La misa en favor de las Benditas Almas del Purgatorio


La forma de ofrecer la Santa Misa en favor de las benditas almas del purgatorio por el R. P. ANTONIO DONADONI S. J. Tomada del DEVOCIONARIO EN FAVOR DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO.

LA SANTA MISA

Al arrodillarse

Señor, deseo ganar las indulgencias concedidas a esta Santa Misa que voy a oír y oraciones que voy a rezar, todas las que ofrezco con todas las Misas que se han dicho, que se están diciendo y que se dirán hasta el fin del mundo, y con los méritos e intercesión de vuestros Ángeles, Santos y Justos, a quienes invoco con todo mi corazón; y es mi voluntad poner estas indulgencias en manos de la Santísima Virgen María, para que por vuestro amor y honra se sirva aplicarlas a las almas del Purgatorio que fueren de su benigno agrado y elección. A este fin, os ruego por la exaltación de nuestra Santa fe católica, extirpación de las herejías, paz y concordia entre los príncipes cristianos, conversión de los infieles, herejes y pecadores, por los enfermos, agonizantes y caminantes, descanso de las benditas ánimas del Purgatorio y demás piadosos fines de nuestra Madre la Iglesia. Amén.

Al ir el sacerdote al altar

Permitidme, Señor, permanecer ante vuestro augusto acatamiento; ya que me disteis licencia de penetrar en vuestra santa casa, llenadme de temor reverencial y profundo respeto, para que con las disposiciones necesarias ofrezca, juntamente con el sacerdote, el inefable sacrificio a que voy a asistir. Y pues que vuestra misericordia infinita se complace en ser invocada a favor de los menesterosos y de los que sufren, yo me atrevo a levantar con humildad, pero también con fervor, mi voz en obsequio de vuestras muy amadas esposas las benditas ánimas que en el Purgatorio penan. Que mi indignidad no sea causa de que desechéis mis pobres oraciones, porque bien sabéis Vos, Señor, que los méritos de vuestra sacratísima vida, Pasión y muerte que voy a ofreceros, exceden y con mucho, a la multitud de mis culpas, que espera me serán perdonadas ya que las detesto sólo por ser ofensas a vuestra bondad sin límites. Amén.

La Confesión

¿Qué podré deciros oh mi Dios! Cuando con tanta claridad estáis mirando escritas en mi corazón todas mis iniquidades? Yo os las confieso penetrado de dolor y confusión e invocando el perdón para mí, juntamente os ruego que minoréis la confusión que padecen las ánimas del Purgatorio, acordándoos de lo que os hicieron sufrir vuestros enemigos cuando os acusaban falsamente en los tribunales. Amén.

Los Kiries

¡Ay mi Dios! Aunque toda mi vida invocara vuestra misericordia, hiriendo con dolor mi pecho, jamás quedaría tranquilo, por causa de la enormidad y multitud de mis pecados; pero si levanto hacia Vos mis ojos y os veo en mi obsequio sufrir mansamente que escupan y abofeteen vuestro rostro, entonces no sólo me atrevo a pediros que me subliméis a la honra de hijo vuestro, sino también que llevéis a las ánimas del Purgatorio a cubir en el Cielo sus rostros con los resplandores de la gloria. Amén.

La Gloria

Los Ángeles, Señor, los Bienaventurados celebren gozosos la magnificencia de vuestra gloria; pues no sea menor vuestra piedad para con los que en este valle de lágrimas desfallecemos oprimidos con el peso de nuestra carne, ni para con las almas que en el Purgatorio gimen penetradas de vivos dolores; antes bien, haced que unos y otros, libres de nuestras respectivas miserias, logremos pronto reunirnos en el cielo a cantar eternamente vuestras misericordias. Amén.

La Epístola

Los Patriarcas de vuestro pueblo suspiraban fervientes por Vos, dulce Jesús mío, y los Profetas anunciaban al pueblo escogido vuestra venida en carne mortal. ¡Ojalá que los viadores, que creemos que estáis ya entre nosotros sacramentado, nos unamos a Vos por gracia, y que las almas santas del Purgatorio, que suspiran por Vos llenas de amor y amargura, se os unan en el Cielo por gloria! Amén.

