La hora Santa fue concebida por el Padre Mateo Crawley como parte de la Adoración Nocturna al Sagrado Corazón en los hogares; por tanto es aconsejable rezarla en familia asumiendo los padres y los hijos la lectura de los distintos protagonistas. Fue escrita originalmente para ser practicada durante la víspera de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, pero puede practicarse en cualquier momento, sobre todo durante el mes de Junio, dedicado a la devoción al Sagrado Corazón.
Preparación
¡Oh amantísimo Jesús, inmolado por nosotros! ¡Oh amado Salvador nuestro! permitid que me arrodille a vuestro lado, en el huerto de las Olivas, y que pase íntimamente unido a vuestro Corazón agonizante, la Hora Santa que habéis pedido a vuestra fidelísima y víctima, la Bienaventurada Margarita María.
¡Concededme, oh adorable Salvador, una íntima participación de vuestros incomprensibles dolores, y de los sentimientos de compasión que llenaron el alma de vuestra Santísima Madre en aquella noche de mortales angustias! Os ofrezco, para suplir mi insuficiencia, los afectos de esta Madre amantísima, los de la B. Margarita María, y los de todas las almas que mas os han consolado en este Misterio de dolor y de amor; y también los de vuestros fieles Guardias de Honor que, en esta misma hora, se asocian al amarguísimo desamparo de vuestra santísima Alma en el huerto de Getsemaní.
Oh Jesús, misericordia y dulzura mía, oh suavísimo y afligidísimo Maestro, toleradme en vuestra presencia… escuchadme… bendecidme y sumergidme en el océano de amargura que va a invadir y llenar vuestro dulcísimo Corazón. Amén.
Primer cuarto de Hora: Mi alma esta triste hasta la muerte.
Consideremos a Jesús, el gran penitente de amor, al Cordero inmaculado presentándose delante de su Padre, cargado con todas las iniquidades del mundo, “Se hizo pecador por nosotros, dice San Pablo.” Se hizo nuestro fiador, y ha de pagar hasta el último cuadrante de nuestra deuda.
Todas las abominaciones, impurezas, traiciones, atentados, maldades, sacrilegios… todos los crímenes, para decirlo en una palabra, que han manchado y mancharán a la humanidad entera; Él, la Santidad infinita, se ha revestido de ellos como de una lepra asquerosa.
¡Cubierto con este manto de ignominia, se arrodilla para confesar, en el tribunal de la Justicia divina, todos los pecados de los hombres!
Confiteor | Latín
Confiteor Deo omnipotenti,
Beatæ Mariæ semper Virgini,
Beato Michaeli Archangelo,
Beato Ioanni Baptistæ,
Sanctis Apostolis Petro et Paulo,
omnibus Sanctis, et tibi Pater;
quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere;
mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
Ideo precor Beatam Mariam semper Virginem,
Beatum Michaelem Archangelum,
Beatum Ioannem Baptistam,
Sanctos Apostolos Petrum et Paulum,
omnes Sanctos, et te Pater,
orare pro me ad Dominum, Deum nostrum.
Confiteor | Castellano
Yo, pecador me confieso a Dios todopoderoso
a la bienaventurada siempre Virgen María,
al bienaventurado san Miguel Arcángel,
al bienaventurado san Juan Bautista,
a los santos Apóstoles Pedro y Pablo,
a todos los santos, y a vosotros, hermanos,
que pequé gravemente de pensamiento, palabra y obra;
por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa.
Por eso, ruego a Santa María siempre Virgen,
al bienaventurado san Miguel Arcángel,
al bienaventurado san Juan Bautista,
a los santos Apóstoles Pedro y Pablo,
a todos los santos, y a vosotros, hermanos,
que roguéis por mí a Dios nuestro Señor. Amén.
Confiteor | Video
https://www.youtube.com/watch?v=KBgjhseP_fs
Y no solamente los confiesa uno a uno, sino que le producen vergüenza inexplicable y contrición infinita: e implora desde el fondo del abismo de humillación y de dolor en que está sumergido, el más humilde perdón de ellos…
De profundis clamavi ad te | Latín
De profundis clamavi ad te, Domine;
Domine exaudi vocem meam.
Fiant aures tuae intendentes
in vocem deprecationis meae.
Si iniquitates observaveris,Domine,
Domine, quis sustinebit?
Quia apud te propitiatio est,
et propter legem tuam, sustinui te, Domine.
