La Biblia Latinoamericana ¿Es Católica?


La Biblia Latinoamericana

¿Es la Biblia Latinoamericana de recomendable lectura para los fieles Católicos? Este artículo ayuda a dar respuesta a esta interrogante.

Ante todo debemos como Católicos valorar y estudiar las Sagradas Escrituras que han sido parte del “Depositum fidei” dado a la Iglesia, Pueblo de Dios y en quien reside la autoridad para interpretarla, traducirla y preservarla tal como Dios lo ha querido.

A diferencia de las protestantes, las Biblias Católicas no están mutiladas faltándoles libros y textos,y un católico debe de saber que nuestras Biblias tienen 73 libros en total,46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

Cómo reconocer una Biblia Católica

Para reconocer que una Biblia es Católica además del número de libros, es importante que tenga permiso de la autoridad Eclesiástica que puede ser una Conferencia Episcopal de algún país, Obispo, o un Superior General de una Orden religiosa.

Dice la Constitución Dogmática “Dei Verbum”, del Concilio Vaticano II;

“22. Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tomó como suya la antiquísima versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la palabra de Dios debe estar siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de los sagrados libros. Y si estas traducciones, oportunamente y con el beneplácito de la Autoridad de la Iglesia, se llevan a cabo incluso con la colaboración de los hermanos separados, podrán usarse por todos los cristianos.

Y en el número 25 de la Dei Verbum menciona :

Incumbe a los prelados, en quienes está la doctrina apostólica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su espíritu.

Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.

 

Además, para reconocer si una Biblia es católica, de acuerdo a lo estipulado en la “Dei Verbum”, la Sagrada Escritura debe de llevar notas explicativas para entender mejor la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3) y en el Catecismo de la Iglesia católica nos menciona lo siguiente en sus numerales:

112 1. Prestar una gran atención «al contenido y a la unidad de toda la Escritura».
113 2. Leer la Escritura en «la Tradición viva de toda la Iglesia».
114 3. Estar atento «a la analogía de la fe» (cf. Rm 12, 6).

Lamentables excepciones

Esto es importante resaltarlo, con el “beneplácito de la Autoridad de la Iglesia”, es quien determina si es válida o no una traducción, incluso en colaboración con protestantes como el fallido trabajo de la Biblia “Dios Habla hoy” de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU-protestante) donde en forma conjunta se editó una Biblia completa con los libros “Deuterocanónicos” incluidos pero que después de forma unilateral la SBU eliminase arbitrariamente, dejando en sus ediciones – sin embargo -, el permiso de la autoridad eclesiástica católica, por lo que es necesario ahondar más en cuanto al origen de algunas de las versiones de la Biblia.

Cabe resaltar también el lamentable ejemplo de la falsa vidente Vassula Rydén, cuyas obras recibieron en su momento ambos, Nihil Obstat e Imprimatur, mismos que fueron posteriormente desautorizados, lamentablemente algo tarde, ya que el daño estaba hecho y muchos de los textos pertenecientes a esta falsa vidente, habían llegado a manos de numerosos fieles, quienes toman sus enseñanzas comos propias de la Iglesia, tristemente, aún hasta nuestros días.

En la Iglesia Católica, algunas obras precisan la autorización del obispo para ser publicadas y utilizadas para la enseñanza católica. El Nihil obstat e imprimatur indican que una obra ha recibido esa autorización. Esto significa que, según el juicio del obispo que otorga el imprimatur, la obra no contiene nada contrario a la fe ni a las costumbres. Sin embargo, el Nihil obstat e Imprimatur no son siempre garantía de que el contenido total del documento en cuestión, sea exacto.

Nihil obstat literalmente significa «nada se opone». Es dado por el censor librorum, una persona que es nombrada por el obispo de la diócesis para examinar antes de su publicación los escritos u otros medios de comunicación que deben someterse a la supervisión de la Iglesia.

Imprimatur significa “imprímase”. Una obra puede recibir el imprimatur del ordinario local (generalmente el obispo diocesano) después que el censor haya otorgado el Nihil obstat.

El Nihil obstat e imprimatur tienen por objetivo asegurar que las obras que presentan las enseñanzas de la Iglesia, lo hagan correctamente. Indican que el obispo que otorgó el imprimatur (o, en realidad, el censor sobre el cual debe depender) no encuentra nada contrario a la fe y las costumbres. (…)

¿Es recomendable la Biblia Latinoamericana?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla, pues esta Biblia es de las llamadas “Pastorales” o “Versiones populares”

La Biblia Latinoamericana es realmente una paráfrasis bíblica, ¿Qué significa esto? Que no es una verdadera traducción, las paráfrasis son explicaciones o interpretaciones amplificadas del texto bíblico original, imitando su estructura aunque formuladas con palabras diferentes, cuyo fin es ilustrarlo o hacerlo más claro o inteligible para el lector.

