Santisimo

Forma de ofrecer la Visita al Santísimo Sacramento

Publicado el 6 de noviembre de 2022

Actualizado el 17 de abril de 2025

Archivado en: Benditas Ánimas

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Forma de ofrecer la Visita al Santísimo Sacramento para ganar las indulgencias de las 40 horas extraída del Devocionario en favor de las benditas animas del purgatorio por el R.P Antonio Donnadoni S.J.

MODO DE OFRECER LA VISITA

del

Santísimo Sacramento

PARA GANAR LAS INDULGENCIAS
DE LAS CUARENTA HORAS

Oración

Señor, deseo ganar las indulgencias concedidas por el Sumo Pontífice y de más Prelados de la Iglesia a los que os visitan estando expuesto, en este santo ejercicio; por esto os ruego por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, salud y acierto en el gobierno de la Iglesia al Sumo Pontífice y demás Prelados de ella, a cuyos fines os ofrezco esta visita.

ACCIÓN DE GRACIAS

Te Deum Laudamus

A Ti, Dios, te alabamos; a Ti Señor te confesamos.
A Ti, Padre Eterno, toda la tierra te venera.
A Ti, los Querubines y Serafines te aclaman sin cesar: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los Cielos y la Tierra de la grandeza de tu gloria.
A Ti, el glorioso coro de los Apóstoles.
A Ti, el loable número de los Profetas.
A Ti, te alaba el inocente y numeroso ejército de los Mártires.
A Ti, la Iglesia Santa te confiesa en todo el mundo: Padre Eterno de inmensa majestad.
Y a tu adorable, verdadero y único Hijo, engendrado en la sustancia del Padre.
Y también al Espíritu Santo consolador, que procede del Padre y del Hijo.
Tú ¡Oh Cristo! Eres el Rey de la gloria.
Tú eres el Hijo Eterno del Eterno Padre.
Tú, para librar al hombre, te humanizaste y no desdeñaste encarnarte en el vientre de una Virgen.
Tú, después de haber quebrantado el aguijón de la muerte,
abriste a los creyentes el reino de los Cielos.
Tú, estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.
De donde creemos que vendrás como juez a juzgar a los vivos y muertos.
Por tanto, te rogamos, Señor, que socorras con tu asistencia a tus siervos, que has redimido con tu preciosa Sangre.
Haz que seamos del número de tus Santos en la gloria eterna. Salva, Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad.
Y rígelos y ensálzalos eternamente.
Todos los días te bendecimos y alabamos tu nombre eternamente, y por los siglos de los siglos.
Dígnate, Señor, preservarnos de caer este día en pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Desciende, Señor sobre nosotros tu misericordia, porque en Ti hemos puesto nuestra esperanza.
En Ti, Señor, espero; no seas jamás confundido. Amén.

Himno de Santo Thomas de Aquino

Adórote, mi Dios, devotante,
oculto en ese cándido accidente:
A Ti mi corazón está rendido
y contemplando en Ti, desfallecido.

La vista, el tacto, el gusto se equivoca,
el oído al acento fiel provoca:
Creo firme y constante cuanto dijo
en la Cruz la Deidad estaba oculta,
aquí aún la humildad amor sepulta.

Uno y otro creyendo y confesando,
pido que el ladrón pidió penando,
como Tomás, la llaga no percibo,
mas por Dios te confieso eterno y vivo,
haz que a Ti crea siempre más constante,
en Ti espere y te sea fino amante.

¡Oh excelso Memorial de tu tormento!
Pan vivo que a los hombres das aliento,
concédeme que mi alma de Ti viva,
y tu dulce sabor siempre perciba.

Con tu sangre, Pelícano sagrado,
lávame de las manchas del pecado,
pues una sola gota es suficiente
para salvar al mundo delincuente.

¡Oh Jesús, que con velo ahora te miro!
Hágase lo que tanto yo suspiro,
para que sea al verte claramente
en la gloria dichoso eternamente. Amén.

