Lo que hoy se querría es una ‘Navidad sin Jesús’, una Navidad reducida a una fiesta llena de regalos y de disfrute despreocupado.
Las grandes casas comerciales parecen ya no vender las figuras para el nacimiento, los ayuntamientos y alcaldías los retiran de la vista publica (incluso, abiertamente los prohíben o los permiten siempre y cuando sean un mamarracho lejos de parecerse un Belén tradicional) y en su lugar, se promueve la creciente difusión del árbol de Navidad (que no tiene nada de malo, siempre y cuando complemente un Belén, y no lo substituya). Incluso el diario oficial del Vaticano habla de una «guerra a la Navidad».

El nacimiento, más allá de su significado religioso y sentimental, ha conocido y todavía hoy conoce, formas de elevado valor artístico. ¿O es, por casualidad imaginable que una generación de árboles de Navidad pueda por ejemplo, competir con el nacimiento napolitano del siglo XVIII…?

Pero la «modernidad», se ha llevado por delante sentimientos y valores y además que, en el temor de revelar un signo aunque sea así de vago e indirecto de pertenencia, incluso el viejo y querido augurio de «Feliz Navidad» se va cada vez más disolviendo en el genérico «Felices Fiestas».
El diario Vaticano, denuncia que especialmente en Inglaterra se asiste a una verdadera «guerra a la Navidad», como ha denunciado el diario «The Sun»:
«Es una guerra que tiende a cancelar todas las tradiciones natalicias no solo a través de hipócritas motivaciones de contingente oportunidad sino también a través de formales y rígidas prohibiciones»
También muestra su perplejidad por la definitiva desaparición de todo signo religioso de la clásica serie natalicia de sellos emitida por Correos y que trae ya solo muñecos de nieve, renos y cosas similares, sin ni siquiera una sombra de la Estrella Cometa, de los Reyes Magos o de otras imágenes similares.
Se afirma que esta «guerra» está justificada por «la necesidad de no ofender la sensibilidad» de los no creyentes o de los seguidores de otras religiones, como si los no creyentes y los seguidores de otras religiones hubieran aparecido de repente en años recientes. Y cita al diario británico «Daily Express» que subraya «lo absurdo de querer cancelar nuestras tradiciones más queridas por miedos infundados e irracionales».
En los símbolos de navidad está el universo, los símbolos de Navidad han atravesado los siglos. Cuando se presentan cada año en tantas partes del mundo, incluso no cristianas, se difunde un mensaje dirigido a las familias, a los padres y a los niños, y este mensaje habla de la esperanza del futuro y de la realidad del bien, de la confianza en sí mismo y en los demás.
Hoy, muchos de esos símbolos son discutidos, en algunos casos ocultados, en otros paganamente transformados. Pero no ha habido un solo momento de la historia en la cual aquellos símbolos no hayan vuelto a la luz. Hoy debemos ser conscientes. Cada vez que cae un ídolo, o se rompe una promesa, el símbolo de Navidad está siempre allí para hablar al corazón del hombre, para decirle que hay esperanzas más grandes que pueden cambiar ya ahora la vida e iluminarla con una luz más verdadera.
Se supone que la temporada navideña tiene que ver con la buena voluntad hacia todos los hombres. En lugar de ello estamos viendo antiguas tradiciones de siglos excluidas por insensatos argumentos de seguridad y «respeto» ajeno. Entre los signos que denotan esta guerra a la Navidad, muchas casas comerciales están prohibiendo las decoraciones navideñas e incluso la Navidad ha sido rebautizada como «Intervalo de invierno».
También es bastante común ver que las tarjetas llevan la leyenda «Felices vacaciones» o «Felices Fiestas» en lugar de «Feliz Navidad»; las representaciones de Navidad son prohibidas si los no cristianos las encuentran ofensivas…
La mano muerta de «la corrección política» se está saliendo con la suya y los enemigos de la Iglesia están estrangulando la vida del espíritu festivo. Y sin embargo, ir contra corriente es siempre posible, si tan solo le permitimos al niño Dios nacer en cada uno de nuestros hogares, recibiéndole esta Nochebuena, conservando y transmitiendo las tradiciones que hemos heredado de quienes nos han precedido; acordándonos de rezar y dar gracias a aquel Dios, que por nosotros se ha hecho niño, y ha nacido del vientre puro de la virgen en la noche de Navidad, y que nosotros hemos devuelto muerto, clavado en el madero de la cruz una tarde de Pascua.