Si bien son basadas en el original, en algunos casos, transcriben el texto sin la escrupulosa exactitud que lo hacen las versiones originales o las traducciones, y por ello pueden incurrir más fácilmente en inexactitudes o excesivas simplificaciones, que limitan el mensaje original.

Esta “moda” de usar paráfrasis bíblicas inicio en los 60-70 con las llamadas “Biblias para niños”. Pero además en los ’80-’90 esta lamentable costumbre se comenzó a extender al público adulto.

Con el pretexto de que la Biblia es «muy complicada para el hombre actual», o de que «habla otro lenguaje», o de que «hay que acercar la Palabra a los hombres concretos», se rompe con toda impunidad el contrato básico que pone ante nosotros la Palabra: respetar su texto.

Cada relato bíblico (por la índole de sus idiomas originales y por la esencia misma de lo dicho en sus textos) admite decenas de traducciones legítimas, y cada una de ellas admite cientos si no miles de interpretaciones aptas para recorrer sus infinitos matices, en una tarea inconmensurable capaz de llenar de sentido varias vidas humanas. Ni la larga vida de Matusalén alcanzaría a comprender la hondura del más pequeño de los salmos, ¡a condición de que sea el texto lo que nos den y no cualquier otra cosa!

La Biblia se dirige a «mentes sencillas» sólo en el sentido que la «sencillez» tiene en la predicación de Jesús: el «descentramiento de sí mismo» de aquél que no quiere ser eje del mundo ni criterio universal de verdad. Descentramiento que comienza por reconocer que hay al menos un texto que excede nuestro lenguaje: el texto de Dios.

Un poco de historia

La Biblia Latinoamericana apareció en principio de la década de los 70 y los responsables de su contenido están el Padre Bernardo Hurault y Ramón Ricciardi de Chile. La obra sin embargo tenía un sesgo muy influido por perspectivas ideológicas de moda en aquellos días como la teología de la Liberación por lo que incluso la Conferencia Episcopal Argentina emitió una advertencia contra ella.

Muchos exegetas y expertos en Sagrada Escritura no tienen la mejor opinión de ella ,como el Padre L. Alonso Schökel, experto y eximio traductor de la Biblia al castellano,con enorme sentido común, reflexionaba el exegeta español de la siguiente manera:

“El problema es la idea que nos hacemos del pueblo como destinatario, oyente o lector. Para que el pueblo entienda debemos reducir el vocabulario, debemos simplificar el estilo, debemos desvigorizar las imágenes, debemos desdoblar lo conciso…¿Son legítimos sin más estos postulados? ¿Hacen justicia al sentir popular?

El exegeta Beltrán Villegas se muestra muy renuente frente a numerosos pasajes traducidos con muy poco cuidado en la Biblia Latinoamericana:

La calidad lingüística de esta traducción es dispar, como tenía que resultar de un trabajo colectivo llevado adelante con criterios puramente pragmáticos.

En cuanto a la “fidelidad” al texto original, sostiene Villegas que no la hay con demasiada frecuencia:

Lo primero que llama la atención es que no ha habido un esfuerzo por homologar la manera de traducir una misma palabra o una misma expresión en diferentes lugares. Un caso, sin duda extremo, lo tenemos en el Salmo 42 – 43 (41 – 42), donde el estribillo es traducido, cuando aparece por tercera vez, de un modo diferente que en los dos primeros casos.

La controversia

Como podemos ver, la Biblia Latinoamericana, no por ser más entendible, significa que sea fiel al texto. Deja mucho que desear en términos generales, pues sus únicas ventajas parecen ser el bajo costo, el lenguaje popular y su traducción es en algunos casos interpretativa.

La evidencia de que en las primeras ediciones las notas estaban muy politizadas y que el idioma coloquial perdía mucho con respecto al original es indiscutible. Incluso, algunas ilustraciones eran inapropiadas por su contenido político, como la de una manifestación marxista en Cuba. Hay nuevas versiones corregidas.

La Biblia Latinoamericana ha tenido varias revisiones, mejoradas tras aquella edición en la que se añadió el suplemento obligatorio promovido por la XXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, al contener el texto de la biblia algunas objeciones, con introducciones y notas ambiguas y, algunas, referidas especialmente a la Iglesia, por su carácter desorientador, son ciertamente inaceptables. Incluso, las ilustraciones, en número considerable, y teniendo en cuenta las ediciones en conjunto, señalan una línea temporalista, por lo menos equívoca, y dos de ellas merecieron desaprobación por su carácter político.

