Por amor a la verdad: el pontificado de Francisco a la luz de la Tradición
Parte II
Tras el fallecimiento de Francisco, hemos considerado oportuno esperar un tiempo prudente antes de publicar una serie de artículos que, lejos de atacar la memoria de un personaje público querido y respetado por muchos, buscan primordialmente despejar las graves y serias dudas que dejó durante su pontificado.
Hemos observado con preocupación cómo buena parte del clero ha hecho eco de ciertos errores, ignorando la rica tradición de dos mil años de la Iglesia Católica, y amplificando lamentablemente el daño espiritual que estos descuidos doctrinales provocan en los fieles.
Es precisamente sobre esta sólida tradición que nos basamos, siguiendo el sabio consejo de San Vicente de Lerins, quien enseñaba que:
Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica.
Con este espíritu, basándonos en la tradición católica, defendida, preservada y transmitida hasta nosotros por legiones de Santos, Mártires, Papas y laicos comprometidos, presentamos esta serie de artículos, cuyo único propósito es servir de guía a los fieles en el camino de la salvación de sus almas, y para que (contrastando con la sana doctrina católica) puedan discernir la verdad del error. Humildemente, todo sea siempre para la mayor gloria de Dios.
***
6. Filiación divina universal sin conversión ni bautismo
Francisco ha dicho repetidamente que «todos somos hijos de Dios», sin matices. Pero según la enseñanza católica, somos criaturas de Dios por naturaleza, pero hijos de Dios solo por gracia, mediante Cristo y el bautismo (cf. Jn 1,12; Gal 3,26-27).
Todos somos hijos de Dios?:
Todos somos hijos de Dios, todos. Incluso los que no creen, todos.
Homilía, 3 de enero de 2019, entre otras repeticiones del mismo concepto.
Esto sugiere que la filiación divina es automática, universal, e independiente de la fe o del bautismo, lo cual contradice abiertamente la enseñanza católica.
Lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
Por el Bautismo, el cristiano es sacramentalmente asimilado a Jesús, que por su Pascua ha realizado la salvación del género humano. […] El bautizado se convierte en ‘hijo de Dios’.
Catecismo de la Iglesia Católica 1279 (CIC)
Además:
Esta incorporación a Cristo y a la Iglesia realizada por el Bautismo se configura como un nuevo nacimiento, por el cual el hombre se convierte en hijo adoptivo del Padre.
Catecismo de la Iglesia Católica 1271 (CIC)
Por lo tanto, decir que “todos somos hijos de Dios” sin distinción entre bautizados e incrédulos confunde la verdad revelada, anula la necesidad de conversión y debilita la misión de la Iglesia.
7. Redención universal mal entendida (salvación automática)
Este tipo de afirmación, aunque teológicamente correcta en cuanto a la redención objetiva, es presentada sin matices ni distinción, lo que puede interpretarse como una salvación universal sin conversión. Justamente para evitar esta ambigüedad que conlleva al error y la confusión, la doctrina católica ha de ser siempre clara, precisa.
“El Señor ha redimido a todos con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! Incluso a los ateos. Todos.”
Homilía en Santa Marta, 4 de diciembre de 2013
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica
“No se puede salvar quien, conociendo que la Iglesia fue fundada por Dios a través de Jesucristo como necesaria, rehúsa entrar en ella o permanecer en ella.”
Catecismo de la Iglesia Católica 846 (CIC)
Además:
“Dios quiere que todos los hombres se salven (1 Tim 2,4), pero para eso, es necesario que el hombre acepte libremente su gracia.”
Catecismo de la Iglesia Católica 2022 (CIC)
Presentar la redención como equivalente a salvación, sin necesidad de conversión personal, niega la gravedad del pecado, sus consecuencias, y la necesidad de la gracia. Es una visión humanista, no cristocéntrica.
8. Inversión del orden natural y sobrenatural
Uno de los errores más sutiles pero profundos del pontificado de Francisco es la inversión del orden entre lo natural y lo sobrenatural, es decir, colocar el bienestar temporal, la fraternidad humana, la ecología o la justicia social por encima de la salvación eterna y de la vida de la gracia.
