Extremauncion

La importancia de perseverar en la oración sin importar lo adverso de las circunstancias

Publicado el 2 de octubre de 2022

Actualizado el 15 de abril de 2025

Archivado en: Píldoras de Fe

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La historia que está a punto de leer es real y tuvo lugar tan sólo hace unos pocos días (Septiembre del 2022). Espero que sirva para alimentar la fe de quienes padecen y se encuentran en situación similar a la que aquí se presenta.

Este drama familiar, demuestra lo importante de perseverar en la oración, sin importar cuan adversas se presenten las circunstancias. Incluye además la carta que le envíe por correo electrónico al padre Diego Cano (el de la misión en Tanzania, a la que Dios mediante ayudamos todos los años para Navidad), a quien acudí por ayuda.

Tenga siempre presente que la oración es la fuerza del cristiano, pues cuando nos encontramos vulnerables es cuendo la oración nos hace más fuertes, que la Santísima Virgen María es siempre fiel a sus promesas y que Dios siempre escucha nuestras oraciones, no siempre dándonos la solución que nosotros queremos y esperamos, sino la que más conviene desde el punto de vista de la salvación del alma.


Mi cuñado; Marco, falleció hace algunos días, víctima de un cáncer terminal, que fue carcomiendo tanto su organismo como sus fuerzas de manera paulatina.

Sabida era por todos los que le conocíamos más de cerca, su poca simpatía por los sacerdotes. Por ellos, no asistía a misa regularmente (en el pasado hice yo mismo algunos esfuerzos por hacerlo volver a la parroquia local). No se confesaba ni mucho menos comulgaba. Cuando se le tocaba el tema, se molestaba sobremanera y, blandía una frase, que muy seguramente algunos de ustedes habrán escuchado más de una vez: «Yo me confieso con Dios a mi manera. No tengo que confesarme con ningún hombre»

Cuando nos enteramos de su enfermedad y del no muy alentador panorama que plantearon los médicos, de inmediato le comenté a mi esposa: «tenemos que encontrar alguna forma de convencer a Marco de que reciba a un sacerdote» (debido a lo debilitado de su sistema inmunológico como consecuencia de las quimioterapias, el médico le había indicado permanecer en casa, esto a manera de evitar cualquier infección oportunista que pudiese complicar su situación general).

Durante semanas, este pensamiento yacía de manera permanente dando vueltas en mi cabeza.¿Cómo convencer a Marco de que reciba a un cura?…

La última visita que le hicimos en su casa, mientras aún tenía fuerzas para hablar y movilizarse por si mismo, conversamos largo y tendido sobre muchos temas. Yo esperaba la mejor oportunidad posible para tocar el consabido asunto, pero esta simplemente no se dio, por lo que opté por hacerlo al momento de despedirme. Fui directo y sin rodeos: Marco, ¿recibirías a un sacerdote? A lo que él contestó con un contundente NO.

Un día más tarde, decidí contactar al padre Diego Cano del IVE, valiente sacerdote y misionero por quien siento profunda estima y admiración, quien luego de intercambiar algunos correos electrónicos (él se encuentra en Tanzania) me informase que lamentablemente el sacerdote más próximo de su orden se hallaba a seis horas de distancia.
No tuve tiempo ni siquiera de considerar la posibilidad de hacer el viaje, pues ese mismo día nos enteramos que la salud de Marco se había complicado aún más y necesitaba ser internado con relativa urgencia.

El desarrollo de la historia, está mejor explicado en el correo electrónico que en su momento le escribiese al padre Diego, cuando Dios, como suele hacer, dispuso las cosas como Él sólo sabe hacer. El correo a continuación.

Estimado padre Diego:

Le escribo estas lineas, a fin de contarle una breve historia, de la que lo hice participe algunas semanas atrás. Espero le sirva para fortificar el espíritu y le ayude en los momentos difíciles, que seguramente los pasa – y muchos- en su abnegada labor de sacerdote y misionero.

Se acuerda de Marco, quien no quería saber nada de recibir a un sacerdote ni mucho menos recibir la unción de los enfermos? Fíjese que insistimos nuevamente… y su respuesta fue la misma. «No quiero saber nada de sacerdotes». Esta respuesta es – sin embargo – la que hace interesante la historia y a la vez, nos recuerda la importancia del rezo del Santo Rosario con insistencia. Además, nos ha de traer a colación lo siguiente: La santísima Virgen María es siempre fiel a sus promesas.

Al encontrarnos frente a la mentada situación, y viendo que la salud de Marco se deterioraba rápidamente, optamos los familiares más próximos, por rezar el Santo Rosario haciendo uso de Facetime. Sin embargo, la condición del enfermo – muy a pesar de nuestras oraciones-, rápidamente se tornó crítica, razón por la cual hubo que hospitalizarlo de emergencia. Bien pronto, Marco comenzaba a hablar con dificultad, le faltaba el aire, le fallaban los riñones, el hígado, y su cuerpo comenzó a hincharse. Una semana más tarde (el viernes próximo pasado), el médico consideró viable darle de alta. No porque su condición hubiese mejorado, sino por que la primera dosis del tratamiento experimental al que se le había sometido como última esperanza de curación, se había administrado. Siendo que el tratamiento se aplica al enfermo cada 30 días, el médico había considerado innecesaria su permanencia en el hospital. Así pues, se le suministraron los medicamentos paliativos adecuados a su condición.

Nosotros, a pesar de lo adverso de las circunstancias, continuamos devotamente el rezo del Santo Rosario todos los días.