Oración

PARA PEDIR LA BENDICIÓN

DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Divino Salvador de nuestras almas, que os dignasteis dejarnos vuestro precioso Cuerpo y Sangre en el Santísimo Sacramento del altar: yo os adoro con un profundo respeto, y os doy humildes gracias por todas las mercedes que nos concedéis; y por ser Vos la fuente de todas las bendiciones, os suplico encarecidamente las derraméis hoy sobre mí y a los demás por quienes tengo intención de rogaros. Mas para que nada paralice el curso de estas bendiciones, arrancad de mi corazón cuanto os desagrada ¡Oh Dios mío! Perdóname mis pecados; aborrézcolos sinceramente por vuestro amor; purificad mi corazón; santificad mi alma; bendecidme Dios mío, con una bendición igual a la que recibieron vuestros discípulos cuando os separasteis de ellos para subir al Cielo. Bendecidme con una bendición que me mude, me consagre y me una perfectamente a Vos y que, llenándome de vuestro espíritu, me sea, desde esta vida, una prenda segura de la que preparáis a vuestros escogidos. Os lo pido en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

DEVOCIÓN A JESÚS, MARÍA Y JOSE
PARA EL DÍA PRIMERO DE CADA MES

Acto de contrición

Padre Eterno, Padre clementísimo, Señor Dios de las misericordias, Dios piadoso, Dios benigno, Dios de todo consuelo, Dios único, refugio de los grandes pecadores; yo, el mayor de todos, vengo a Ti, me postro en tu divina presencia y con todo el vigor de mi espíritu, confieso delante de tu Majestad mis ingratitudes, mis iniquidades y mis abominaciones.

Señor y Dios mío, no soy digno de llamarme ni aún criatura tuya. Tú, Dios omnipotente, me sacaste de la nada, y me escogiste entre infinitas criaturas que te hubieran servido mejor que yo. Tú, gran Dios, has multiplicado esta bondad, conservándome la vida en todos los instantes en que me he atrevido a pecar delante del Cielo y de la Tierra. Tú, Dios misericordioso, me has sufrido, me has tolerado en este último mes, sin embargo de que ingrato, he marcado quizás todos mis días con algún crimen: confieso, Dios benignísimo, que en todas sus horas y en todos sus instantes he sido acaso infiel a mis promesas, he quebrantado mis propósitos, y que, lejos de llorar y hacer penitencia de mis antiguas iniquidades, he añadido un pecado a otro pecado y he puesto delito sobre delito. ¿Qué penitencia será bastante para lavar y purificar tantos y tan monstruosos crímenes? Ninguna, Dios y Señor mío. Para satisfacerte y evitar mi perdición, no tengo otro refugio ni otra esperanza que la de postrarme ante el trono de tu misericordia, suplicarte que me concedas las gracias de un verdadero dolor de mis culpas y protestarte delante de tus Ángeles y de los hombres, que me pesa, y que me arrepiento de haberte ofendido; que les tengo y les tendré un odio implacable a mis pecados, y que quisiera deshacerlos, sacrificando en tu honor mil vidas que tuviera.

Padre Eterno,escucha mis clamores, no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu Divino Espíritu; aparta tu santo rostro de mis iniquidades, vuelve a mi tus ojos de piedad, no veas al hombre pecador mira el rostro ensangrentado de tu Hijo Jesús, mira todo el mérito de su Madre María, atiende a los servicios de su esposo José, y, por su piadosa intercesión, vivifícame, restitúyeme a tu gracia, y pon a tus espaldas todas mis iniquidades; fortalece mi fragilidad sofoca mis pasiones, arranca mis vicios, concédeme la paz del corazón, el gusto en la observancia de tu ley santa, el sufrimiento en los trabajos, la conformidad con tu divina voluntad, la abnegación de mi mismo y la perseverancia final, para gozarte por los siglos de los siglos. Amén.

Oración

Sagradas personas de Jesús, María y José; nombres dulcísimos, sin cuya intercesión no se puede conseguir la salud, rogad por mí, suplicadle al Padre de las misericordias que me perdona todos los pecados que he cometido en este último mes. Jesús amorosísimo, manifiesta al Eterno Padre tus cinco llagas y pídele que no se pierda en mí el fruto de la perfecta satisfacción que con ellas le diste. Virgen Santísima, por las entrañas sagradas que abrigaron al mismo Hijo de Dios y por los pechos virginales que alimentaron a tu Hijo, te suplico que ruegues por mí y que me alcances el perdón de mis culpas. Gloriosísimo señor San José, que fuiste exaltado a la dignidad de ejercer en la Tierra las funciones del Padre Eterno respecto de Jesús y las del Espíritu Santo respecto de María: intercede por mí; ruega por mí y dispénsame tu poderosa protección, Jesús, María y José, nunca se ha oído que quede desamparado quien implora vuestra clemencia; abrid pues, para mí, las entrañas de vuestra misericordia; no permitáis que sea yo confundido; interceded, para que se borren mis iniquidades y alcanzadme un perfecto dolor de ellas, para que en el presente mes no os disguste con mis infidelidades y reincidencias, sino que os ame, os sirva, os adore, os bendiga y os alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Jesús, José y María, yo os doy mi corazón y el alma mía.

