Por amor a la verdad: el pontificado de Francisco a la luz de la Tradición
Parte IV
Tras el fallecimiento de Francisco, hemos considerado oportuno esperar un tiempo prudente antes de publicar una serie de artículos que, lejos de atacar la memoria de un personaje público querido y respetado por muchos, buscan primordialmente despejar las graves y serias dudas que dejó durante su pontificado.
Hemos observado con preocupación cómo buena parte del clero ha hecho eco de ciertos errores, ignorando la rica tradición de dos mil años de la Iglesia Católica, y amplificando lamentablemente el daño espiritual que estos descuidos doctrinales provocan en los fieles.
Es precisamente sobre esta sólida tradición que nos basamos, siguiendo el sabio consejo de San Vicente de Lerins, quien enseñaba que:
Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica.
Con este espíritu, basándonos en la tradición católica, defendida, preservada y transmitida hasta nosotros por legiones de Santos, Mártires, Papas y laicos comprometidos, presentamos esta serie de artículos, cuyo único propósito es servir de guía a los fieles en el camino de la salvación de sus almas, y para que (contrastando con la sana doctrina católica) puedan discernir la verdad del error. Humildemente, todo sea siempre para la mayor gloria de Dios.
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16. Uso de un lenguaje difuso y «new age»
El 13 de marzo de 2013, minutos después de haber sido elegido Papa. Ante una plaza repleta, dio un breve y espontáneo mensaje, sin mitra ni capa papal, con un tono muy informal. En él, dijo:
“Y ahora quisiera dar la bendición, pero antes… les voy a pedir un favor. Antes de que el obispo bendiga al pueblo, les pido que ustedes recen al Señor para que me bendiga a mí: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su obispo.
(…)
Y ahora, comencemos este camino: obispo y pueblo. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros, los unos por los otros. Recen por mí. Y si algunos no pueden rezar, mándenme buena onda.”
Este lenguaje, más propio de una espiritualidad difusa o new age (Nueva Era), representa un abandono del lenguaje claro y sacramental católico en favor de un tono emocional, relativista y antropocéntrico. Como se puedo apreciar posteriormente, no se trató de un simple gesto coloquial, sino un síntoma del cambio profundo en el estilo y contenido de la enseñanza eclesial bajo su pontificado.
Lo que dice el catecismo:
“La experiencia religiosa auténtica debe estar enraizada en la fe en el Dios verdadero y en su revelación. El extravío en falsas espiritualidades conduce a la dispersión y a la pérdida de la verdad.”
Catecismo de la Iglesia Católica 2122 (CIC)
Hablar de “buena onda” en lugar de «oraciones», y referirse a un «envío energético» simbólico, suena mucho más a lenguaje de espiritualidad difusa o sincretismo postmoderno que al lenguaje preciso y sacramental de la fe católica, pues evoca energías impersonales, no la acción de Dios. Encaja con la narrativa de una religión sin dogmas, donde lo que importa es “sentirse bien”.
17. Silencio ante declaraciones escandalosas de figuras públicas
Una de las características más inquietantes del pontificado de Francisco ha sido su reiterado silencio ante declaraciones abiertamente escandalosas o heréticas emitidas por personas religiosas o figuras públicas con cercanía al entorno eclesial. Este silencio no solo ha sido percibido como una falta de corrección pastoral, sino que también puede interpretarse como una omisión grave en su deber de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lucas 22,32).
Sor Lucía Caram, «monja» dominica residente en España y con una presencia constante en medios de comunicación, ha realizado numerosas afirmaciones contrarias al dogma católico, sin recibir jamás una corrección pública por parte del Papa o de la Santa Sede. En 2017, durante una entrevista en televisión, afirmó que:
“María estaba enamorada de José y eran una pareja normal, lo cual implica tener relaciones, si tuvieron sexo.”
Ver video:
Esta afirmación niega directamente el dogma de la virginidad perpetua de María (virginitas in partu, ante partum et post partum), definido en el Concilio de Letrán (649) y reiterado por el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 57).
Lo que dice el catecismo:
«El Romano Pontífice y los obispos como maestros auténticos, revestidos de la autoridad de Cristo, enseñan al pueblo de Dios las verdades que hay que creer, la caridad que hay que practicar y la felicidad que hay que esperar.»
Catecismo de la Iglesia Católica 2122 (CIC)
Este deber incluye también la corrección de errores que perturban la fe de los fieles. El silencio persistente frente a errores públicos contradice esta función esencial.
