Mes de Noviembre en sufragio de las benditas almas del purgatorio – Día Décimosegundo


Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.

Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:

Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.

DÍA 12 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: SANTIDAD DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

PUNTO PRIMERO

¿Por cuáles deméritos son condenadas las almas a las atroces penas del Purgatorio? Si los considerase el mundo los llamaría bagatelas, juegos, fragilidades de fácil perdón o de ningún reato; pero no así Dios, que conoce su intrínseca malicia y los castiga a medida de su verdadera gravedad. ¡Oh, cuán diversas son las balanzas de los hombres de las de Dios! Nosotros juzgamos según nuestros caprichos o a medida de las pasiones que nos dominan. Dios juzga con su inalterable justicia, la cual no está sujeta a prevención o a error. No nos dejemos, pues, engañar de las falsas ilusiones del mundo.

 

PUNTO SEGUNDO

Los deméritos de aquellas almas comúnmente se cree que consistan en pecados llamados veniales, los cuales son culpas ligeras en comparación de las mortales, mas que se podrían llamar culpas gravísimas comparadas con la ofensa hecha a Dios, bondad infinita. Pues si las culpas veniales son castigadas con tanto rigor en el Purgatorio, ¿por qué haremos nosotros de ellas tan poco caso que nos las bebamos casi como el agua, y tengamos por escrupuloso a quien procura evitarla? Abramos, oh cristianos, los ojos del espíritu sobre un objeto de tanta importancia, y propongámonos huir cuanto sea posible de todo defecto aunque ligero, y no reprobemos en adelante sino antes bien imitemos la cautela y la solicitud de aquellos fieles piadosos que por amor de Dios huyen de todo peligro de culpa, no menos que que de la vista y de la mordedura de una serpiente.

 

PUNTO TERCERO

Hay teólogos de profunda doctrina que aseguran que todo lo que es culpa no se perdona sino en la presente vida por medio de la detestación sincera del pecado y por la comunicación de la gracia santificante. Por consiguiente, no detiene a las esposas de Dios en las expiadoras llamas del Purgatorio mancha alguna de culpa, sino solamente la deuda de la pena debida a sus culpas, la cual puede quedar todavía y queda no pocas veces en realidad por descontar para la otra vida. De aquí es, dice la divina Escritura, que no saldran de aquella cárcel atormentadora hasta que hayan dado a la divina Justicia la satisfacción más completa. Nosotros, ¿qué deuda tenemos en el alma por las culpas cometidas? ¿Dónde pensamos satisfacer, en esta vida o en la otra? Consideremos cuánto más rigurosa sea la satisfacción de la otra vida que la de esta, propongamos por tanto darla lo mas pronto que sea posible.

 

ORACIÓN

¡Ah, sí! Bien conocemos, oh Señor, que la satisfacción que vuestra divina Justicia exige de nosotros por nuestras pasadas culpas es mucho más rigurosa en la vida futura que en la presente y mejor que nosotros lo conocemos, lo experimentan las almas de los difuntos en medio de las atrocísimas penas del Purgatorio. Por defectos que a nuestros ojos apenas lo parecen, o en pena de faltas ya borradas y perdonadas usa con ellas lauto rigor vuestra justicia, que igual no lo experimentó aun el Hijo del hombre sobre la cruz cuando se cargó con los pecados de todo el mundo. ¡Ah Señor!, diga basta vuestra soberana piedad, y las misericordias de esta resarzan los derechos de la ultrajada justicia por los pecados y por la deuda de aquellos infelices que penan, pues la misericordia debe prevalecer al rigor, y a la justicia vuestra infinita bondad.

EJEMPLO: En el monasterio de San Vicente en Mantúa murió Sor Paula, religiosa de grande espíritu, cuyo cadáver según costumbre puesto en medio del coro, estaba rodeado de todas las monjas que cantaban el Oficio en sufragio de su alma. Lazos de estrechísima amistad habían unido a la difunta con la Beata Estefanía Quinzani; la cual rogando fervorosamente por ella, fue trasportada por fervor de espíritu hasta el féretro, donde apenas postrada se sintió asir de la mano derecha por la difuuta con tanta fuerza que no la fue posible el desprenderse. Sorprendidas la monjas con tal suceso, llamaron al Padre confesor, el cual mandando á la difunta en virtud de santa obediencia que soltase la mano de Estefanía fue al punto obedecido. Nada dijo la difunta Paula; mas bien comprendió la Beata Estefanía lo que quería indicar con apretarla tan fuertemente la mano, como si dijera:

«¡Oh hermana, qué tremendos son los juicios de Dios! ¡Qué rigurosos los castigos por cualquier culpa aunque levísima! Si os pudiese explicar las penas que sufro yo en el Purgatorio por aquellos defectos que creíamos de ninguna monta, jamás cesaríais de prestarme eficaz auxilio para salir de ellas. No os olvidéis de mí; socerredme con toda clase de sufragios, pues demasiado grande es la necesidad, demasiado cruel el martirio que padezco».

Por lo cual aquella sierva de Dios jamás dejó de procurar copiosos sufragios a aquella alma hasta que tuvo revelación de que había volado felizmente al Cielo, rotas ya las duras cadenas del fuego. Imaginemos que cada una de las almas del Purgatorio nos repite lo mismo, e imitemos el fervor de la Beata Estefanía, ofreciéndole sufragios con generosa piedad (Padre Francisco Geghizzi, Vida de la Beata Estefanía Quinzani, pág. 410).

Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:

JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem….

SUFRAGIO: Exáudiet Dominus preces vestras si permanséritis in oratióne, et jejúniis (Judit 4, 12). Oirá el Señor nuestras plegarias en favor de los difuntos, si a la perseverancia en las oraciones añadiremos el mérito del ayuno.

Un sacerdote que padecía atrocísimos tormentos en el Purgatorio suplicó a San Remberto que ayunase cuarenta días en sufragio de su alma, para que con tal penitencia pudiese pagar la deuda que le quedaba de sus culpas. Hízolo el Santo prontamente añadiendo muchas oraciones, y al término de su cuaresma se le apareció de nuevo el mismo sacerdote dándole sumas gracias de su caridad, por la cual volaba glorioso al Cielo. El ayuno es una de las obras satisfactorias más eficaces para pagar a la divina Justicia la deuda de ia pena, y abre a las almas del Purgatorio las puertas de la gloria. Practiquemos, pues, también nosotros alguno en sufragio de nuestros difuntos, y acompañémosle con oraciones para que pueda obtenerles más pronta y seguramente el efecto deseado.

Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.

De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Israel in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. A porta ínferi.
℞. Erue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℞. Et clamor meus ad te véniat.

ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.

℣. Requiem ætérnam dona eis, Dómine.
℞. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℞. Amen.

***

Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre.
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.

N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá animæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, animæ, Matris meæ o nostræ.

Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem.

Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna bienaventuranza. Por Jesucristo nuestro Señor).

Por dos o mas difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).

En el nombre del Padre ✠, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo ✠. Amén.