En la X edición, de 1976, de la “Nueva Biblia Latinoamericana» hay un gravísimo error dogmático: P. 5 (NT):

“No cabe lugar para dos padres [para Jesús], porque Jesús, que nace de María como persona humana, es el Hijo Único del Padre, nacido de Dios desde la eternidad.”

Luego en P. 84 (NT):

“El día en que [Jesús] resucite de entre los muertos, su persona humana será renovada, ampliada, llena de energías diversas.”

Está solemnemente definido en los primeros Concilios Ecuménicos de la Iglesia que Jesús tiene una sola persona: la divina, y posee dos naturalezas: la divina y la humana. Afirmar otra cosa sería caer en una de las herejías más graves y antiguas sobre Cristo. Valga solo este ejemplo para tener cuidado con el contenido de la Biblia latinoamericana.

La Biblia Latinoamericana, por su lenguaje accesible, su orientación pastoral y sus introducciones, es muy usada para los grupos bíblicos, reuniones de oración, grupos de reflexión y revisión de vida.

Las posteriores ediciones están corregidas,por ejemplo su edición de 1995 tanto en la traducción como en sus notas a pie de página se hicieron correcciones y cambios ,además presentan algunas fotos, mapas y cuadros cronológicos, citas papeleras, etc.

En realidad, aunque por su lenguaje sencillo la usan en círculos bíblicos y la pastoral, la Biblia Latinoamericana expresa la idea del versículo en forma de idioma coloquial moderno con lo cual pierde mucho del mensaje original.

La Congregación para la Doctrina de la fe respondió a la objeción de la Conferencia Episcopal Argentina sobre la biblia latinoamericana y concluyo lo siguiente,el 25 de febrero de 1977, el Cardenal Villot, Prefecto del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, con Oficio N9 1031/77, remitió las conclusiones a las que había llegado la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe sobre esta Biblia Latinoamericana:

“La Congregación para la Doctrina de la Fe, aun considerando que en la llamada Biblia Latinoamericana la traducción de los textos originales sea fiel, es del parecer que las ambigüedades y las imprecisiones de las introducciones y de las notas deben ser eliminadas o aclaradas por la Jerarquía local y, además, que deben ser consideradas tendenciosas, y por tanto deben ser eliminadas, algunas fotografías, por ejemplo: la de los rascacielos de Nueva York con la respectiva descripción: ‘Ven que te mostraré la Ciudad Grande. Todos se han prostituido en ella…’; la de una manifestación comunista en la plaza de La Habana con la correspondiente descripción: ‘El creyente participa en la vida política…’; la de los oprimidos latinoamericanos con la descripción: ‘La Biblia tuvo comienzo con la liberación de una esclavitud’.”

Solo esto fue lo que se considero como no beneficioso y apto para el creyente pero su traducción es fiel en su connotación latinoamericana.

Conclusión

Tenemos que es una Biblia con amplísima difusión en toda América latina, y se entiende que es tanto por bajo costo, como por el uso de lenguaje coloquial y simple, pero ya hemos visto lo que comentan algunos expertos al respecto y de lo que pierde esta traducción al no expresar la riqueza del contenido de la Sagrada Escritura.

Cumple con los requisitos de ser una Biblia con los 76 libros que autoriza el canon bíblico, tiene tanto “Imprimatur” y “Nihil obstat” pero ya comentamos también que hay casos que pueden revocarse o retirarse de un texto, eso dependerá de las Conferencias Episcopales y los Obispos, como en su momento lo hizo la Argentina.

Es pues una legitima y legal Biblia, pero sin embargo NO es la mejor traducción que se tiene de Biblias católicas, hay muchísimas más apegadas a la Nova Vulgata, texto oficial de la Iglesia Católica para las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, el Católico ha de hacer un esfuerzo por obtener alguna otra Biblia de mejor traducción y apego a los textos originales. Recomendables son la Biblia de Jersusalén y la Biblia comentada por monseñor Juan Straubinger, ampliamente reconocidas por su apego al texto original y a los valiosos aportes contenidos en sus notas.

En este otro artículo titulado Las Biblias Ecuménicas, puede encontrar el lector información adicional y complementaria al presente tema.

1 respuesta

  1. Bernardo dice:

    Saludos:

    Yo poseo la Blblia Latinoamericana titulada, “Formadores”

    Hay algún problema con esa nueva edición?

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