Este domingo próximo pasado, a las 6:30 de la mañana, sonó el teléfono de mi esposa. Era su hermana. Sabíamos que no podían ser buenas noticias: La condición de Marco había empeorado aún más y nos pedía que por favor le ayudacemos con el enfermo, pues su condición era ya tal, que no podía más ella sola con él. De inmediato nos alistamos y nos dirigimos camino a su casa.

En el trayecto, observé a mi lado Izquierdo una Iglesia, que acababa de concluir la celebración de la Misa dominical de las 7am. En la entrada principal, destacaba una inmensa imagen de la Santísima Virgen María, la que atrajo me atención y me abstrajo por algunos segundos pensando yo: «Nos harás el milagro Señora?».

Llegamos a casa del enfermo y nos recibe mi cuñada. La imagen era sobrecogedora: Marco yacía en la cama muy debilitado apenas podía articular palabra alguna. Resultaba más que obvio que la presencia de un sacerdote era necesaria ya… Por eso hicimos un último intento…

Mientras yo apretaba entre mis dedos las cuentas del rosario con angustia, mi cuñada le explicaba escuetamente de qué trataba el sacramento de la Unción de los enfermos, luego insistí yo por algunos minutos más. Finalmente mi cuñada hizo nuevamente la pregunta: «Quieres que traiga un sacerdote?». Marco asintiendo con la cabeza rápidamente, nos dejó saber que sí!….

«Vete con Vicky (mi esposa) a buscar al sacerdote, yo me quedo aquí con él». Le dije a mi cuñada. Pronto salieron ambas rumbo, -sin saberlo yo- a la misma Iglesia cuya imagen de la Santísima Virgen había capturado mi atención…

Allí encontraron a un joven sacerdote, el que les dijo que estaba a punto de comenzar la misa de 8am (que él celebraba) , pero que «por coincidencia», un sacerdote visitante, llegado de España iba a celebrar en su lugar. Cosa que le daba tiempo de ver al enfermo antes de la siguiente misa.

El sacerdote llegó unos minutos después (prudentemente, optó por hacer el trayecto en su propio auto) de que mi esposa y cuñada regresasen a la casa. Allí, estaba Marco, recostado. Mientra este hombre de Dios ingresaba a la recamara, yo sacaba un enrome crucifijo (un cristo agonizante) que había llevado… y lo puse sobre el pecho de Marco. En lo que el sacerdote se presentaba y le explicaba al enfermo sobre el sacramento que estaba a punto de recibir, Marco abrazó la Cruz, y con la mano derecha se aferró con las fuerzas que le quedaban al cuerpo del Cristo crucificado. Recibió los santos óleos y recibió el perdón de todos sus pecados… todo se había cumplido como lo manda la Santa Iglesia. Lo que parecía imposible, se había podido llevar a cabo, de una manera verdaderamente conmovedora.

Pero no pasó ni media hora, cuando de pronto, Marco súbitamente colapsó. En cuestión de minutos su salud se había deteriorado aún más. Fue necesario llamar al servicio de emergencias para transportarlo al hospital USC de los Ángeles. Allí fue ingresado a la unidad de cuidados intensivos. El médico ha sido claro: Sólo tiene un 30% de probabilidades de sobrevivir esta semana…

Ayer, todos sus seres queridos fuimos a despedirnos de él. El proceso fue algo largo, pues a la UCI solo pueden ingresar dos personas a la vez. Mi esposa y yo ingresamos a su debido tiempo. Ya dentro, vimos a Marco, su condición era aún peor, pero sin embargo, era capaz de reconocer rostros, escuchar y emitir algunos ruidos con su garganta. Allí le dijimos todo lo que le queríamos y le expliqué que ya no tenía nada que temer, pues ya estaba en amistad con Dios... Marco, volteando su cabeza, me miró fijamente y sacando su mano de debajo del cobertor – con las escasas fuerzas que le quedaban-, la abre sobre su pecho y me la presenta como quien quiere dar la mano. De inmediato le tiendo la mía, y la toma de la misma manera -así como hacemos los hombres cuando somos muchachos- esos apretones fuertes que solo se dan dos personas que confían la una en la otra o que se tienen gran respeto o estima. Nos miramos a los ojos fijamente por unos segundos, más el apretón de manos se hizo infinito. Quiero pensar que fue un «gracias… tenías razón».

Ahora que su alma se desprende de a pocos del cuerpo, puede ver seguramente aquellas cosas sobrenaturales, de las que el mundo en el que vivimos se ha olvidado. Eso es lo que me ha dicho también ese apretón de manos…

Mientras le escribo estás lineas, me ha llamado mi esposa y comunica que debido a lo crítico de su condición, ya ni la diálisis es efectiva y por ello están a punto de desconectar la máquina. El encuentro de Marco con el Padre es inminente. Por eso, quiero agradecerle a Dios por sacerdotes como usted, que con su labor abnegada, llevan la palabra de Dios y los sacramentos a aquellos lugares del mundo donde pocos han llegado. Que Dios se lo tenga en cuenta.

Padre, quiero pedirle un último favor. Incluya el nombre de mi cuñado durante algunas misas. Siéntase libre de compartir esta historia con quienes usted deseé. Seguramente le ha de servir de mucho a más de uno. Que Dios lo guarde y le conserve la salud son nuestros sinceros deseos.

Tengamos siempre presente, ahora más que nunca, que la Santísima Virgen María es fiel a sus promesas.

P.D. Hace un minuto hable con mi cuñada. Me informa que el capellán del Hospital, le administró los Santos óleos a Marco por segunda vez.

Hasta aquí el email.

Tan solo minutos después de aquella llamada, Marco se marchaba para siempre a la casa de nuestro eterno Padre…

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.