Sustinuit anima mea in verbo eius;
speravit anima mea in Domino.
A custodia matutina usque ad noctem,
speret Israel in Domino.
Quia apud Dominum misericordia
et copiosa apud eum redemptio.
Et ipse redimet Israel
ex omnibus iniquitatibus eius.
De profundis clamavi ad te | Castellano
Desde lo más profundo te llamo a ti, Señor:
¡Señor, escucha mi voz!
¡Que tus oídos atiendan
la voz de mis súplicas!
Si las culpas consideras, Señor,
¿Señor, quién resistirá?
Porque hay gracia en ti,
y por tu ley, te busco, Señor.
Mi alma aguarda en su palabra;
Espera mi alma en el Señor.
Más que los centinelas la aurora
aguarda Israel a Yahveh.
Porque en el Señor hay misericordia,
y en Él habita la total redención,
Él redimirá a Israel
de todas sus culpas.
De profundis clamavi ad te | Video
https://www.youtube.com/watch?v=gsxm6SKRjx4
¡Ah! el pecado, ese lodo inmundo, ese mal abominable con que el nobilísimo Hijo de Dios se siente como impregnado hasta lo más intimo de su sustancia, le llena de tan grande angustia, que, cayendo postrado sobre su rostro, exclama: iTristis est anima mea usque ad mortem! ¡Mi alma esta triste hasta la muerte!
Dulcísimo Cordero que quitáis los pecados del mundo, preservadnos para siempre de este único y supremo mal. Por el mortal desamparo a que nuestras iniquidades Os redujeron en Gersemaní, hacednos concebir un vivo dolor de nuestros pecados y la enérgica resolución de no ofenderos en adelante. Perdón, Señor, para nosotros, perdón para los pobres pecadores nuestros hermanos!
Acto de contrición.
Parce, Domine | Latín
Parce, Domine, parce populo tuo:
ne in aeternum irascaris nobis.
Flectamus iram vindicem,
Ploremus ante Judicem;
Clamemus ore supplici,
Dicamus omnes cernui:
Nostris malis offendimus
Tuam Deus clementiam
Effunde nobis desuper
Remissor indulgentiam.
Dans tempus acceptabile,
Da lacrimarum rivulis
Lavare cordis victimam,
Quam laeta adurat caritas.
Audi, benigne Conditor,
Nostras preces cum fletibus
In hoc sacro jejunio,
Fusas quadragenario.
Parce, Domine | Castellano
Perdona, oh Señor, perdona a tu pueblo:
no estés airado para siempre con nosotros.
Aplaquemos la ira justiciera,
lloremos ante el Juez,
clamemos con voz suplicante,
digamos todos inclinados:
Con nuestras maldades ofendimos
tu clemencia, oh Dios:
desde lo alto derrama sobre nosotros,
oh Benévolo, indulgencia.
Dando un tiempo favorable,
permites que con ríos de lágrimas
se purifique la ofrenda del corazón,
la cual la alegre caridad inflama.
Escucha, oh benévolo Creador,
nuestras preces entre lágrimas
en este sagrado ayuno
cuaresmal derramadas.
Oh feraz Conocedor de los corazones,
Tú conoces la debilidad de [nuestras ] fuerzas:
a los que nos dirigimos a Ti, muestra
la gracia del perdón.
De profundis clamavi ad te | Video
https://www.youtube.com/watch?v=30lH6nE1cuE
Segundo cuarto de hora: Padre, si es posible, pase de mí este cáliz.
No solamente Jesús se ha revestido de nuestras iniquidades y las ha confesado a la Majestad sino que las ha expiado en su Corazón, en el Huerto, en su carne santísima, sobre la Cruz.
Consideremos, lo primero, que sobre el Corazón Santísimo de su muy amado Hijo va a descargar el Eterno Padre su enojo, y ejercer todo el rigor de su justicia. Consideremos a Jesús, dulce Cordero, mansedumbre infinita, entregado al terror de la vista de su Padre irritado.
¡El temor… el tedio… la tristeza se apoderan de su alma santisima! Comienza temer “pavere”, a la vista de los tormentos que le esperan… a sentir un tedio mortal… “taedere”, causado por la ingratitud de los hombres y por la inutilidad de su Pasión para tantos… y a afligirse… “maestus ese”, con amarga tristeza mirando nuestros innumerables pecados, los cuales ha tornado sobre sí, abrevado de amargura.
