Nos escriben muy frecuentemente algunos lectores (algunos amigos, otros no tanto), inquiriendo el fundamento y origen de algunos artículos publicados en el sitio sobre el tema de la Apostasía y el Katejon, y que algunos de ellos emplean para acusarnos «Lefebvristas» o de «Sedevacantistas».
Esto, no hace más que demostrar y comprobar el estado de profunda ignorancia en el que se haya la basta mayoría de los fieles en cuanto concierne a estos temas, más no por la ausencia de propia culpa. Por lo menos no del todo.
La apostasía es una cuestión de fe, una verdad revelada. Refiérase aquí a la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios o al Evangelio de San Lucas 8:18 «Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?»
Si el lector quiere profundizar sobre este tema, puede visitar este artículo que ya ha tocado el tema aquí: La Gran Apostasía y el Katejón. El presente artículo, pretende explicar cómo es que se dará esta apostasía, sin echar mano a ningún documento «Lefebvrista», sino que por el contrario, encuentra sustento en autores sumamente reconocidos del medioevo, encíclicas papales emitidas por la Santa Sede y el Catecismo de la Iglesia Católica.
El numeral 675 del Catecismo de la Iglesia
Del catecismo de la Santa Iglesia Católica, referimos al numeral 675, intitulado «La última prueba de la Iglesia»:
675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el «misterio de iniquidad» bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).
Y luego es más específica en el numeral 677:
677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9) […].
El texto es claro y no requiere de ninguna interpretación «especial». Aquí se nos advierte de que la Iglesia, el cuerpo místico de Nuestro Señor Jesucristo, ha de pasar al igual que su Maestro, por su pasión, muerte y resurrección. Pues bien. Es necesario entender un hecho clave, previo a la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor, que es la infiltración del grupo de apóstoles por medio de Judas Iscariote, al precio de 30 monedas de plata. Judas finalmente entregaría a su maestro bajo un hipócrita gesto de amor y piedad («Con un beso traicionas al Hijo del hombre»).
En otras palabras y, si nos atenemos a lo definido por el catecismo, antes de la segunda venida de Cristo, la Iglesia ha de ser infiltrada, entregada, juzgada por sus enemigos, hecha burla y mofa de todos, abandonada y sometida a su pasión y muerte, para luego resucitar triunfante con la venida de su Señor.
Beato de Liébana y los Comentarios del Apocalipsis de San Juan
Beato de Liébana, (la palabra Beato es aquí un nombre y no refiere titulo alguno) fue un monje mozárabe cántabro (persona hispano-romano y vivía en el territorio musulmán de la península ibérica durante la dominación islámica) del monasterio de San Martín de Turieno, hoy denominado de Santo Toribio, en Cantabria, que vivió en el siglo VIII y es considerado un destacado defensor de los dogmas cristianos.
Sus obras tuvieron grandísima repercusión en los monasterios del medievo. Sus textos de gran carga expresiva, van siempre ilustrados por imágenes de intenso colorido, y tienen como propósito el tratar de explicar los hechos apocalípticos revelados por Cristo al apóstol San Juan.
Beato es conocido sin duda por su libro Comentarios al Apocalipsis de San Juan. Este texto se basa en documentos de dos padres africanos de la Iglesia: Primario y Ticonio, y es considerado lo que hoy podríamos llamar un verdadero «best seller» del medioevo.
Escrito durante los días de la invasión musulmana de la península ibérica (que inicia en el 711), tuvo la finalidad de combatir la herejía y calmar la inquietud espiritual de los cristianos, atormentados por la idea del fin del mundo en plena invasión árabe. Es bajo tales circunstancias, que Beato escribió los Comentarios.
En la página 487 de este documento, podemos encontrar el texto que ubica al lector en los días de la infiltración de la Iglesia, que alejará a los fieles de las enseñanzas de la verdadera fe, hecho que conducirá a la Gran Apostasía:
“La serpiente dio su poder a la Bestia, que cuenta con falsos hermanos en la Iglesia, los cuales parecen ser parte de ella, pero son sus enemigos. Por medio de ellos el diablo hace sus maquinaciones contra aquéllos que sí pertenecen a la Iglesia a los que pretende seducir (…), fingiendo santidad parecen ser parte de la Iglesia, pero pertenecen en realidad al diablo que inventó este ardid con el fin de lograr imponerse en nombre de la religión a las personas religiosas. (…) Él logra que permanezcan dentro de la Iglesia los que, disfrazados de ovejas, parecen virtuosos pero en su interior son lobos rapaces. Por eso no son descubiertos como lo son otros hombres francamente malos, ellos tienen la apariencia de santidad; participan en su misma maquinación, el diablo los tiene dentro de la Iglesia, en medio de la multitud, revestidos de una santidad aparente».
