Día 9: La Visitación y la caridad para con el prójimo
En este punto, Sardá y Salvany nos lleva de la mano de la Santísima Virgen hacia la casa de su prima Santa Isabel. Es la meditación sobre la caridad externa de la familia, enseñándonos que el hogar cristiano debe ser fuente de luz y socorro para los demás.
PUNTO PRIMERO. Considera, alma devota, cómo la Virgen Santísima, apenas convertida en sagrario viviente del Verbo, se apresura a llevar la alegría y la gracia a la casa de su parienta Santa Isabel. No la detienen las asperezas del camino ni la delicadeza de su estado; la caridad de Cristo la urge. Es este misterio que la familia que verdaderamente posee a Dios, siente la necesidad de comunicarlo. Una familia cristiana que se despreocupa de las necesidades de sus hermanos, que no visita al enfermo o que no socorre al necesitado, tiene una piedad estéril. En Nazaret, la caridad empezaba en el hogar, pero se desbordaba hacia todo aquel que padecía necesidad o buscaba consuelo.
PUNTO SEGUNDO. Mira el saludo de María y cómo su sola presencia santifica la casa de Zacarías. ¡Qué gran lección para nuestras visitas y relaciones sociales! El espíritu del mundo ha convertido las visitas familiares en ocasiones de vana ostentación, de crítica mordaz o de pérdida de tiempo. En cambio, la visita de María es un acto de servicio y de santificación. Considera si cuando sales de tu hogar para tratar con otros, llevas contigo el buen olor de Cristo o si, por el contrario, te dejas contagiar por las máximas del siglo. El hogar cristiano debe ser una escuela de apostolado; de él deben salir consuelos para el triste y auxilio para el pobre, haciendo que todos al vernos exclamen: «¡Ved cómo se aman!».
Propósito Práctico
Hoy realizaré una obra de misericordia en nombre de la Sagrada Familia: visitaré a un pariente anciano, tendré un detalle de caridad con un vecino necesitado o evitaré participar en cualquier conversación donde se hable mal del prójimo, honrando así la visita de María a Isabel.
Oración Final
¡Oh Jesús, María y José!
Vosotros que sois la fuente de la verdadera caridad, concedednos un corazón sensible a las penas de nuestros semejantes. Haced que nuestra familia no viva encerrada en su propia comodidad, sino que sea un faro de luz y de socorro para todos los que nos rodean. ¡Oh María!, prestadnos vuestros pies para ir al encuentro del necesitado y vuestros labios para anunciar las maravillas del Señor. Amén.
(Aquí se rezan tres Avemarías y un Gloria)
¿Quién fue D. Félix Sardá y Salvany?
Félix Sardá y Salvany (Sabadell, 1841 – 1916) fue uno de los sacerdotes, escritores y apologistas más influyentes de la España del siglo XIX. Conocido por su inquebrantable defensa de la fe católica frente a las corrientes del pensamiento moderno, dedicó su vida a la «Propaganda Católica», utilizando la prensa como su principal púlpito.
Aunque su obra más famosa fue «El liberalismo es pecado», su labor pastoral más íntima se centró en la santificación de las familias a través de devocionarios y hojas espirituales. Fue un firme defensor de que el hogar cristiano es la primera trinchera de la fe, y que la imitación de la Sagrada Familia de Nazaret es el único remedio eficaz contra la desintegración de la sociedad.
Sardá y Salvany no solo escribía; vivía lo que predicaba. Fue un hombre de gran caridad, fundador de instituciones de ayuda y un incansable promotor de la devoción al Sagrado Corazón y a la Sagrada Familia. Sus textos se caracterizan por una prosa vibrante, una doctrina segura y un estilo directo que busca siempre mover la voluntad del lector hacia la virtud práctica.
«La familia que reza unida, permanece unida bajo el manto de la Providencia.»