Aquí la petición.

Oración

¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! ¡Oh Madre amabilísima de Dios Hombre! ¡Oh José, Padre de Jesús y Esposo de María! ¿A qué poder más grande que el vuestro podré recurrir para alcanzar las gracias espirituales y temporales que necesito en este mes? Vosotros estáis interesados en el bien de los hombres, los amáis con un amor sumo y perfecto y deseáis su completa felicidad. Jesús, María y José, según los decretos del Altísimo, estáis constituidos para ser los protectores, los abogados, los defensores, los ministros, los únicos y seguros conductos por donde se nos dispensan sus bondades. El Dios grande e infinito no quiere franquearlas por otras manos, y se complace y tiene verdadera satisfacción en que todas las impetremos por la mediación vuestra. ¿Qué otro patrocinio, pues, debo ni puedo buscar, sino el vuestro? No; no queda en mí libertad para solicitar otros abogados. Jesús, María y José con todo gusto me veo necesitado a recurrir a vuestra protección. Si volvéis a mi vuestro piadoso rostro, con sólo esta gracia vendrán a mi todas las que necesito en este mes; con vuestro auxilio domaré mis pasiones, triunfaré de mí mismo, me apartaré de lo malo y practicaré lo bueno, buscaré la paz y la hallaré; y entonces, mi alma, mi corazón, mis potencias y sentidos serán dignos de vuestras bondades: ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! Deseo transformarme en Vos, deseo no tener más corazón que para amaros y no deseo otro espíritu sino el mayor para serviros. ¡Oh Dios Todopoderoso! Usad conmigo de misericordia, haced que muera, que se aniquile en mi todo el amor propio, toda la inclinación a los vicios y todo el afecto a las criaturas, para que no haya en mí otro amor que el de Jesús, María y José y para que en todas las horas del presente mes, mis palabras, mis obras y hasta mis últimos pensamientos sean en Jesús, por Jesús y para Jesús.

¡Oh sagrada e incomparable Familia! ¿Qué cosa podréis pedir al Altísimo que no se os conceda? Vosotros sois los plenipotenciarios del Cielo. Una súplica vuestra impele al Padre Eterno, como que le obliga y pone en necesidad de otorgar vuestras peticiones. Jesús Divino, Tú eres el primer Pontífice constituido para ser abogado de todos los hombres. Tú, María Santísima, fuiste criada para ser Madre de Dios y de los pecadores. A Ti, glorioso Señor San José encomendándote el cuidado de Jesús y de María, se te encargó en esto mismo la protección del género humano. Despeñad estos honrosos y amorosos oficios protegiendo a toda la Congregación de la Iglesia Santa; atended a sus necesidades actuales, escuchad sus clamores defendedla de sus enemigos y conservad pura y sin mancha nuestra Santa Religión. Proteged también, iluminad y fortaleced a todos los jefes del Estado. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! Amparad a todos los que en este mes imploren vuestros dulcísimos nombres; confortadlos en vuestros servicios, para que os bendigan y os amen en la Tierra, y después os gocen y alaben por toda la eternidad en el Cielo. Amén.

Jaculatorias

Jesús amorosísimo, bendito seas, alabado, ensalzado y glorificado, porque te quedaste en el Santísimo Sacramento del Altar, por nuestro amor. Virgen purísima, en Ti sea bendito, alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque aquel Cuerpo y aquella Sangre los formó el Espíritu Santo en tus virginales entrañas.

José gloriosísimo, en ti sea bendito, alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque cargaste en tus brazos y alimentaste con el sudor de tu rostro aquel Cuerpo y aquella Sangre que nos sustenta y fortalece.

Oración

Al dulce nombre del Señor San José, la cual se podrá decir todos los días.Patriarca felicísimo José, abogado fidelísimo de los mortales, José santo, José justo, José inocente. José bienaventurado, ¡Quién pudiera tener siempre en la boca tu nombre y no despedir un solo aliento, una respiración sino acompañada de tu nombre santísimo! ¡Quién pudiera nombrar siempre a José con aquel puro amor y con aquella gracia con que lo pronunciaba María Santísima su Esposa! Acuérdate, José mío de aquella prontitud con que acudías a ver a tu Esposa cuando te llamaba, y date prisa para acudir a mi mayor necesidad en la hora de la muerte, para que ahuyentando al demonio, despida yo el último aliento envuelto en tu nombre y en el nombre de Jesús y de María. Amén.

Cordero de Dios

 

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.