El Evangelio

Todos los Ángeles están alrededor del trono…, y postrándose sobe sus rostros, adoran a Dios, diciendo: «Amén, así sea»; nosotros, miserables pecadores, nos agrupamos alrededor del trono de vuestra soberanía, y acordándonos de la ley que disteis a nuestros padres cuando vivíais en el mundo, os pedimos la gracia de ejecutarla para merecer vuestra benevolencia, y clamamos: «Amén así sea»; y como vemos también a las almas Santas del Purgatorio esperando ansiosas su libertad (y que la Sangre del Cordero sin mancha las redima del reato de sus culpas, abreviando sus espantosos sufrimientos), redoblamos nuestras súplicas en su obsequio, no dudando que vuesta bondad les permita entonar luego con vuestros Ángeles el himno que perpetuamente éstos cantan:
«Bendición, gloria y sabiduría, acción de gracias, honra, poder y fortaleza a nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Al Credo

Creemos Señor firmemente, todo lo que Vos revelasteis y la Iglesia nos propone. Y he aquí que elevamos nuestros corazones al Cielo, pidiéndoos gracia y perdón para nosotros, porque dejasteis escrito en vuestro Evangelio: «Pedid y se os dará»; y levantamos también nuestras manos, intentando abrir las puertas de la Gloria a las almas del Purgatorio, según aquellas vuestras consoladoras palabras: «Llamad y se os abrirá». Haga el honor de vuestra palabra que nuestras esperanzas no queden defraudadas. Amén.

Al Ofertorio

Aceptad ¡Oh mi Dios!, este pan y este vino que deben convertirse pronto en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo vuestro Hijo, que os ofrecemos, cual víctima adorable, en memoria y continuación del sacrificio sangriento de la Cruz y ponemos en vuestras manos, su inmenso valor en pago de la gracia que para nosotros pedimos, y de la gloria que solicitamos para vuestras esposas, que gimen en la cárcel del Purgatorio. Amén.

Al orate fratres

Recibid ¡Oh Señor!, este sacrificio que os ofrecemos por la mano de vuestro venerable sacerdote, para alabanza y gloria de vuestro nombre, para la utilidad de toda la Iglesia, particular nuestra y descanso de las benditas almas del Purgatorio. Amén.

Al Prefacio

Verdaderamente que es digno, justo, equitativo y saludable que ahora y siempre y en todo lugar, os demos gracias por los innumerables beneficios de que nos habéis llenado, ¡Oh Dios misericordioso y bueno! Atraed pues, nuestro corazón y permitid que juntamente con las benditas ánimas del Purgatorio, libres de nuestro destierro unamos nuestras voces a las de vuestros Ángeles y bienaventurados en el Cielo, y todos sin cesar os cantemos: « ¡Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos! Llenos están los Cielos y la Tierra de la majestad de vuestra gloria. Amén».

Al primer memento

Acordaos Señor, de todos mis bienhechores, entre los que sin duda ocupan un principal lugar las ánimas del Purgatorio, que agradecidas os ruegan continuamente por mí. Para pagarles los favores de que me llenan, os suplico que las colméis de bendición hasta llevarlas al Cielo, donde yo logre unirme con ellas a fin de amaros y alabaros eternamente. Amén.

Consagración y elevación de la Hostia

¡Oh Señor! Vos que disteis a vuestros ministros la potestad de convertir el pan en vuestro Cuerpo adorable, dignaos hacer por esta conversión que se cambien los dolores que sufren las almas del Purgatorio en goces celestiales y que con nosotros, que asistimos a este tremendo sacrificio, unan sus voces desde el Cielo, diciendo (al elevar la hostia): «Sea alabado y se den gracias en todo momento al Santísimo y divinísimo Sacramento. Amén».

Segundo memento

Vuelve ¡Oh dulce Jesús!, desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno profundo de la cárcel del Purgatorio: esposas tuyas son, las que allí están purificándose; están marcadas con el sello de la Trinidad; son precio de tu sangre, son tierno objeto de tu amor. Un fuego terrible las acrisola; una privación temporal de la vista de tu hermosura las aflige sobremanera; suspiran con ansia por el feliz momento en que han de ir a unirse contigo. Que se apresure pues, instante tan dichoso, que salgan en breve a gozar de su Esposo amado; que tu Sangre preciosa las lleve al refrigerio; que tu grande misericordia las conduzca al descanso; que en la perpetua paz brille sobre ella la eterna luz. Así, Señor, te lo pedimos por aquella amarga hora en que entregaste tu Santo Espíritu en manos de tu Eterno Padre. Amén.

