Por amor a la verdad: el pontificado de Francisco a la luz de la Tradición
Parte III
Tras el fallecimiento de Francisco, hemos considerado oportuno esperar un tiempo prudente antes de publicar una serie de artículos que, lejos de atacar la memoria de un personaje público querido y respetado por muchos, buscan primordialmente despejar las graves y serias dudas que dejó durante su pontificado.
Hemos observado con preocupación cómo buena parte del clero ha hecho eco de ciertos errores, ignorando la rica tradición de dos mil años de la Iglesia Católica, y amplificando lamentablemente el daño espiritual que estos descuidos doctrinales provocan en los fieles.
Es precisamente sobre esta sólida tradición que nos basamos, siguiendo el sabio consejo de San Vicente de Lerins, quien enseñaba que:
Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica.
Con este espíritu, basándonos en la tradición católica, defendida, preservada y transmitida hasta nosotros por legiones de Santos, Mártires, Papas y laicos comprometidos, presentamos esta serie de artículos, cuyo único propósito es servir de guía a los fieles en el camino de la salvación de sus almas, y para que (contrastando con la sana doctrina católica) puedan discernir la verdad del error. Humildemente, todo sea siempre para la mayor gloria de Dios.
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11. “Dios no es católico”
Esta afirmación fue una de las primeras frases polémicas del pontificado de Francisco y ha sido usada reiteradamente para relativizar la identidad de la fe católica como la única revelada por Dios.
“Dios no es católico. Dios es amor.”
Entrevista a Eugenio Scalfari, La Repubblica, 1 de octubre de 2013
Aunque es cierto que Dios no pertenece a ningún grupo humano, pues Él es eterno, trascendente, Creador de todo lo que existe, lo que sí es plenamente católico es el modo en que Dios ha querido revelarse y salvarnos: por medio de Jesucristo y su Iglesia, la Iglesia Católica.
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“La Iglesia es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano.”
Catecismo de la Iglesia Católica 830 (CIC)
Decir que “Dios no es católico” puede parecer un llamado a la humildad o a la apertura (falso en realidad), pero sin aclaraciones doctrinales es una frase equívoca que erosiona la fe en la Iglesia como sacramento universal de salvación.
Dios, ciertamente, es amor (1 Jn 4,8), pero ese amor se ha revelado en Cristo y ha tomado forma visible y operante en la Iglesia católica. Entonces, negar esta conexión no es humildad: es oscurecer la singularidad salvífica de Cristo y su Iglesia.
12. «La Virgen María fue una chica normal»
Uno de los gestos más desconcertantes del Papa Francisco respecto a la doctrina mariana es su insistencia en presentar a la Santísima Virgen con una imagen trivializada. En su homilía del 21 de diciembre de 2018 en Santa Marta, afirmó:
“María no era una mujer que decía: ‘Quiero salvar al mundo’, no. Era una chica normal, una chica joven de hoy, no se podía decir que era una señorita piadosa que iba al templo todos los días… No: era normal, una chica normal. ¡Normal! La vida normal la llevaba.”
Este tipo de afirmación, que busca acercar la figura de María a las personas comunes, incurre en una grave reducción teológica y espiritual de su identidad única. María no fue una “chica normal” en el sentido corriente de la palabra. Fue, según el dogma definido en 1854 por el beato Pío IX, Inmaculada desde su concepción, es decir, sin pecado original, llena de gracia desde el primer instante de su existencia (cf. Lc 1,28).
Hablar de María como si fuese una joven cualquiera del barrio es ignorar o minimizar lo que la Iglesia ha venerado durante siglos: su pureza incomparable, su disposición perfecta a la voluntad de Dios, y su vocación singular como Madre del Verbo Encarnado.
Reducir su figura a una “chica joven de hoy”, sobre todo en un mundo marcado por la secularización, la pérdida del pudor y el relativismo moral, no sólo resulta inapropiado, sino que corroe la fe del pueblo sencillo, que necesita modelos auténticamente santos, no versiones rebajadas al gusto del momento.
Además, esta forma de presentar a María se alinea con una visión horizontalista y desacralizante del cristianismo, donde lo extraordinario se disuelve en lo ordinario, perdiéndose el sentido de lo divino en lo humano.
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“Para ser la Madre del Salvador, María fue ‘dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante’ (LG 56). El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como ‘llena de gracia’ (Lc 1,28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación, era preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios.”
Catecismo de la Iglesia Católica 490 (CIC)
Además:
“Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios ‘la Toda Santa’ (Panaghía), la celebran como ‘inmune de toda mancha de pecado, como plasmada por el Espíritu Santo y hecha una nueva criatura’. María permaneció pura de todo pecado personal durante toda su vida.”
Catecismo de la Iglesia Católica 493 (CIC)
Entonces sí: el Catecismo no deja espacio para una visión de María como una joven cualquiera. Lo que dijo Francisco relativiza su grandeza y contradice el magisterio solemne que presenta a María como una nueva Eva, inmaculada, llena de gracia y cooperadora única en la redención.
13. “La Virgen María se sintió engañada por Dios”
Este es otro ejemplo más del tono irreverente y desacralizante con que Francisco ha tratado lo sagrado a lo largo de su papado, particularmente en lo mariano, lo cual exige ser corregido con claridad.
