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Los Santos y la importancia de la oración

Publicado el 18 de enero de 2023

Actualizado el 18 de abril de 2025

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San Agustín

“Vete al Señor mismo, al mismo con quien la familia descansa, y llama con tu oración a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No será Él como el amigo de la parábola: se levantará y te socorrerá; no por aburrido de ti: está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y no recibiste nada, sigue llamando que está deseando dar. Difiere darte lo que quiere darte para que más apetezcas lo diferido; que suele no apreciarse lo aprisa concedido”.

“Vergüenza para la desidia humana. Tiene El más ganas de dar que nosotros de recibir; tiene más ganas El de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestras miserias”.

(Sermón 105).

“La oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes”.

(Comentario sobre el Salmo 140).

“Si la fe falta, la oración es imposible. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falte la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe”.

(Catena Aurea).

“Puede resultar extraño que nos exhorte a orar aquel que conoce nuestras necesidades antes de que se las expongamos, si no comprendemos que nuestro Dios y Señor no pretende que le descubramos nuestros deseos, pues él ciertamente no puede desconocerlos, sino que pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de desear, para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes y nuestra capacidad de recibir es pequeña e insignificante. Por eso, se nos dice: Dilatad vuestro corazón”.

(Carta 130).

“Con objeto de mantener vivo este deseo de Dios, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que de algún modo nos distraen de él, y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal; no vaya a ocurrir que nuestro deseo comience a entibiarse y llegase a quedar totalmente frío, y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabe por extinguirse del todo”.

(Carta 130).

“Lejos de la oración las muchas palabras; pero no falte la oración continuada, si la intención persevera fervorosa. Hablar mucho en la oración es tratar una cosa necesaria con palabras superfluas: orar mucho es mover, con ejercicio continuado del corazón, a aquel a quien suplicamos, pues, de ordinario, este negocio se trata mejor con gemidos que con discursos, mejor con lágrimas que con palabras”.

(Carta 121).

“Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas”.

(Sermón 43, sobre la naturaleza y la gracia).

 

San Juan Crisóstomo

“A la oración debiéramos considerarla como el colmo y término de todos nuestros bienes… Ella es la que produce en nosotros una vida santa… El no amar la oración es locura, y el que vive sin ella está ya muerto y corrompido… No hay señal más clara para conocer la virtud de un hombre que el ver aprecio que éste hace de la oración… Es una verdad de todos manifiesta que sin la oración no se puede vivir virtuosamente. Ella es la única arma que nos defiende por completo»…

“La oración es para el hombre lo que el agua es para las plantas, o, más bien, lo que el agua es para los peces…

“Si a un hombre le pides continuamente se te tendrá por pesado y molesto; pero no es así Dios, el cual se molesta precisamente cuando no le pides, y si perseveras pidiendo, aún cuando inmediatamente no recibas, recibirás infaliblemente. Pues si encuentras la puerta cerrada, es justamente porque quiere obligarte a que llames, y si no te escucha enseguida es para que sigas pidiendo. Sigue, pues, pidiendo e infaliblemente recibirás (si es para tu bien)”.

(Sermón sobre San Mateo).

San Hilario

“Habiendo puesto Cristo Nuestro Señor leyes difíciles de cumplir luego, dio este consejo: “Pedid y recibiréis”, para indicarnos la manera de poderlas cumplir… La consecución de todas las gracias divinas, depende únicamente de la oración».

Santo Tomás de Aquino

“Después del bautismo, le es imprescindible al cristiano la continua oración: pues si es verdad que por el bautismo se borran todos los pecados, no lo es menos que en las mismas entrañas del alma nos queda el fómite del pecado, y por defuera el mundo y el demonio nos persiguen a todas horas…Por tanto: del mismo modo que las plantas necesitan del agua para no secarse, necesitamos nosotros de la oración para no perdernos…Un religioso sin oración, es como un soldado sin armas en el campo de batalla.

Nosotros para poder salvarnos, tenemos que luchar y vencer, según aquello de San Pablo: “El que combate en la palestra o en los juegos públicos, no es coronado si no lidiare según las leyes” (2 Tm.2, 5). Pero para luchar y vencer, necesitamos la gracia de Dios, y sin ella no podemos resistir a tantos y tan poderosos enemigos…Pero como resulta que Dios solamente da la gracia a los que se la piden; por tanto, sin oración no puede haber victoria ni puede haber salvación.”

(Antología de textos sobre la oración, Codesal)

San Alfonso María de Ligorio

“La vida de todos los Santos ha sido una vida de oración y de plegarias, y todas las gracias, merced a las cuales lograron santificarse, obtuviéronlas con sus oraciones. Si queremos, pues, salvarnos y santificarnos, debemos estar de continuo a las puertas de la Divina Misericordia pidiendo de limosna con fervorosas súplicas cuanto nos sea necesario para ello. ¿Necesitamos humildad? Pidámosla, y seremos humildes. ¿Necesitamos paciencia? Pidámosla, y seremos sufridos. ¿Deseamos amor divino? Pidámoslo, y lo alcanzaremos. Pedid, y se os dará –es la promesa que Dios nos tiene hecha y a la cual no puede faltar.

Para inspirarnos todavía mayor confianza en la oración o plegaria, Jesucristo nos ha empeñado su divina palabra de que todas las gracias y mercedes que pidamos a su Padre Celestial en nombre suyo, o por su amor, o por sus méritos, nos serán indefectiblemente otorgadas: De verdad, de verdad os digo: si algo pidiereis al padre en Mi Nombre, os lo concederá (Jn. 16,23). Y, en otro lugar, el Señor se expresa así: Si algo me pidiereis en Mi Nombre, conviene a saber, por mis méritos, Yo lo haré (Jn. 14,14). En efecto, es de fe que Jesucristo, siendo como es Hijo de Dios, tiene el mismo poder que su Padre Celestial”.

(Dios es Amor)

 

“Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas. Si no rezamos seremos infieles a las gracias recibidas de Dios y a las promesas que hemos hecho en nuestro corazón. La razón de esto es que para hacer en esta vida el bien, para vencer las tentaciones, para ejercitarnos en la virtud, en una sola palabra, para observar totalmente los mandamientos de Dios, no bastan las gracias recibidas ni las consideraciones y propósitos que hemos hecho, se necesita sobre todo la ayuda actual de Dios y esta ayuda actual no la concede Dios Nuestro Señor sino al que reza y persevera en la oración. Lo probaremos más adelante. Las gracias recibidas, las meditaciones que hemos concebido sirven para que en los peligros y tentaciones sepamos rezar y con la oración obtengamos el socorro divino que nos preserva del pecado, mas si en esos grandes peligros no rezamos, estamos perdidos sin remedio”.

Cordero de Dios

 

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.