Lunes de la Semana de Pasión

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Os pedimos que santifiquéis, Señor, nuestros ayunos, y que nos concedáis, propicio, la indulgencia a todas nuestras culpas. Por Jesucristo nuestro Señor.

INTROITO Salmo 55,2

APIÁDATE de mí, oh Dios mío, porque el hombre me está atropellando indignamente: me tiene angustiado, combatiendo todo el día contra mí.

V/. Todo el día me veo pisoteado de mis enemigos; pues son, muchos lo que contra mi pelean. Apiádate.

COLECTA

Te suplicamos, Señor, que santifiques nuestros ayunos y nos concedas propicio el perdón de todos nuestros pecados. Por nuestra Señor Jesucristo.

TRACTO Salmo 102,10

SEÑOR, no nos trates según merecen nuestros pecados, ni según nuestras culpas nos castigues. V/. Señor, no te acuerdes de nuestras antiguas maldades: anticípense a favor nuestro cuanto antes tus misericordias; pues nos hallamos reducidos a extrema miseria. (Aquí se arrodilla). V/. Ayúdanos, oh Dios salvador nuestro: y por la gloria de tu nombre, líbranos, Señor, y perdona nuestros pecados, por amor a tu nombre

EPÍSTOLA Jonás 3,1-10

En aquellos días: habló el Señor por segunda vez al profeta Jonás, diciéndole: Anda y ve a Nínive, ciudad grande, y predica en ella aquello que yo te digo. Marchó, pues, Jonás, y se dirigió a Nínive, según la orden del Señor. Era Nínive una ciudad grandísima, eran necesarios tres días para recorrerla.
Y comenzó Jonás a recorrer la ciudad, y anduvo por ella un día clamando y diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y creyeron los ninivitas en la palabra de Dios, y publicaron el ayuno, y se vistieron todos pequeños y grandes de sacos o cilicios. Y llegó la noticia al rey de Nínive, y se levantó del trono, y despojándose de sus regias vestiduras, se vistió de saco, y se sentó sobre la ceniza.
En seguida se publicó en Nínive una orden del rey y de sus principales magnates que decía: Ni hombres ni bestias nada coman; no salgan a pacer ni a beber los bueyes y ganados; hombres y bestias cúbranse con sacos y arreos de luto, y clamen aquellos con todo ahínco al Señor, convirtiéndose cada uno de su mala vida e inicuo proceder: ¿Quién sabe si así cambiará el Señor su designio, y nos perdonará; y si se aplacará el furor de su ira, de suerte que no perezcamos?
Viendo, pues, Dios las obras de penitencia que hacían, y cómo se habían convertido de su mala vida, se movió a misericordia, y no les envió los males que había decretado.

EVANGELIO Juan 7,32-39

En aquel tiempo: Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, despacharon ministros para prender a Jesús. Pero Jesús les dijo: Todavía estaré con vosotros un poco de tiempo y después me voy a aquel que me ha enviado. Vosotros me buscaréis y no me hallaréis; y adonde yo voy a estar, vosotros no podéis venir. Sobre lo cual dijeron los judíos entre sí: ¿A dónde irá éste, que no le hayamos de hallar? ¿Se irá quizá por entre las naciones esparcidas por el mundo a predicar a los gentiles? ¿Qué es lo que ha querido decir con estas palabras: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo voy a estar, no podéis venir vosotros? En el último día de la fiesta, que es el más solemne, Jesús se puso en pie, y en alta voz decía: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. Del seno de aquel que cree en mí, manarán, como dice la Escritura, ríos de agua viva. Esto lo dijo por el Espíritu Santo, que habían de recibir los que creyesen en él.

OFERTORIO Salmo 6,5

VUÉLVETE A MÍ, Señor, y libra mi alma; sálvame por tu misericordia.

PREFACIO DE LA SANTA CRUZ

EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, saliese la vida, y el que en un árbol venció, en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor; por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Vírgenes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos, que, con sus voces admitas también las de los que decimos, con humilde confesión.

COMUNIÓN Salmo 23, 10

El Señor de las virtudes, él mismo es el Rey de la gloria.

POSCOMUNIÓN

Te suplicamos, Señor, que la participación saludable de tu sacramento nos sirva de purificación y de remedio. Por nuestra Señor…

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

OREMOS. Humillad ante Dios vuestras cabezas. Te rogamos, Señor, concedas a tu pueblo la salud del alma y del cuerpo; para que insistiendo en la práctica de buenas acciones, merezca ser siempre defendido con tu protección. Por nuestro Señor…

LUNES DE LA I SEMANA DE PASIÓN
Forma Extraordinaria del Rito Romano

HOMILÍA DE SAN AGUSTIN, OBISPO

¿Cómo le podrían haber prendido, no queriéndolo él todavía? Siendo así, no pudiéndole prender contra su voluntad, su misión no tuvo otro efecto que convertirles en testigos de sus enseñanzas. ¿Qué es lo que enseñaba? He aquí lo que dijo Jesús: “Aun estoy con vosotros un poco de tiempo. Lo que ahora queréis hacer, lo haréis; pero más tarde, porque ahora no lo quiero”. ¿Y por qué lo consiento, pero no en esta ocasión? Porque aun estaré con vosotros un poco de tiempo, y luego iré a aquel que me envió. Debo cumplir la misión que se me ha confiado, y así llegar a mi pasión.

“Me buscareis y no me hallareis, y en donde estoy yo, vosotros no podéis venir”. Con esto predijo su resurrección. No quisieron reconocerle cuando estaba presente, y después le buscaron, al ver que muchos creían en él. A la verdad que se realizaron grandes milagros en los días de la resurrección del Señor y de su ascensión al cielo. Entonces los discípulos obraron grandes maravillas, pero Cristo las obraba por medio de ellos, así como las había obrado por sí mismo. Pues él había dicho a sus discípulos: “Sin mi nada podéis hacer”. Cuando aquel cojo que estaba sentado a la puerta, se levantó a la voz de Pedro, y anduvo por sus propios pies, de tal suerte que los hombres se admiraban, les habló Pedro diciéndoles que esto no lo había realizado con su poder, sino en virtud de aquel que ellos mismos habían crucificado. Muchos llenos de compunción, dijeron: “¿Qué haremos?”

Sus enemigos se vieron reos de un gran crimen al dar la muerte al mismo que habían de venerar y adorar; les parecía imposible expiar este crimen. A la verdad era un gran pecado, cuya consideración les movía a desesperación; pero no debían desesperar aquellos en favor de los cuales el Señor, pendiente en la cruz, se había dignado orar. Pues había dicho: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Entre muchos extraños veía a algunos de los suyos, y pedía perdón para los que le injuriaban. No atendía a que ellos le daban muerte, sino a que por ellos moría.