En el colegio de monjas donde me eduqué, a todos desde muy pequeños, nos enseñaron que la iglesia es la casa de Dios, y que «encerrado» en un pedacito de pan, se halla nuestro Señor Jesucristo esperando que vayamos a su encuentro. Que en ella se llevaba a cabo el Sacrificio de la Sagrada Eucaristía, que es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. En ella, es Cristo quien perdona los pecados de quienes con sincero arrepentimiento se aceran buscando la reconciliación.
No pareciera que estas iglesias, cuyas imágenes se presentan a continuación, estuviesen imbuidas de este espíritu. O ¿será acaso que algunos somos un tanto anticuados y recordamos con nostalgia tiempos donde «todas las cosas eran mejores» y que por falta de alguna «virtud» somos incapaces de apreciar el «arte» contenido en ellas? Sí sí, seamos sensatos y digamos que vemos al rey desnudo. Juzgue usted mismo.








Que Triste que el espíritu del mundo contemporáneo de la construcción de los templo Católicos se allá metido actualmente. Los templos en muchos casos ya no representan lo que es Sagrado y ajeno al mundo. Ni la cruz de nuestro Señor Jesucristo está bien representada en esta nueva arquitectura corrupta y sucia.
Y ni se diga del interior de las iglesias modernas. Si no hubiese un cura adentro no se sabría que son iglesias.
Es cierto. Efectivamente, tal y como en el cuento del rey que estaba desnudo. Aquel que no era capaz de apreciar la «belleza» de su especial traje, ere un tonto. Aquí sucede lo mismo. Sintomático de los tiempos que vive la iglesia.