La frase «canonización exprés» se refiere a los casos de santificación inusualmente rápidos, en contraste con los largos procesos de siglos pasados. Tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), se observaron cambios significativos en el proceso de canonización que han permitido que algunas figuras contemporáneas alcancen los altares en tiempo récord. Por ejemplo, Juan Pablo II fue declarado santo solo nueve años después de su muerte… un hecho sin precedentes en la era moderna, considerando que históricamente el tiempo promedio de espera para la canonización solía rondar los 180 años.
Del mismo modo, el fundador de la controvertida Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer, fue canonizado apenas 27 años después de fallecer, y Santa Teresa de Calcuta en 19 años, solamente por citar algunos casos notables.
Este artículo, explora de manera algo escueta, las canonizaciones aceleradas mas destacables que han tenido desde el Concilio Vaticano II, analizando primero los cambios en el proceso canónico, las razones institucionales o políticas detrás de estas decisiones, las críticas surgidas dentro y fuera de la Iglesia, y las tendencias recientes en torno a la veneración de «reliquias» de figuras vivas o recientemente fallecidas (como la de Francisco).
Cambios en el proceso de canonización tras el Concilio Vaticano II
Antes del Concilio Vaticano II, el procedimiento regular para declarar santo a alguien era lento, rígido y altamente exigente. La legislación canónica de 1917 imponía, por ejemplo, una espera mínima de 50 años tras la muerte para abrir una causa de santidad. Además, los procesos se dividían en múltiples etapas diocesanas y vaticanas: tras la investigación local, la Sagrada Congregación de Ritos examinaba meticulosamente la vida, virtudes y escritos del candidato, y confirmaba la ausencia de culto público no autorizado (por decreto de Urbano VIII).
Para la beatificación se requería comprobar la heroicidad de virtudes (o martirio) y al menos un milagro; y para la canonización era necesario presentar dos milagros adicionales obrados por intercesión del beato.
Este rigor extremo incluía la famosa figura del abogado del diablo, encargado de buscar objeciones. No es de extrañar que muchas canonizaciones tomaran décadas o siglos en concretarse. El Concilio Vaticano II impulsó una suerte de «renovación» por así llamarla, en muchos ámbitos de la Iglesia, y aunque no reformó directamente el proceso de canonización, sentó las bases para hacerlo más ágil en décadas posteriores.
En 1969, Pablo VI emitió el motu proprio Sanctitas clarior, delegando más autoridad a los obispos diocesanos para instruir las causas y simplificando etapas duplicadas
La reforma mayor llegó en 1983, cuando Juan Pablo II promulgó la constitución apostólica Divinus Perfectionis Magister, que redefinió profundamente el procedimiento. Con esta nueva normativa, se redujo el número de milagros requeridos: ya no harían falta dos milagros después de la beatificación, sino solo uno para la canonización.
Adicionalmente, con Juan Pablo II, se acortó drásticamente el tiempo de espera inicial: de medio siglo se pasó a cinco años tras el fallecimiento. Incluso ese plazo puede dispensarse por voluntad papal en casos especiales, como ocurrió con Madre Teresa de Calcuta, para quien Juan Pablo II eliminó la espera tras su muerte en 1997, iniciando su causa casi de inmediato y logrando su beatificación en 2003.
Otro cambio significativo fue la eliminación del abogado del diablo como figura formal del proceso, lo que agilizó los trámites aunque, restó rigor en la búsqueda de objeciones. Ademas, la Iglesia trasladó la responsabilidad principal de recopilar pruebas al ámbito local (diócesis) y modernizó la Congregación para las Causas de los Santos (creada en 1969) con normas más claras. El resultado de estas reformas fue acelerar considerablemente los procesos: hoy en día un candidato con fama de santidad puede ser canonizado en mucho menos tiempo que antes.
Así, de hecho, la cantidad de santos proclamados durante y después del pontificado de Juan Pablo II superó en número a los canonizados en más de 1500 años de historia previa.
Juan Pablo II canonizó a 482 personas (muchas en grandes grupos) y beatificó alrededor de 1300, un volumen extraordinario que le valió a su papado el apelativo popular de «fábrica de santos», mismo que titula nuestro presente artículo.