El cardenal Henry Edward Manning
El cardenal Henry Edward Manning fue miembro del movimiento de Oxford,en 1850. Decidió su conversión al catolicismo cuando el alto clero de la iglesia anglicana decidió ordenar a un clérigo que muchos, al igual que Manning, consideraban que era un hereje. Al año siguiente, el 6 de abril de 1851, fue recibido en la Iglesia católica y poco después, el 14 de junio de 1851, fue ordenado sacerdote. En 1875, fue nombrado Cardenal y participó en el cónclave que eligió al papa León XIII en 1878.
Durante la Pascua de 1861, este célebre converso del anglicanismo publicó un folleto que contiene cuatro conferencias que explican los acontecimientos anteriores a la segunda venida de Cristo, centradas en las palabras de San Pablo en 2 Tesalonicenses 2:3-11, que también advierte de un gran engaño, y también de una revuelta, de un “hombre de pecado”, y de una fuerza que lo detiene temporalmente (El Katejon):
«Incluso en ese gran tiempo de triunfo (del mal) las puertas del infierno no prevalecerán»:
Como los impíos no prevalecieron contra Él (Cristo), aun cuando lo amarraron con cuerdas, lo arrastraron al juicio, le vendaron los ojos, se burlaron de él como un rey falso, lo hirieron en la cabeza como un falso Profeta, le arrastraron, y lo crucificaron, y en el ejercicio de su poder parecían tener un dominio absoluto sobre Él, de modo que Él cayó en tierra y casi fue aniquilado bajo sus pies; Y como en el mismo tiempo en que estaba muerto y sepultado fuera de sus ojos, fue conquistador de todos, resucitó al tercer día y ascendió al cielo, y fue coronado, glorificado e investido con su realeza y reina Rey de reyes y Señor de señores, así será con su Iglesia: aunque por un tiempo perseguida y, a los ojos del hombre, derrocada y pisoteada, destronada, despojada, burlada y aplastada, incluso en ese gran tiempo de triunfo las puertas del infierno no prevalecerán.
En la Iglesia de Dios hay una resurrección y una ascensión, una realeza y un dominio, una recompensa de gloria por todo lo que ha soportado.
Como Jesús, necesita sufrir en el camino a su corona; así será coronada eternamente con él. Que nadie, entonces, se escandalice si la profecía habla de los sufrimientos por venir.
Nos encanta imaginar triunfos y glorias para la Iglesia en la tierra, que el Evangelio sea predicado a todas las naciones, y que el mundo se convierta, y todos los enemigos sometidos, y no sé qué, hasta que algunos oídos se impacientan al oír que hay dispuesto, para la Iglesia, un tiempo de terrible juicio. Y así hacemos como los judíos de antaño, que buscaban un conquistador, un rey y la prosperidad; Y cuando su Mesías vino en humildad y pasión, no lo conocieron. Así que, me temo, muchos de nosotros con nuestras mentes intoxicadas con visiones de éxito y victoria, no podemos soportar la idea de que hay un tiempo de persecución por venir para la Iglesia de Dios….
Los santos Padres que han escrito sobre el tema del Anticristo y de las profecías de Daniel, sin una sola excepción, hasta donde yo sé, y son los Padres tanto del Oriente como del Occidente, los griegos y los latinos – todos ellos unánimemente, dicen que en los últimos tiempos del mundo, durante el reinado del Anticristo, el Santo Sacrificio del altar cesará. En la obra sobre el fin del mundo, atribuida a San Hipolito, después de una larga descripción de las aflicciones de los últimos días, leemos lo siguiente:
Las iglesias se lamentarán con gran lamentación, porque no se ofrecerá más Oblación, ni incienso, ni adoración aceptable a Dios. Los edificios sagrados de las iglesias serán como chozas; Y el precioso Cuerpo y Sangre de Cristo no se manifestará en aquellos días; La Liturgia se extinguirá; Cesará el canto de los salmos; La lectura de la Sagrada Escritura ya no será escuchada. Pero habrá tinieblas sobre los hombres tinieblas, lamentación tras lamentación, y aflicción tras aflicción.