Pater noster

Padre nuestro, que estás en los Cielos: haz que a ellos vayan las almas del Purgatorio a santificar con sus alabanzas tu nombre, que tu reino las acoja, cumpliéndose luego la misericordiosa voluntad que tienes de librarlas de sus penas. Con el pan de la eterna bienaventuranza dales hartura en las bodas celestiales y perdónales todas sus deudas, así como a nosotros pecadores. Según tu grande clemencia, no dejes que decaiga nuestra confianza en Ti, antes bien levántala muy alto, y que así consigamos por tus méritos y bondad vernos libres de todo mal. Amén.

Pax Domini

Dales Señor, el descanso eterno y que las ilumine la eterna luz. Del poder del Infierno libra, Señor, sus almas. Descansen en paz. Amén.

Agnus Dei

¡Oh Dios benignísimo, de quien únicamente procede la verdadera paz! Concédenos clemente, que por medio de una santa vida obtengamos la paz de nuestras conciencias, y que nuestras humildes oraciones sean poderosas a obtener de tu misericordia el eterno descanso de las benditas ánimas del Purgatorio. Amén.

Domine, non sum dignus

Verdaderamente Señor, que no hay hombre alguno que sea digno de parecer en tu presencia; pero basta que digas una sola palabra, para que libres de nuestros pecados e imperfecciones, quedemos espléndidamente adornados con la preciosa vestidura de la gracia. Pronúnciala Señor, en obsequio nuestro y de las benditas ánimas del Purgatorio y luego quedaremos capaces de presentarnos en el Cielo a adorarte por toda la eternidad. Amén.

La Comunión

¡Oh Dios, que después de tu sangrienta Pasión quisiste que tu adorable Cuerpo fuese sepultado, y tu Alma amabilísima bajó al seno de Abraham a consolar a las almas santas que esperaban tu grato advenimiento! Concédenos piadoso a los viadores, que con tu gracia bajes a visitarnos en el abismo de nuestros pecados para santificarnos y a las almas santas del Purgatorio acudas con tu Sangre para apagar el fuego que las devora; y a todos nos lleves cuanto antes a sentarnos en la mesa del eterno convite de los Cielos. Amén.

Última oración

Desde el profundo abismo en que estoy caído, clamo a Vos, Señor; no seáis Dios mío, inexorable a mi voz. Dignaos escuchar los ruegos de un infeliz que no tiene otro recurso que vuestra misericordia. Sé Dios mío, cuán culpable soy a vuestros ojos; mas si examináis con rigor nuestras inquietudes, ¿Quién podrá sufrir vuestros juicios? Si en nosotros sólo encontraréis delitos para perdernos, en Vos hallaréis motivos para salvarnos; os impusisteis la ley de no resistir a nuestras lágrimas, y esto me obliga, Señor, a esperar confiado en vuestra bondad. Nunca me he olvidado de las promesas del Señor, que me han alentado en lo más fuerte de mis males: he esperado siempre en Él. Así, no deje Israel de esperar, pues recibirá por la noche el socorro que no haya
conseguido por el día. Porque es infinita la misericordia del Señor, que sabe hallar en los tesoros de su poder, remedio para nuestros males. Amén.

La bendición

Bendecir ¡Oh Dios mío! Por la mano de vuestro ministro a nosotros y a las almas santas del Purgatorio, como bendeciréis el último día a vuestros escogidos; y que los efectos de vuestra bendición queden eternamente en nosotros, logrando que libres de toda deuda a vuestra justicia, unidos cantemos en el Cielo incesantemente; Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

El último Evangelio

Dios Creador y Redentor de las almas: acordaos de vuestros siervos y siervas que satisfacen a vuestra divina justicia padeciendo las penas del Purgatorio y anhelan por el momento de gozar de la eterna bienaventuranza que esperan; yo os suplico que os dignéis mitigar sus penas y que hagáis que vayan a gozar presto de vuestra divina presencia, y en particular os ruego por las almas de mis padres, hermanos, parientes y bienhechores, y de todos los demás que son de mi obligación, y por quienes no puedo menos que rogar por su alivio. Así lo espero por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno, y que les ilumine la eterna Luz. Del poder del Infierno, libra Señor sus almas. Descansen en paz. Amén.

Tomado del DEVOCIONARIO EN FAVOR DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO
R. P. ANTONIO DONADONI S. J.