Mes de Noviembre en sufragio de las benditas almas del purgatorio – Día Decimocuarto


Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.

Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:

Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.

DÍA 14 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: DIOS NO PUEDE SEGÚN LA PRESENTE PROVIDENCIA SOCORRER A LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

 

PUNTO PRIMERO

Es este mundo un reino en el cual tiene cabida no menos la bondad que la justicia, y donde si alguna vez se hace sentir el azote de la ira divina, campean mucho más los rasgos generosos de la amable misericordia. Mas en el otro mundo no será así. Serán divididas y separadas las regiones de la bondad y de la justicia, y la primera triunfará completamente en el Cielo, y la segunda hará sufrir los más terribles suplicios en el infierno. Y en el Purgatorio, ¿cuál de los dos divinos atributos reinará, la bondad o la justicia? Siendo el Purgatorio una habitación del abismo, reina en él igualmente aquel atributo que hace tan espantoso el infierno; la inflexible Justicia divina. ¡Oh, cuánto debe también temerse el Purgatorio!

 

PUNTO SEGUNDO

La santidad, la justicia, el amor mismo de Dios hacen inexorable su brazo en castigar a las almas del Purgatorio. La santidad, porque siendo esta esencialmente contraria a toda imperfección y defecto, no puede absolutamente permitir que entre en la gloria ningún alma manchada. La justicia, porque debiéndose resarcir todo derecho ultrajado de la Divinidad, no puede menos de castigar a aquellas almas hasta que haya exigido de ellas por completo su deuda. El amor porque deseándolas muy semejantes a Sí mismo, las purifica en las penas hasta que se hagan una copia de la suprema Bondad. ¡Oh misterio de rigor verdaderamente divino! Procuremos al menos nosotros satisfacer en la presente vida lo que de nosotros exigen los tres divinos atributos, para que no experimentemos, como aquellas infelices que penan, un inflexible rigor en el Purgatorio.

 

PUNTO TERCERO

De aquí es que a pesar de ser Dios rico en piedad y en misericordia, y de amar entrañablemente a aquellas almas, no puede sin embargo en su presente providencia conceder la mas leve remisión ni de los defectos ni de las penas de sus esposas en el Purgatorio, sino que debe sacar enteramente la gloria de su santo nombre aun de aquellas mismas penas, que no por un placer cruel de verlas padecer, sino por el purísimo fin de hacerlas dignas de Sí, les aplica la divina Justicia con una fuerza sin igual. Pues exigiéndose no tanto la pena cuanto la perfección de aquellas almas y no siendo ellas capaces de obtenerlas por faltarles la libertad, que es la fuente de todo mérito en esta vida, conviene que sea compensada y suplida por lo terrible del suplicio, que solo la omnipotencia y la justicia de un Dios pueden decretar con proporcionada medida. Deduzcamos por tanto qué intensidad de penas domina en el Purgatorio, capaces de superar casi el rigor del mismo infierno.

 

ORACIÓN

Justo sois, oh Señor, y ejercitáis la más severa Justicia en el Purgatorio. Esta es la ley que os habéis impuesto a Vos mismo; pero jamás os impusisteis la ley de excluir intercesores y medianeros por las almas detenidas en aquella cárcel terrible, antes bien os agrada la mediación de los hombres, la deseáis, la aceptáis, y nosotros nos presentamos delante de Vos como intercesores y medianeros de aquellas almas desoladas. Escuchad, ¡oh gran Dios!, nuestras súplicas, aceptad nuestras obiationes. Nosotros os pedimos que concedáis a aquellas desconsoladas hijas de Sión la libertad tan suspirada, y os ofrecemos por su rescate todo el mérito de este santo ejercicio, todas las obras de piedad que se practican por los fieles en todo el universo. Sea vuestro rigor satisfecho con tanto bien y la gracia que os pedimos corone las plegarias de la tierra y los ardientes deseos del Cielo.

EJEMPLO: En Willembrok, villa de la diócesis de Lieja, fue asaltada por una mortal enfermedad el año 1208 una viuda de tan santa vida, que era un completo dechado de la perfección cristiana. La venerable María de Oignies, su íntima confidente, apenas recibió la noticia fue a visitarla, y al poner el pie en la habitación de la enferma vio con grande admiración suya a la Santísima Virgen María que con suma caridad la asistía, y al principe de los apóstoles San Pedro que la defendía de todo asalto del demonio en el último trance de su vida. Vio además, cuando la piadosa mujer exhaló su último aliento, que no solo la gran Madre de Dios con dos coros de vírgenes cantaban los acostumbrados salmos de Réquiem por el alma de la difunta, sino también su Hijo Jesús ejercía el oficio de sacerdote en aquellas fúnebres oraciones que precedían a las exequias de la Iglesia. Cualquiera creería que un alma privilegiada con tan singulares favores, apenas abandonase el cuerpo volaría a gozar en el seno felicísimo de Dios.

Sin embargo, la Justicia Divina, encontrando en ella algunas sombras y reliquias de pecado, no pudo inmediatamente admitirla a la gioria eterna, y ia condenó al Purgatorio donde la misma Oignies con gran sorpresa la vio padecer los más atroces tormentos. Por lo cual, pasada la noticia a sus devotas hijas, se apresuraron éstas con santa emulación a hacerla cada cual copiosos sufragios, hasta que estuvieron aseguradas de haber salido ya libre el alma de su madre de aquella prisión de dolores. Gran motivo, concluye el cronista, nos suministra esta historia para adorar y temer los juicios de Dios, el cual cuanto más benigno es en vida para con las almas, tanto más inexorable y severo es en castigarlas después de la muerte. (Lorenzo Surio O. Cart., 23 de Junio, en la Vida de la Beata María de Oignies, libro 2, cap. 3).

Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:

JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem….

SUFRAGIO: Magis áutem labóret, operándo mánibus suis quod bonum est, ut hábeat unde tríbuat necesítátem patiénti. (Ephes. 4, 28). Si nuestro estado no nos proporciona medios para socorrer a las necesitadas almas del Purgatorio, supla la falta una santa industria, que aun en la más deplorable miseria puede encontrar con qué aliviarlas.

El hermano Andrés de Simoni, portero en el noviciado de San Andrés en Roma, se dio con santa industria a cultivar en et jardín una porción de flores, que ofrecía en ramilletes a los más ilustres personajes que frecuentaban aquella casa religiosa, suplicándoles que le diesen alguna limosna, que en parte distribuía a los pobres, y en parte empleaba en Misas que mandaban celebrar en sufragio del Purgatorio. Dios no puede ayudar a aquellas almas por una eterna ley que se ha impuesto a Sí mismo, mas lo pueden muy bien todos los hombres; y si alguno creyese que le falta con qué hacerlo, imite en alguna manera la santa industria de Simoni, pues una caridad ingeniosa puede fácilmente procurarlas lo que a la Providencia divina no plugo concederlas, (Padre Juan Rho SJ, Varias historias de virtudes, libro 1, cap. 4, num. 5).

Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.

De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Israel in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. A porta ínferi.
℞. Erue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℞. Et clamor meus ad te véniat.

ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.

℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.

***

Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre.
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá animæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, animæ, Matris meæ o nostræ.

Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem.

Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por dos o mas difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.