Entonces la Iglesia será dispersada, echada al desierto, y será por un tiempo, como era al principio, invisible, escondida en Catacumbas, en cuevas, en montañas, en lugares de escondite; Por un tiempo será barrida, por así decirlo, de la faz de la tierra. Tal es el testimonio universal de los Padres de los primeros siglos…
La Palabra de Dios nos dice que hacia el final de los tiempos el poder de este mundo se volverá tan irresistible y tan triunfante que la Iglesia de Dios se hundirá bajo su mano, que la Iglesia de Dios no recibirá más ayuda de los emperadores, reyes, príncipes, legislaturas, naciones, pueblos, para resistir en contra de la fuerza y el poderío de su antagonista. Se le privará de protección. Se debilitará, desconcertará y se postrará, y estará sangrando a los pies de las potencias de este mundo.
Las advertencias de los Santos Padres
En tiempos más recientes, los santos padres nos han advertido sobre la infiltración de la Iglesia, ya sea por medio de encíclicas u homilías, pronunciadas en diferentes fechas de importancia para la Iglesia. Notorias son las advertencias de el Papa del Santo Rosario (León XIII) y las del papa San Pio X.
El caso del papa León XIII
Es particularmente interesante al caso del papa León XIII, quien recibiese del Cielo singular advertencia por medio de una visión, de la que no entramos en detalle pero que puede leer siguiendo este enlace.
La terrorífica visión, movió al Papa del Santo Rosario a escribir de inmediato la oración conocida como «El Exorcismo de León XIII» que fue mandada publicar y repartir a todos los arzobispados del mundo Ipso Facto. En aquel documento se ordenaba también rezar la oración de rodillas. En un fragmento de esta oración podemos leer:
[…] Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido[…]
Debe advertir el lector que el papa León XIII hace una referencia clara al libro del Apocalipsis 8, 8, en la que una enorme montaña (referencia a los poderes mundanos) cae sobre las aguas (la Sana Doctrina) y las hace amargas como el ajenjo (la Sana Doctrina contaminada, el modernismo y toas las novedades). El resto, es verdaderamente explicito:
Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey.
A la muerte de León XIII en 1903, se convocó el cónclave que conduciría la elección de un nuevo Papa. Entre los candidatos presentes, destacaba el cardenal Rampolla como uno de los favoritos para la sucesión. Al comienzo del cónclave sus posibilidades de resultar elegido como el nuevo Papa eran las más altas. Fue entonces cuando, el 2 de agosto, el emperador austríaco Francisco José planteó, a través del cardenal Jan Puzyna, arzobispo de Cracovia, el veto imperial contra el cardenal Rampolla, denunciándolo abiertamente de pertenecer a la Ordo Temple Orientis, la llamada Orden del Temple (aunque hay quienes sostienen que la denuncia fue motivada en realidad por el apoyo que Rampolla ofreció como secretario de Estado a la laica Tercera República Francesa). Como consecuencia, los votos convergieron a favor del segundo candidato con más probabilidades; Giuseppe Sarto (Su Santidad San Pio X).
Las encíclicas de San Pio X
Destacó el papa San Pio X por su infatigable lucha contra el Modernismo, la que él mismo tildó de «la summa de todas las herejías». La combatió y denuncio abiertamente en diversas encíclicas. Pascendi Dominici Gregis estableció que los dogmas son inmutables y que la Iglesia sí tiene autoridad para dar normas de moral, este combate no fue sólo teórico sino que instituyó un organismo (Sodalitium Pianum) que obligó a los modernistas a rectificar o separarse de la Iglesia.
Estableció la necesidad que todo el clero hiciera un juramento contra las herejías modernistas, el conocido Juramento Antimodernista.
En su encíclica Pascendi Dominici Gregis, publicada el 8 de septiembre de 1907, denuncia la infiltración de las doctrinas modernistas en el interior de la Iglesia:
Pero es preciso reconocer que en estos últimos tiempos ha crecido, en modo extraño, el número de los enemigos de la cruz de Cristo, los cuales, con artes enteramente nuevas y llenas de perfidia, se esfuerzan por aniquilar las energías vitales de la Iglesia, y hasta por destruir totalmente, si les fuera posible, el reino de Jesucristo.
Hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.
Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar.
Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.
Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más profundas.
Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol, y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper.
Y mientras persiguen por mil caminos su nefasto designio, su táctica es la más insidiosa y pérfida. Amalgamando en sus personas al racionalista y al católico, lo hacen con habilidad tan refinada, que fácilmente sorprenden a los incautos.
