En el episodio del domingo 14 de enero del programa italiano Che Tempo Che Fa (¿Cómo está el tiempo?), el presentador de televisión Fabio Fazio realizó una entrevista con Francisco. Hablaron sobre varios temas, incluida la controversia generada por el lamentable documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Fiducia supplicans.
Hacia el final del programa (en el minuto 45:12 aquí), Fazio desafía a Francisco: «Es difícil imaginar el Infierno, un Padre que condena [a alguien] eternamente… es difícil imaginarlo». Francisco responde:
«Sí, es difícil imaginarlo. Esto [que estoy a punto de decir] no es un dogma de la Fe, lo que voy a decirte, es algo personal mío, que me gusta: me gusta pensar que el Infierno está vacío. Es un placer. Espero que sea una realidad. Pero me gusta.»
Lamentablemente, esto que le gusta a Francisco es considerado como una herejía dentro de la Iglesia Católica. Al hacer semejante aseveración, se hace partícipe en la herejía de la Apocatástasis (la restauración final de todas las cosas), la que sostiene erróneamente que antes del Juicio Final, Dios perdonará a todos los condenados, incluidos los demonios, y ocurrirá una restauración general.
En las Sagradas Escrituras, nuestro Señor nos advierte sobre el castigo que sobrevendrá el día del Juicio, para aquellos quienes no siguieron sus enseñanzas. Ha de notar el lector, el carácter perpetuo de la condena final:
«Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles».
Mateo 25, 41
En los primeros siglos de su historia, algunos Padres de la Iglesia como Orígenes, Clemente de Alejandría y San Gregorio de Nisa, defendieron esta tesis, que luego fue condenada por la Iglesia Católica. Su condena final de esta doctrina dice:
«Si alguien dice o siente que el castigo de los demonios y los impíos es temporal, y que en algún momento futuro tendrá un fin, o que ocurrirá una reintegración de los demonios y los impíos, que sea anatema.»
(Papa Vigilio, Liber adversus Origines, canon 9, Denzinger 211)
Juan Pablo II cuestionó la existencia del Infierno y el Purgatorio como lugares físicos, y se refirió a ellos como diferentes estados del alma mientras el hombre vive en la tierra. Benedicto XVI negó la existencia del Cielo como un lugar donde Nuestro Señor fue después de Su Ascensión. También negó la existencia del Limbo (lugar a donde van las almas de los inocentes sin culpa que mueren sin recibir el bautismo, como en el caso de los niños abortados).
Si alguien intentara defender a Francisco diciendo que no afirmó explícitamente que el Infierno está vacío, sino que simplemente dijo que le gustaría que fuera cierto, responderíamos:
Sí, es cierto que no lo afirmó explícitamente y que aclaró de manera previa que no estaba hablando de un dogma, sin embargo al expresar ese sentimiento y al manifestar su deseo de que tal aseveración sea verdad, demuestra que está a favor de algo que la Iglesia ha condenado como herejía. Sin embargo, aún si lo dicho hubiese sido resultado de un desliz espontáneo, seria entonces muy oportuna una aclaración sobre aquel desafortunado comentario, cosa que hasta la fecha, no ha sucedido. Lo lamentable es que muchos, tengamos que hacer apologética de errores que provienen desde dentro de la Iglesia, y no directamente de sus enemigos externos.