18. Minimización del pecado: “¿Quién soy yo para juzgar?”
Esta expresión, pronunciada en 2013 en respuesta a una pregunta sobre la homosexualidad, buscaba mostrar misericordia y respeto hacia las personas homosexuales. Sin embargo, la frase fue interpretada por muchos como un relativismo moral o una negación implícita de la doctrina católica tradicional que distingue entre la persona y los actos (Catecismo, nn. 2357-2359).
Si bien la Iglesia enseña que toda persona merece respeto y amor, también afirma que ciertos actos son objetivamente desordenados. Francisco no ha negado explícitamente esta doctrina, pero su formulación ambigua ha generado confusión, debilitando la enseñanza sobre el pecado personal y la necesidad de arrepentimiento.
Lo que dice el catecismo:
Pecado personal es una ofensa a Dios y una ruptura de la relación personal con Él. El arrepentimiento sincero es indispensable para la reconciliación.
Catecismo de la Iglesia Católica 1846-1848 (CIC)
Además:
“El pecado es un rechazo deliberado y total de Dios y de su voluntad”
Catecismo de la Iglesia Católica 1846-1849 (CIC)
Además:
La misericordia divina debe ir acompañada de un llamado claro a la conversión y al rechazo del pecado.
Catecismo de la Iglesia Católica 1428-1848 (CIC)
La insistencia en el pecado estructural sin equilibrar con la necesidad de la conversión personal, junto con expresiones ambiguas como “¿Quién soy yo para juzgar?”, han provocado un ambiente de incertidumbre doctrinal y relativismo moral. Esto puede debilitar la fe y la práctica católica auténtica, confundiendo a los fieles sobre la gravedad del pecado y la urgencia del arrepentimiento.
19. «Cada quien interpreta a Dios a su manera»
El 29 de diciembre de 2013, La Repubblica, periódico italiano de tintes izquierdistas, publico una polémica entrevista a Francisco llevada a cabo por Eugenio Scalfari, quien fuese un periodista ateo:
Dios es el Espíritu del mundo. Hay muchas lecturas de Dios, tantas cuantas almas de quien piensa en Él, para aceptarlo cada una a su manera o a su modo para refutar su existencia. Pero Dios está por encima de estas lecturas y por esto digo que no es católico, sino universal.”
Aquí, Francisco niega la fe católica que enseña que Dios se ha revelado de manera definitiva y completa en Jesucristo, y que esta revelación ha sido transmitida a través de la Sagrada Escritura y la Tradición, bajo la custodia del Magisterio.
Lo que dice el catecismo:
La fe es una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo y de modo inseparable, el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado.
Catecismo de la Iglesia Católica 150 (CIC)
Decir que «cada quien interpreta a Dios a su manera» implica que no hay una verdad objetiva sobre quién es Dios, lo cual contradice el núcleo mismo del cristianismo.Implica además que no hay una verdad que deba ser anunciada con autoridad y caridad.
Finalmente, si cada quien interpreta a Dios según su visión personal, se cae en el subjetivismo o incluso en la idolatría moderna: construir un “dios” a medida.
20. «Cristo no quiere el magisterio tradicional»
La frase o idea de que Jesucristo quiere que la Iglesia abandone la disciplina tradicional sobre la comunión a divorciados vueltos a casar no es una cita textual directa de Francisco, sino una interpretación o resumen crítico de algunas de sus enseñanzas y orientaciones pastorales, principalmente contenidas en la exhortación apostólica Amoris Laetitia, publicada el 8 de abril de 2016.
En este documento, Francisco impulsa un enfoque pastoral más «misericordioso y personalizado», invitando a los pastores a discernir caso por caso, para permitir en ciertas circunstancias, que personas divorciadas y vueltos a casar civilmente puedan acceder a la Comunión, siempre que:
- Se hayan sinceramente arrepentido.
- Hayan hecho un proceso de discernimiento con un sacerdote.
- Existan “circunstancias atenuantes” que mitiguen la responsabilidad personal.
Esto se percibe por muchos fieles y teólogos como un abandono o relajamiento de la disciplina eclesiástica tradicional, que exige que quienes están en situación objetiva de adulterio se abstengan de comulgar mientras persista esa situación.
Lo que dice el catecismo:
“El matrimonio, por voluntad divina, es indisoluble: ‘Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre’ (Mt 19,6).”
Catecismo de la Iglesia Católica 1614 (CIC)
Además:
“Para recibir la Sagrada Comunión, es necesario estar en estado de gracia. Quien sepa que ha cometido pecado grave no debe acercarse a la comunión sin haber recibido antes el sacramento de la penitencia.”
Catecismo de la Iglesia Católica 1415 (CIC)
Cualquier práctica pastoral que contradiga o relativice estos principios entra en tensión con la enseñanza clara del magisterio.