Este «ímpetu», por así decirle, responde en parte, a la visión conciliar que efectivamente degrada (como se ha demostrado) el concepto tradicional de santidad. De esta manera, se presenta a la santidad, como un llamado universal para todos los fieles (que siempre lo ha sido, pero ahora se nos ofrece en una versión «light») y que propugna modelos de «santidad» contemporáneos y de diversas culturas, acordes para con la Iglesia del siglo XX-XXI.
Canonizaciones aceleradas: casos destacados desde el Vaticano II
Tras el Concilio, han emergido varios casos emblemáticos de canonización “exprés”. A continuación se analizan algunos de ellos, destacando su contexto y las reacciones que suscitaron:
Juan Pablo II (1920-2005)
El caso de Juan Pablo II es paradigmático. Falleció en 2005 y fue canonizado apenas nueve años después, en 2014 – es de hecho el proceso más rápido de la historia moderna.
Durante su multitudinario funeral en abril de 2005, la muchedumbre gritó espontáneamente “¡Santo súbito!” (¡santo ya!) pidiendo su inmediata santidad. Atendiendo a ese «clamor», su sucesor Joseph Ratzinger tomó la inusual decisión de dispensar a Wojtyła de la espera de 5 años, anunciándolo como santo, solo un mes después de su muerte.
En mayo de 2005 se abrió la causa formalmente, recopilando testimonios y escritos en tiempo récord. El cardenal José Saraiva Martins – prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos – aclaró entonces que, si bien se había acelerado el inicio, «no se omitirían los pasos rigurosos habituales» (estudio de sus virtudes, revisión de todos sus escritos, y verificación de dos milagros, uno para beatificar y otro para canonizar).
Juan Pablo II fue declarado beato en 2011 tras la aprobación del milagro de curación de la monja francesa Marie Simon-Pierre (que padecía Parkinson), y apenas tres años después alcanzó la canonización apoyado en un segundo milagro (curación inexplicable de Floribeth Mora, una mujer costarricense con aneurisma cerebral).
La rapidez sin precedentes de esta causa encontró justificación y sustento en la a la devoción popular hacia una figura «tremendamente popular y carismática», pero también generó reservas en algunos sectores. De hecho, no todos los católicos estuvieron de acuerdo con santificar tan pronto a Wojtyła. Voces dentro de la Iglesia pidieron «más tiempo para sopesar objetivamente» su legado, señalando que no había pasado suficiente distancia histórica para valorar su pontificado con todas sus luces y sombras.
Especialmente en América Latina, algunos teólogos criticaron que durante el largo papado de Juan Pablo II florecieran corrientes como la teología de la liberación y las comunidades eclesiales de base, y que hubo silencios cuestionables frente a dictaduras (p.ej., su actitud hacia Pinochet en Chile o la tibia reacción inicial al asesinato de Monseñor Romero en El Salvador).
A pesar de estas críticas, la canonización de Juan Pablo II siguió adelante y fue celebrada por millones de fieles. En un gesto sin precedentes, Francisco (Jorge Mario Bergoglio) decidió canonizarlo el mismo día que a Juan XXIII (27 de abril de 2014), en una ceremonia conjunta de dos pontífices.
Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
Se trata de un muy controvertido personaje, fundador del Opus Dei, que fuese canonizado el 6 de octubre de 2002 por Juan Pablo II, apenas 27 años después de su fallecimiento.
Su causa es sumamente significativa porque se trató de la primera canonización “exprés” de la era postconciliar en generar amplia controversia.
Dentro del Opus Dei existía un fuerte interés en elevar rápidamente a los altares a su fundador, considerando que su santidad reivindicaría la «autenticidad divina» de la Obra desde sus orígenes. De hecho, desde 1975 (año de su muerte) la organización comenzó a recopilar meticulosamente documentos, testimonios y hasta anécdotas triviales sobre Escrivá, montando «oficinas históricas» dedicadas a construir un archivo exhaustivo de su vida.