Por otra parte, por su gran temeridad, no hay linaje de consecuencias que les haga retroceder o, más bien, que no sostengan con obstinación y audacia.
Juntan a esto, y es lo más a propósito para engañar, una vida llena de actividad, constancia y ardor singulares hacia todo género de estudios, aspirando a granjearse la estimación pública por sus costumbres, con frecuencia intachables.
Por fin, y esto parece quitar toda esperanza de remedio, sus doctrinas les han pervertido el alma de tal suerte, que desprecian toda autoridad y no soportan corrección alguna; y atrincherándose en una conciencia mentirosa, nada omiten para que se atribuya a celo sincero de la verdad lo que sólo es obra de la tenacidad y del orgullo.
En Sacrorum Antistitum, conocido como el Juramento Anti-modernista, publicado el 1 de septiembre de 1910 y que era de carácter obligatorio para “todo el clero, los pastores, confesores, predicadores, superiores religiosos y profesores de filosofía y teología en seminarios” y que fuese suprimido por la Congregación para la Doctrina de la Fe… a consecuencia de los cambios introducidos por el Concilio Vaticano II el 17 de julio de 1967, nos dice:
Ya no afrontamos en nuestra propia casa adversarios “con piel de cordero”, sino enemigos declarados e insolentes, los cuales, habiendo celebrado un pacto con los principales enemigos de la Iglesia, están decididos a destruir la Fe (…) Quieren renovarla, como si estuviera consumida por la decrepitud; quieren ampliarla y adaptarla al Mundo y a sus progresos y comodidades, como si ella se opusiera, no sólo a la frivolidad de algunos, sino al bienestar de la sociedad.
Y luego en la encíclica Editae Saepe publicada el 26 de Mayo de 1910, unos meses antes del tercer centenario de la canonización de San Carlos Borromeo, al que conmemora en esta encíclica:
Los modernistas proponen una apostasía universal, incluso peor a la que amenazaba en los días de san Carlos Borromeo. Es peor decimos, porque se infiltran sigilosamente en las mismas venas de la Iglesia, se esconden allí y astutamente exponen sus principios erróneos, llevándolos hasta sus últimas conclusiones.
Cuando esta doctrina no pueda ya guardarse incorruptible y que el imperio de la verdad no sea ya posible en este mundo, entonces, el Hijo de Dios aparecerá una segunda vez, pero hasta ese último día, debemos mantener intacto el depósito sagrado y repetir la gloriosa declaración de San Hilario: ‘vale más morir en este siglo, que corromper la castidad de la verdad.
Nuestra Señora en La Sallete
El 19 de Septiembre de 1847, en el pueblo de La Salette-Fallavaux, Francia, la Virgen María se aparece a dos pequeños pastorcillos de nombres Mélanie Calvat (14 años) y Maximino Giraud (11 años). Ellos al regresar al pueblo aquel día y luego de pastorear sus vacas, reportaron haber tenido la visión de una hermosa pero triste señora que lloraba desconsolada y que estaba envuelta en una muy resplandeciente luz, sentada sobre una enorme piedra. Entre muchas otras advertencias, Nuestra Señora les dijo a los niños:
[…] Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza.[…]
[…] Muchos abandonaran la fe y será grande el número de sacerdotes y religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entres estas personas, habrá incluso obispos […]
En los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en la órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.
Muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y los suyos. Lucifer con un gran número de demonios serán soltados del infierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas consagradas a Dios. Los cegarán de tal manera, que a menos de una gracias particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos. Muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas. Roma perderá la fe y se convertirá en la cede del anticristo.
La mayoría de los textos que aquí se presentan, pueden ser consultados en la web oficial del Vaticano. Muchas encíclicas no están disponibles en castellano, pero pueden ser traducidas fácilmente con cualquiera de las tantas aplicaciones y utilidades disponibles hoy en día.
Cuando se rebate la herejía protestante que busca negar los dogmas Católicos, es bueno hacerlo respaldando nuestros argumentos, consultando su propia «biblia», es decir, la Reyna Valera. Así no podrán aducir supuesta manipulación o tergiversación de la verdad (de su supuesta «verdad»). De la misma manera, para quienes nos acusan de «Lefevbvristas», «remanentistas» o «sedevacantistas», les presentamos documentos oficiales, largo tiempo conocidos y ampliamente difundidos. De conocimiento público y accesibles a cualquiera.
Todo sea para la mayor gloria de Dios.