Y el alma santísima del Salvador, llena de terror, pide misericordia: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”… Su espíritu se turba, su cuerpo tiembla y suda sangre hasta regar con ella la tierra.
Escuchemos lo que el mismo Nuestro Señor reveló a la B. Margarita María acerca de la lucha formidable que sostuvo en el Huerto de Getsemani.
“He comparecido, dijo, ante la Santidad de Dios, quien, sin atender a mi inocencia, me ha anonadado en su santa ira, haciéndome beber el cáliz lleno de la hiel y de la amargura de su justa indignación, como si hubiera olvidado el nombre de Padre para sacrificarme a su justa cólera”.
“No hay criatura alguna, añadió Nuestro Señor, que pueda comprender los grandes tormentos que sufrí entonces; y este mismo dolor es el que experimenta el alma criminal cuando comparece ante el tribunal de la santidad divina, que pesa en algún modo sobre ella, la lastima con su peso, la oprime y la destroza porque así lo pide la divina justicia”.
¡Oh! pensemos que un día tendremos nosotros que comparecer también ante la santidad de Dios; preparémonos a sufrir sus rigores, porque “si esto se hace en el leño verde, con el seco que se hará?”
Y sobre todo, seamos indulgentes con nuestros hermanos… no los juzguemos y no seremos juzgados. Con la misma medida con que midiéremos, seremos medidos.
Miserere mei Deus… In te Domine speravi.
Miserere mei Deus | Latín
Miserere mei, Deus,
secundum magnam misericordiam tuam
et secundum multitudinem miserationum tuarum
dele iniquitatem meam.
Miserere mei, Deus.
[4] Amplius lava me ab iniquitate mea
et a peccato meo munda me.
Miserere mei, Deus.
[5] Quoniam iniquitatem meam ego cognosco,
et peccatum meum contra me est semper.
Miserere mei, Deus.
[6] Tibi soli peccavi et malum coram te feci,
ut justificeris in sermonibus tuis
et vincas cum judicaris.
Miserere mei, Deus.
[7] Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum
et in peccatis concepit me mater mea.
Miserere mei, Deus.
[8] Ecce enim veritatem dilexisti
incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi.
Miserere mei, Deus.
[9] Asperges me, Domine, hyssopo,
et mundabor;
lavabis me, et super nivem dealbabor.
Miserere mei, Deus.
[10] Auditui meo dabis gaudium et laetitiam
et exultabunt ossa humiliata.
Miserere mei, Deus.
[11] Averte faciem tuam a peccatis meis
et omnes iniquitates meas dele.
Miserere mei, Deus.
[12] Cor mundum crea in me, Deus,
et spiritum rectum innova
in visceribus meis.
Miserere mei, Deus.
[13] Ne proicias me a facie tua
et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.
Miserere mei, Deus.
[14] Redde mihi laetitiam salutaris tui
et spiritu principali confirma me.
Miserere mei, Deus.
[15] Docebo iniquos vias tuas
et impii ad te convertentur.
Miserere mei, Deus.
[16] Libera me de sanguinibus, Deus,
Deus salutis meae,
et exultabit lingua mea justitiam tuam.
Miserere mei, Deus.
[17] Domine labia mea aperies
et os meum annunciabit laudem tuam.
Miserere mei, Deus.
[18] Quoniam si voluisses sacrificium dedissem utique holocaustis
non delectaberis.
Miserere mei, Deus.
[19] Sacrificium Deo spiritus contribulatus:
cor contritum et humiliatum,
Deus, non despicies.
Miserere mei, Deus.
[20] Benigne fac, Domine,
in bona voluntate tua Sion,
ut aedificentur muri Ierusalem.
Miserere mei, Deus.
[21] Tunc acceptabis sacrificium iustitiae, oblationes et holocausta;
tunc imponent super altare tuum vitulos.
Miserere mei, Deus.