Numerosos miembros numerarios trabajaron en «limpiar» cualquier dato dudoso o desfavorable de su biografía, reescribiendo relatos para presentarlo con aureola de virtudes heroicas. En cuanto se cumplieron los cinco años preceptivos, en 1981 se abrió formalmente su causa en Roma.
La beatificación llegó en 1992 y para entonces ya el Opus Dei había obtenido de Juan Pablo II otro hito: en 1982, la prelatura personal, un estatus jurídico único que consolidó su posición en la Iglesia. La canonización en 2002 congregó a unas 300.000 personas en la Plaza de San Pedro (una de las más multitudinarias hasta entonces), reflejo del alcance mundial de la obra.
Juan Pablo II elogió a Escrivá como «el santo de la vida ordinaria», resaltando su mensaje de buscar la santidad en medio del trabajo y la cotidianidad. No obstante, hubo duras críticas alrededor de esta canonización acelerada. Investigaciones periodísticas y voces disidentes (incluyendo algunos exmiembros del Opus Dei – Puede visitar opuslibros.org y leer algunas historias allí presentadas por sus protagonistas) cuestionaron la validez del milagro presentado para su beatificación y la transparencia del proceso. En particular, el supuesto milagro – la curación en 1976 de una religiosa carmelita anciana, enferma de varios tumores – fue puesto en duda: no se hicieron diagnósticos médicos completos antes de su recuperación «milagrosa», la propia superiora del convento se enteró de esa curación años más tarde por la prensa, y médicos consultados ofrecieron informes contradictorios sobre si realmente hubo algo sobrenatural.
Aun así y a pesar de todas las dudas jamás disipadas, la Congregación para las Causas de los Santos aprobó el caso. Así, este «santo», acusado de actitudes autoritarias y culto a la personalidad, se convertiría en el primer «turbo santo» (como irónicamente la llamaron algunos observadores).
La Santa Sede, por su parte, defendió la causa insistiendo en que se siguieron los procedimientos canónicos y que Escrivá «gozaba de una extendida fama de santidad en vida y tras su muerte»…
Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
La famosa madre Teresa de Calcuta es otro ejemplo de celeridad. Falleció en 1997 y en poco más de seis años ya había sido beatificada (2003) por Juan Pablo II, quien en su caso también dispensó la espera canónica de 5 años por la enorme «reputación de santidad» que tenía en todo el mundo.
La fundadora de las Misioneras de la Caridad, conocida por su entrega a los más pobres en India, fue admirada planetariamente aún en vida, recibiendo incluso el Nobel de la Paz. Su causa avanzó sin mayores tropiezos: fue canonizada en 2016 por Francisco (19 años después de su muerte), tras supuestamente comprobarse dos milagros atribuidos a su intercesión.
Externamente, hubo algunas voces críticas sobre su figura: Médicos y voluntarios que trabajaron en sus centros en Calcuta afirmaron que las condiciones eran precarias, con poca higiene, dolor mal tratado y falta de atención médica básica. También se denunció el uso de jeringas sin esterilizar, y que no siempre se distinguía entre enfermos terminales y curables. La justificación dada era que «el sufrimiento tiene valor redentor», lo cual generó durísimas críticas éticas.
También se le critica duramente el recibo de grandes sumas de dinero en donaciones internacionales, que nunca veían fruto, pues muchas veces los hospitales seguían en condiciones paupérrimas. Por ello, se cuestionó la falta de transparencia financiera, y el hecho de que muchos fondos fueran destinados al Vaticano o a la expansión de su orden en vez de mejorar instalaciones.
Otros criticaron duramente su relación con personajes controvertidos, como el dictador haitiano Claude Duvalier, de quien recibiese donaciones y con quien posase sonriente para una fotografía tomada durante su visita oficial a aquel país en Enero de 1981.
Críticas internas y externas ante la “santidad exprés”
El auge de canonizaciones aceleradas no ha estado exento de críticas, tanto dentro de la Iglesia (por distintos bandos) como fuera de ella. Estas objeciones van desde cuestiones teológicas sobre la infalibilidad del proceso, hasta reparos sobre la conveniencia o la imagen pública de ciertas canonizaciones. Desde el ala más tradicionalista de la Iglesia, se ha cuestionado si los nuevos procesos simplificados ofrecen suficientes garantías. Teólogos vinculados a grupos como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) argumentan que la legislación de 1983 es «mucho menos exigente en materia de garantías» que la antigua, y temen que eso ponga en entredicho la certeza de las canonizaciones.
