He visto en muchos lugares, incluso en los más lejanos, una insólita alegría y un extraordinario movimiento en esta noche. Los corazones de muchos hombres de buena voluntad se reanimaron con una ansia plena de gozo, mientras que los corazones de los perversos se llenaron de temores. Hasta en los animales vi manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles adquirían nuevo vigor y verdor, esparciendo sus fragancias y perfumes. Vi brotar fuentes de agua de la tierra.
En el momento exacto del nacimiento de Jesús, una fuente abundante brotó en la gruta de la colina del Norte. Cuando José la descubrió al día siguiente, preparó de inmediato un desagüe. El cielo sobre Belén tenía un color rojo oscuro, mientras que un tenue vapor brillante cubría la gruta del pesebre, el valle de la gruta de Maraña y el valle de los pastores.
A una legua y media aproximadamente de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina donde comenzaban una serie de viñedos que se extendían hasta Gaza. En las faldas de esta colina estaban las chozas de tres pastores, jefes de las familias de los demás pastores de la región. A doble distancia de la gruta del pesebre se encontraba lo que llamaban la torre de los pastores. Era una gran estructura piramidal de madera, con una base de enormes bloques de roca, rodeada de árboles verdes. La torre se alzaba sobre una colina aislada en medio de una llanura.
La torre tenía escaleras, galerías y torrecillas, todo cubierto con esteras, y guardaba cierto parecido con las torres de madera que he visto en la tierra de los Reyes Magos, desde donde observaban las estrellas. Desde lejos, parecía un gran barco con numerosos mástiles y velas. Desde la torre se disfrutaba de una vista espléndida de toda la comarca, incluida Jerusalén y la montaña de la tentación en el desierto de Jericó.
Los pastores utilizaban la torre como puesto de vigilancia, para observar sus rebaños y avisar mediante cuernos de caza en caso de incursiones de ladrones o enemigos. Las familias de los pastores vivían en un radio de unas dos leguas, en granjas aisladas con jardines y praderas. Cerca de la torre guardaban utensilios en común, y en sus alrededores estaban las cabañas y un gran cobertizo donde las mujeres preparaban la comida.
En esta noche, algunos rebaños estaban cerca de la torre, otros en el campo y el resto bajo un cobertizo cercano a la colina de los pastores.
En el momento del nacimiento de Jesús, vi a los tres pastores profundamente impresionados por el aspecto maravilloso de aquella noche. Permanecieron alrededor de sus cabañas, mirando en todas direcciones. Entonces, con asombro, vieron la extraordinaria luz sobre la gruta del pesebre.
Vi que los pastores junto a la torre se agitaban, subiendo al mirador para observar hacia la gruta. Mientras los tres pastores miraban hacia ese lado del cielo, una nube luminosa descendió sobre ellos. Dentro de la nube, noté un movimiento que se hacía más evidente a medida que se acercaba. Primero se dibujaron formas vagas, luego rostros, y finalmente escuché cánticos muy armoniosos y alegres, cada vez más claros.
Cuando los pastores se asustaron, un ángel apareció ante ellos y les dijo: “No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy esta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.”
Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor a su alrededor se hacía más intenso. Vi aparecer cinco o siete ángeles grandes, bellos y luminosos, que llevaban en las manos una especie de banderola larga con letras del tamaño de un palmo. Oí que alababan a Dios cantando: “Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra para los hombres de buena voluntad.”
Posteriormente, otros pastores junto a la torre tuvieron la misma aparición. También unos ángeles se presentaron a un grupo de pastores cerca de una fuente al este de la torre, a unas tres leguas de Belén. No vi que los pastores fueran inmediatamente a la gruta del pesebre, ya que algunos estaban a legua y media de distancia y otros a tres. En cambio, los vi consultándose unos a otros sobre qué llevarían al recién nacido, preparando sus regalos con premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba.