Miserere mei Deus | Castellano
¡Oh Dios, apiádate de mí!
según tu gran misericordia y
según tu inagotable compasión,
borra mi iniquidad.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Lávame completamente de mi iniquidad
y límpiame de mi pecado.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Pues yo reconozco mi iniquidad
y tengo siempre presente mi pecado.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Solo a ti ofendí e hice lo que para ti es malo,
pues has sido justo en tu sentencia
y eres excelso cuando juzgas.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Pues he aquí que fui concebido en iniquidad
y en el pecado me concibió mi madre.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
[8]Pues he aquí que amaste la verdad,
me manifestaste lo desconocido y lo oculto de tu sabiduría.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Empápame, Oh Señor, con el hisopo,
y estaré limpio;
lávame, y seré más blanco que la nieve
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Darás gozo y alegría a mis oídos
y exultarán los corazones humillados.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
[11] Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis iniquidades.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro
y renueva un espíritu justo
en mi interior.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
No me expulses de tu presencia
ni me arrebates tu santo espíritu.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Devuélveme la alegría de tu salvación
y fortaléceme con un espíritu generoso.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Enseñaré a los inicuos tus caminos
y los impíos se convertirán a Ti.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Libérame de la sangre, oh Dios,
Dios de mi salvación,
y mi lengua ensalzará tu justicia.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Oh Señor, abrirás mis labios
y mi boca proclamará tu alabanza.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
[18] Pues si hubieses querido un sacrificio
y te hubiese dado un holocausto
no lo habrías querido.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Para Dios sacrificio es un espíritu abatido:
un corazón contrito y humillado,
oh Dios, no lo desprecias.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Sé benigno, Oh Señor,
con Sión, según tu favorable designio,
para que se edifiquen los muros de Jerusalén.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
Entonces aceptarás el debido sacrificio,
las oblaciones y holocaustos,
entonces se ofrecerán novillos sobre tu altar.
¡Oh Dios, apiádate de mí!
De profundis clamavi ad te | Video
https://youtu.be/EyqDPakdBAA?si=xnxbayoRYHYSCUkB
In te Domine speravi | Latín
In te Domine speravi
Per trovar pietà in eterno.
Ma in un tristo e obscuro inferno
Fui et frustra laboravi.
Rotto e al vento ogni speranza
Veggio il ciel voltarmi in pianto.
Suspir lacrime m’avanza
Del mio tristo sperar tanto.
Fui ferito, se non quanto
Tribulando ad te clamavi.
In te Domine speravi.
In te Domine speravi | Castellano
En Ti, oh Señor espero
para encontrar compasión por los siglos.
Pero en un infierno triste y oscuro
estaba sufriendo en vano
y arrojado al viento de las circunstancias.
Rota y al viento toda esperanza
veo llorando el cielo dando vueltas.
Sólo suspiros y lágrimas
me vienen de tan triste esperar.
Me hirieron, pero en mi dolor te invoqué.
En Ti, oh Señor, espero.
In te Domine speravi | Video
https://www.youtube.com/watch?v=s5yenuVk7Rw
Tercer cuarto de hora: ¡Qué! ¿No habéis podido velar una hora conmigo?
La Victima santa, inundada en su sangre, se levanta buscando quien la consuele… Pero ¡ay! el gran Justo abandonado en Getsemaní hubo de exprimir solo el lagar… Sus tres más queridos e íntimos amigos, Pedro, Santiago y Juan, dormían algunos pasos de allí. ¿Quién podrá decir el dolor que sintió Jesús por semejante abandono… a tal hora… en tal lugar? Pero su amantísimo Corazón debía conocer todos los dolores, y cubrirnos con toda su indulgencia: iQue! ¿No habéis podido velar una hora conmigo? ¡Que dulce reconvención… seguida de aquella caritativa advertencia! Velad y Orad, porque no caigáis en tentación.
jOh Maestro agonizante, y siempre paciente y bondadoso, no permitáis que Vuestros escogidos, Vuestros Guardias de honor, se adormezcan jamás cobardemente en el puesto de amor en que Vos los habéis tan misericordiosamente colocado!
En Vuestro tabernáculo, como en el Huerto de las Olivas, sufrís aun todos los horrores de una lenta agonía. Allí Os persiguen las traiciones; la ingratitud de los hombres Os hace gemir, lloráis nuestros crímenes; y los confesáis día y noche a Vuestro Padre Celestial… Oh Jesús, dulcísimo Jesús, que, careciendo de los divinos consuelos, nos habéis convidado a consolaros; hacednos vigilantes y esforzados, generosos y enteramente dedicados a Vuestro sagrado Corazón.
Enseñadnos a orar y velar, para no caer en la tentación y para que nos libremos de todos los peligros de la hora presente. Por el incomparable desamparo de Vuestro Corazón en Getsemani tened piedad, ioh Jesús! de los afligidos. Consoladlos, sostenedlos y santificadlos en la hora de la prueba. Piedad también, Señor, para los agonizantes, y para nosotros mismos, cuando llegue la terrible hora de comparecer delante de Vos, y de recibir la sentencia que nos hará dichosos o desgraciados por toda una eternidad. Amén.