En una homilía pronunciada el 20 de diciembre de 2013 en Santa Marta, el Papa Francisco dijo lo siguiente al comentar la Anunciación:
“María no sabía qué hacer… ‘Este es el principio del engaño’ — podríamos decir — ‘¡la promesa no se cumple!’. Ella también tenía dudas: ‘¡Mentiras! ¿He sido engañada?’…”
Aunque posiblemente, dentro del contexto dado, tal afirmación pretendía ilustrar el camino de fe y oscuridad que puede atravesar un creyente, poner en boca de la Virgen María la sospecha de haber sido engañada por Dios cruza un límite teológico muy serio e incluso bordea con lo sacrílego.
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“La Virgen María respondió con la obediencia de la fe, segura de que ‘nada es imposible para Dios’. ‘He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,37–38). Así, dando su consentimiento a la Palabra de Dios, María se convirtió en Madre de Jesús.”
Catecismo de la Iglesia Católica 494(CIC)
No hay en María ningún rastro de sospecha ni desesperanza. Su fiat no fue frágil, fue el acto más grande de confianza en la historia de la humanidad.
Esta afirmación de Francisco no solo es imprudente, sino que es teológicamente falsa y espiritualmente corrosiva. Al presentar a María como alguien que pensó haber sido engañada, se socava su papel como modelo de fe pura, se pone en duda la fidelidad de Dios y se transmite una imagen desfigurada de la Madre del Redentor.
14. “No hay un Dios castigador”
Francisco ha repetido en múltiples ocasiones que Dios “no castiga”, llegando a decir frases como:
“Dios no se cansa de perdonar… somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.”
“No hay un Dios castigador.”
(Homilías en Santa Marta, entrevistas, y el libro “El nombre de Dios es misericordia”)
Aunque estas afirmaciones pueden tener la intención de brindar consuelo, presentan un grave problema, pues niegan implícitamente uno de los atributos esenciales de Dios: su justicia. La Sagrada Escritura, el Catecismo y la tradición milenaria de la Iglesia enseñan que Dios es infinitamente misericordioso, pero también infinitamente justo. Ambas cosas van unidas.
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“Dios es la Verdad y el Amor.”
“Dios es ‘el Dios fiel y sin maldad, justo y recto’ (Dt 32,4).”
Catecismo de la Iglesia Católica 201(CIC)
Además:
“El pecado tiene una doble consecuencia: la culpa y la pena. […] El que rechaza la gracia y el perdón se autoexcluye del Reino, y esto implica un castigo eterno (el infierno).”
Catecismo de la Iglesia Católica 1472–1473(CIC)
Dios castiga por amor, como un padre que corrige a su hijo (cf. Hb 12,6). El Antiguo y el Nuevo Testamento están llenos de pasajes donde Dios ejerce su justicia para corregir, purificar o proteger. Sin embrago, el mensaje de Francisco tiende a borrar la noción de consecuencias eternas, lo que lleva a una fe sin temor de Dios, sin urgencia de conversión, y sin sentido del pecado.
Al insistir en que Dios no castiga, se sugiere que nadie será realmente condenado, lo cual está en directa contradicción con el Evangelio (cf. Mt 25,41).
15. Bendiciones a parejas en situación irregular
El 18 de diciembre de 2023, el Vaticano publicó la declaración Fiducia Supplicans, aprobada por Francisco, que permite a los sacerdotes impartir “bendiciones pastorales” a parejas en situación objetiva de pecado grave, incluyendo uniones homosexuales o parejas en adulterio.
Aunque se insiste en que no se trata de aprobar moralmente esas uniones, en la práctica esto significa reconocer públicamente un estado contrario al Evangelio, lo cual contradice la enseñanza constante de la Iglesia.
Lo que dice el catecismo de la Iglesia Católica:
“El matrimonio cristiano es signo eficaz de la gracia, y eleva el amor humano a participación del amor divino.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1661(CIC)
Además:
“Toda forma de unión fuera del matrimonio válido es objetivamente desordenada.”
Catecismo de la Iglesia Católica 2391(CIC)
Estas «bendiciones» tienen una dimensión pública, litúrgica y sacramental. Aunque se diga que “no es aprobación”, para el pueblo simple sí lo parece. Y la confusión en cuestiones morales no viene del Espíritu Santo. De hecho, la Iglesia siempre ha evitado caer en estas «contrariedades» y siempre ha condenado aquellas declaraciones que por ambiguas pueden conducir al error y a la confusión.
La Iglesia ha enseñado siempre que no se puede bendecir el pecado. Solo se puede bendecir lo que está ordenado al bien. Una unión objetiva de adulterio o contraria al orden natural no puede ser presentada como materia de bendición. Así, al bendecir sin exigencia de cambio, se borra el imperativo evangélico: “Vete y no peques más” (Jn 8,11). Esto «alcahuetea» el escándalo en vez de sanarlo.
Por lo tanto, esto representa una ruptura doctrinal y pastoral grave con el Magisterio anterior. Es una forma de normalización del pecado bajo apariencias de misericordia, que en realidad termina desfigurando tanto la caridad como la verdad.
