.
Septiembre, preludio del gran signo de octubre
Todo esto sucedió un mes antes del acontecimiento que terminaría haciendo mundialmente conocido a Fátima. El 13 de octubre, la Cova da Iria recibiría una multitud mucho mayor. El Santuario de Fátima recuerda el testimonio publicado entonces por el periódico masón O Século, según el cual decenas de miles contemplaron el extraordinario fenómeno que pasaría a conocerse como el Milagro del Sol.
El milagro de octubre, había sido anunciado expresamente con anticipación, con la promesa de un signo para que todos pudieran ver y creer. Los acontecimientos anteriores — luces, nubes, sonidos, cambios atmosféricos y la esfera de septiembre — no habían sido anunciados de esa manera y, según los testimonios, tampoco eran percibidos necesariamente por todos los presentes.
¿Qué fue realmente aquella esfera?
Un lector moderno puede sentirse tentado a clasificar inmediatamente aquella descripción utilizando categorías contemporáneas: Un objeto luminoso, en el cielo despejado, con movimiento horizontal ,aparentemente organizado, que desciende, desaparece,y finalmente reaparece y se desvanece. Hoy probablemente alguien utilizaría las expresiones OVNI o UAP, que literalmente no significan más que objeto o fenómeno aéreo cuya naturaleza no ha sido identificada. Y sin embargo, utilizar esas palabras no explicaría absolutamente nada.
Para Frère Michel de la Sainte Trinité, los fenómenos del 13 de septiembre constituyen precisamente una manifestación sensible y secundaria de aquello que solamente los tres pastorcitos podían contemplar plenamente.
Para Quaresma y para quienes estaban allí, el contexto era completamente diferente. El fenómeno coincidía exactamente con una aparición religiosa que venía repitiéndose desde mayo y que, según los pastorcitos, tenía por protagonista a la Santísima Virgen. Por eso ellos interpretaron espontáneamente aquella luz en relación con la aparición. Y quizás aquí se encuentra uno de los aspectos más interesantes de estos testimonios para el hombre moderno. Bien podriamos conluir — al igual que Quaresma — «A los tres niños se les concedió ver a Nuestra Señora, a nosotros, el ver el medio de transporte que la trajo a nuestras tierras…»
Fátima todavía guarda detalles que, eclipsados por el gran Milagro del Sol, permanecen sorprendentemente poco conocidos.
Fuentes:
Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volume I: Science and the Facts, especialmente el capítulo dedicado al 13 de septiembre y su apéndice “The Atmospheric Phenomena From May 13 to September 13”. Allí se reproducen el testimonio de Mons. João Quaresma y otras declaraciones de testigos.