En particular, señalan la supresión del abogado del diablo, la reducción de milagros y la rapidez de las causas como factores que podrían comprometer la profundidad de la investigación. Algunos han llegado a preguntarse si todas las canonizaciones recientes cumplen los criterios tradicionales de heroicidad de virtudes. No han faltado quienes, en círculos tradicionalistas, sugieran (controversialmente) que tal vez las canonizaciones “exprés” no gocen del mismo peso infalible, aduciendo que la asistencia divina presupone – aunque no lo garantice dogmáticamente – un proceso humano diligente y exhaustivo.
No obstante, esta posición es minoritaria y la Iglesia oficial no la avala: para Roma, un santo canonizado es digno de veneración universal, sin matices. Por otro lado, muchos otros han criticado ciertas canonizaciones rápidas por motivos opuestos. En el caso de Juan Pablo II, como vimos, redes de cristianos de base en América Latina y Europa señalaron que su elevación casi inmediata fue «un hecho apresurado», pidiendo mayor reflexión. Para estos críticos, «no todo lo de su pontificado fue ejemplar» y temían que canonizarlo equivaliera a “legitimar” sin más sus políticas (p. ej. la permisión de la comunión en la mano, tan criticada).
Tendencias recientes: veneración de reliquias y “culto” a figuras vivas o recientes
Una consecuencia interesante de las canonizaciones aceleradas es el auge de la veneración de reliquias contemporáneas y, en algunos casos, de una especie de culto anticipado hacia figuras aún vivas o recién fallecidas. Tradicionalmente, las reliquias (restos mortales u objetos personales de santos) se veneraban tras la canonización, a veces siglos después de la muerte del santo. Hoy, en cambio, vemos cómo inmediatamente tras el fallecimiento de una persona con «fama de santidad», surge un fervor por sus reliquias in potentia. El caso de Juan Pablo II es nuevamente ilustrativo. Tras su muerte en 2005 y aún antes de su beatificación, sus antiguos ayudantes tomaron medidas para preservar algunas reliquias. Por ejemplo, se recolectó viales de su sangre (extraída durante su última enfermedad y también el mismo día de su muerte) que luego fueron distribuidos en pequeños relicarios a diócesis de todo el mundo.
También su vestimenta ensangrentada del atentado de 1981 – la sotana blanca perforada por la bala – se convirtió en una reliquia icónica: fragmentos de esa tela con sangre de Juan Pablo II fueron engarzados y repartidos por iglesias en diversos países. Durante su beatificación en 2011, se expuso públicamente uno de estos relicarios con sangre, para veneración de los fieles. En otras palabras, desde “el primer momento” tras su muerte, reliquias de Juan Pablo II empezaron a circular y a ser veneradas.
Lo mismo ocurrió en escala menor con Madre Teresa: rosarios, hábitos y hasta cabellos de la beata fueron atesorados y distribuidos poco después de su muerte, sabiendo que eventualmente serían reliquias oficiales.
Esta rápida propagación de reliquias “modernas” marca una diferencia notable con épocas pasadas. Al canonizarse personas contemporáneas, los objetos asociados a ellas cobran un valor devocional inmediato. Muchos fieles que quizá conocieron al nuevo «santo» en vida, ahora hacen fila para venerar su tumba, tocar sus pertenencias o recibir estampas con prendas tocadas al cuerpo del beato. En el caso de los papas recientes, algunas de sus tumbas en el Vaticano (como la de Juan XXIII primero, y luego la de Juan Pablo II antes de ser trasladado a la basílica) se convirtieron en centros de peregrinación concurridos desde el mismo día de su entierro. Hoy en día, hay quienes incluso ya hablan de las «reliquias potenciales de Francisco».