En documentos clave como Laudato si’ o Fratelli tutti, y en múltiples discursos, se prioriza el lenguaje y las preocupaciones de organismos internacionales (ONU, UNESCO, etc.) por encima del anuncio de Cristo como único Salvador.
“La fraternidad debe ser promovida por todas las religiones del mundo […] sin imponer verdades doctrinales ni defenderlas”
(Fratelli tutti, n. 285, resumido)
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“El fin último del hombre está más allá del orden natural. Solo Dios puede capacitar al hombre para alcanzarlo.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1998 (CIC)
Además:
“La vocación del hombre a la vida eterna supera el orden natural.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1998 (CIC)
Al poner la fraternidad humana, el desarrollo sostenible o la inclusión por encima de la vida de gracia, se invierte el orden querido por Dios: lo temporal queda por debajo de lo eterno, y lo natural debe estar subordinado a lo sobrenatural. Cuando esto se invierte, como sucedió en el discurso dominante de su pontificado, se disuelve el verdadero rostro de la Iglesia como Madre y Maestra, enviada no solo a consolar sino a salvar.
9. Negación práctica de la misión evangelizadora
A lo largo del pontificado de Francisco, se evidenció una negación práctica de la misión evangelizadora de la Iglesia, tal como fue mandada por Cristo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15).
“El proselitismo (evangelizar) es una solemne tontería, no tiene sentido. Hay que conocer, escuchar y hacer crecer el mundo que nos rodea.”
Entrevista con Eugenio Scalfari, La Repubblica, 1 de octubre de 2013
Aunque en el lenguaje oficial se sigue hablando de “evangelización”, en la práctica se ha promovido un modelo de diálogo interreligioso, respeto a las culturas y coexistencia pacífica que diluye o directamente reemplaza la urgencia del anuncio de Cristo como único Salvador.
Esto se hace evidente en gestos y documentos donde se evita cualquier llamado a la conversión o al abandono de errores doctrinales, como si todas las religiones fueran caminos igualmente válidos hacia Dios.
Lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica al respecto:
“El deber de anunciar el Evangelio pertenece al corazón mismo de la identidad cristiana.”
Catecismo de la Iglesia Católica 905 (CIC)
Además:
“Los discípulos de Cristo deben anunciar la Buena Nueva de la salvación con su vida y con sus palabras. […] Esta misión exige que todos los fieles anuncien a Cristo con valor.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1816 (CIC)
La Iglesia no existe para ser neutral ni para acompañar sin rumbo: existe para anunciar a Cristo, el único nombre dado a los hombres para su salvación (Hechos 4,12). Cuando se omite esa misión, aunque sea con buenas intenciones o en nombre de la paz y el respeto, se traiciona el mandato del Señor y se condenan las almas al silencio de una verdad no proclamada.
10. Silenciamiento del pecado personal y necesidad de arrepentimiento
A lo largo del pontificado, Francisco ha minimizado o evitado constantemente el lenguaje claro sobre el pecado personal, centrándose casi exclusivamente en estructuras sociales, “heridas” o condicionamientos culturales. Su predicación se ha enfocado en el consuelo, la inclusión y la ternura, pero rara vez en el llamado urgente al arrepentimiento, que es el inicio del Evangelio:
“Dios no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.”
(Angelus, 17 marzo 2013) | Cierto, pero no habla del pecado ni llama a la conversión concreta.
Y luego se refiere al sacramento de la Confesión de la siguiente manera:
“El confesionario no debe ser una sala de tortura.”
Evangelii Gaudium (n. 44)
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“El pecado es una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta; es una ofensa a Dios.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1849 (CIC)
Además:
“La confesión sacramental es necesaria para la reconciliación con Dios cuando uno está consciente de haber cometido un pecado grave.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1456 (CIC)
Si se elimina la conciencia del pecado, no hay necesidad de salvación. Al minimizar el pecado personal y sustituirlo por un lenguaje terapéutico o social, el pontificado de Francisco ha contribuido a una crisis de fe: una religión sin cruz, sin juicio y sin redención concreta.