El Nombre impuesto por Dios, no por los hombres
«Este santísimo Nombre no fue dado por voluntad humana ni escogido por consejo de los hombres, sino que descendió del cielo. El Padre eterno lo tenía preparado desde toda la eternidad y lo manifestó cuando quiso comenzar la obra de nuestra redención.
Y no sin misterio fue impuesto cuando el Niño fue circuncidado, pues entonces comenzó a derramarse la Sangre por la cual habíamos de ser salvados. Así, en un mismo acto, se nos da el Nombre y se nos muestra el precio de nuestra redención.
Este Nombre es señal de obediencia, porque Cristo se sometió a la Ley; es anuncio de salvación, porque significa que Dios salva; y es prenda de sacrificio, porque fue pronunciado por primera vez cuando la Sangre comenzó a correr.»
San Bernardino de Siena
Meditación
El año cristiano comienza con un acto de humillación. El Verbo eterno acepta la Ley, derrama su Sangre y recibe un Nombre que no eligió para sí, sino que le fue impuesto por el Padre. Un Nombre sellado desde el principio con la obediencia y el sacrificio.
Quien lo invoca verdaderamente acepta también el camino por el cual fue dado.
Oración
Oh Dios, que constituiste a tu Hijo unigénito Salvador del género humano y mandaste que se llamase Jesús, concédenos benignamente que, venerando en la tierra su Santísimo Nombre, gocemos también en el cielo de su presencia. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