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Resulta ya imposible negar que, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha experimentado una transformación tan profunda que sus efectos no pueden reducirse a meros cambios pastorales o disciplinares. Bajo la bandera del aggiornamento (una puesta al día que buscaba acercar la Iglesia al mundo moderno) se ha producido una reconfiguración doctrinal, espiritual, litúrgica y metodológica que ha generado, objetivamente, una fractura interna de carácter doctrinal y escatológico.
Uno de los síntomas más visibles de esta nueva orientación, es la aceleración notoria de los procesos de canonización, donde el tiempo de discernimiento histórico, la crítica teológica y la reserva prudencial han sido reemplazados por una lógica de inmediatez afectiva y validación popular. Figuras como Juan Pablo II, Teresa de Calcuta y Josemaría Escrivá fueron canonizadas en plazos históricamente inéditos. El sensus fidelium (antes entendido como una intuición profunda de la fe perenne) ha sido reinterpretado como una forma de populismo emocional. La santidad se mide ahora más por el carisma o la visibilidad mediática que por una vida de pruebas, oscuridades, penitencia y heroicidad teologal silenciosa.
Este fenómeno no es aislado. Se inscribe dentro de una nueva eclesiología horizontal y funcionalista, donde la Iglesia ya no parece custodiar la verdad revelada ni enseñar con la autoridad apostólica, sino actuar como una instancia de escucha, acompañamiento y gestión de lo humano. El drama, entonces, no es solo la velocidad con la que se canoniza, sino el criterio con el que se decide a quién se exalta. No pocos observadores, incluso ajenos a la fe, han señalado con ironía que la Iglesia “se comporta como una gran ONG internacional”. Lo preocupante es que esa comparación se ha vuelto razonable.
Ante este panorama, cabe preguntarse con toda honestidad: ¿estamos aún ante la Iglesia Católica fundada por Cristo, o ante una institución nueva que conserva las formas pero ha perdido el alma? ¿Una Iglesia que canoniza rápidamente, pero ¿a quién? ¿Y para qué?
El reto, entonces, no es reclamar nostalgia ni pedir vuelta atrás, sino aferrarse con humildad y firmeza a lo que no cambia: la fe de siempre, los sacramentos válidos, el Magisterio auténtico y el Evangelio no negociable. Porque si todo se ajusta, si todo se acelera, si todo se adapta, ¿qué queda entonces de lo sagrado?
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La frase «Fábrica de Santos» se le atribuye al periodismo internacional y a analistas como Kenneth Woodward (editor de religión en Newsweek y autor del libro Making Saints, 1996).
«Santidad exprés» y «Turbo santo» son una expresión crítica adoptada por teólogos, periodistas y sectores católicos para describir la rapidez con la que figuras como Juan Pablo II, Madre Teresa o Escrivá fueron canonizados.
Fuentes:
Fuentes:
https://www.aleteia.org/es/2025/05/21/de-todos-los-papas-de-la-historia-cuantos-son-santos-canonizados
https://fsspx-sudamerica.org/es/news/las-canonizaciones-el-magisterio-pontificio-ayer-y-hoy-como-juzgar-20244
https://es.wikipedia.org/wiki/Divinus_perfectionis_Magister
https://www.lmtonline.com/lmtenespanol/article/Cardinal-advierte-que-canonizaci-n-de-Juan-Pablo-10186501.php
https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/04/140424_papa_juan_pablo_canonizacion_oposicion_cristianos_pea
https://www.infobae.com/2014/04/20/1558504-juan-pablo-ii-dueno-una-canonizacion-express/
https://www.opuslibros.org/libros/Santo_fundador/capitulo_1.htm
https://es.wikipedia.org/wiki/Divinus_perfectionis_Magister
https://www.ondacero.es/noticias/sociedad/reliquias-papa-francisco-que-pasara-sus-objetos-personales_20250421680604a84ad22d00010489cb.html
https://www.reuters.com/article/world/americas/reliquia-con-sangre-del-papa-juan-pablo-ii-es-robada-de-catedral-italiana-idUSKCN26F2YT/
https://reliquiosamente.com/2016/04/23/las-reliquias-de-juan-pablo