Oración por los agonizantes.
Oh Clementísimo Jesús, lleno de amor por las almas,
suplícote por la agonía de tu Santísimo Corazón,
y por los Dolores de tu Inmaculada Madre ,
purifiques en tu Sangre a todos los pecadores que están agonizado en este momento
y han de morir hoy mismo. Amén.
Corazón agonizante de Jesús, tened misericordia de los moribundos.
Corazón dolorido de María, sed consuelo de todos los agonizantes.
Último cuarto de hora: “Ya el Hijo del hombre va ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos”.
Jesús había orado tres veces diciendo: “Padre, si es posible, pase de mí este cáliz”, añadiendo luego: “No se haga mi voluntad, sino la Vuestra”. Ahora bien, esta voluntad Santa era que el adorable agonizante muriese, “porque la muerte es la paga del pecado”. — “Levantaos, dijo a sus discípulos, y vamos”. —“¿A dónde, mi dulce Maestro y Señor?”… — “Al beso de Judas, al Pretorio, a la Columna, al Calvario, al patíbulo infame…” Y, adelantándose a la tropa enemiga que viene a prenderle: “¿A quién buscáis?” les dijo. “A Jesús de Nazaret…” — “Yo soy”.
¡Oh gran Combatiente de amor! ¡Oh Luchador magnánimo que nos convidáis a seguiros! “Henos aquí”. Vuestros Guardias de honor Os escoltarán debidamente, subirán con Vos a la montaña santa de los dolores, que es el “monte de los amantes”. Bajo Vuestras ordenes, oh Rey inmortal de los siglos, quieren pelear el buen combate, vencer al príncipe de las tinieblas, triunfar del mundo, y morir resueltamente a sí mismos, a fin de vivir solo para Vos. Vamos y muramos con él.
Transportémonos en espíritu al Calvario. Adoremos al divino ajusticiado expirando en el árbol de la Cruz: ¡Él es el Amor muerto de amor!… ¿No viviremos en adelante para amarle únicamente? Si; en retorno entreguémonos todos a Jesús; y por Él, con Él y en Él, al beneplácito divino. Unamos nuestras pobres inmolaciones a su continua inmolación en el altar. Volvamos sacrificio por sacrificio, amor por amor al Corazón herido de Jesús, y entremos en seguimiento de la Santísima Virgen María, San Juan y Santa María Magdalena, en su Llaga adorable, para no salir jamás de ella.
Haec requies mea | Latín
Canticum ascensionum. David. Domine, non est exaltatum cor meum,
neque elati sunt oculi mei, neque ambulavi in magnis neque in mirabilibus super me.
Vere pacatam et quietam feci animam meam; sicut ablactatus in sinu matris suae,
sicut ablactatus, ita in me est anima mea.
Speret Israel in Domino ex hoc nunc et usque in saeculum.
Haec requies mea | Castellano
Yahveh, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron;
Ni anduve en grandezas,
Ni en cosas demasiado sublimes para mí.
2En verdad que me he comportado y he acallado mi alma
Como un niño destetado de su madre;
Como un niño destetado está mi alma.
3Espera, oh Israel, en Jehová,
Desde ahora y para siempre.
Conclusión
¡Padre Santo, que habéis amado tanto al mundo que le habéis entregado y sacrificado a Vuestro Hijo único, nosotros Os bendecimos por esta incomprensible misericordia! No pudiendo hacerlo dignamente, Os damos gracias por medio del Corazón de nuestra dulce y santa Victima. ¡Después de hacerse nuestra redención, se hará nuestra acción de gracias! Y a Vos, oh Salvador, oh Cordero, oh amor nuestro inmolado, Os alabamos, Os bendecimos, Os glorificamos por todos los siglos, por haberos sacrificado por la salvación de Vuestras pobres criaturas.
Por medio del Corazón de María inmolada al pie de la Cruz, por la voz elocuente de sus lágrimas de Madre. Os damos gracias, y Os prometemos, oh Jesús amadísimo, huir del pecado, combatir nuestras perversas inclinaciones, vencer nuestra repugnancia para el bien, y nuestro apego at mundo y sus falsos placeres, repitiendo con Vuestra fiel amante la B. Margarita María: “El amor divino me ha vencido, él sólo poseerá mi corazón”. Amén.
ACTO DE DESAGRAVIO DE PÍO XI
¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.
¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
