Jesús, Nombre eterno del Verbo encarnado
«El Nombre de Jesús es tan grande y tan santo, que no puede ser comprendido plenamente por la mente humana. No es un nombre vacío ni carente de realidad, sino lleno de virtud divina, porque contiene en sí mismo a Aquel que es verdadero Dios y verdadero hombre.»
San Bernardino de Siena
Meditación
El Nombre de Jesús no es un título adquirido en el tiempo, sino la manifestación visible de una realidad eterna. Antes de Belén, antes de la Encarnación, antes incluso de la creación del mundo, el Verbo ya era, y en Él estaba contenido el Nombre que habría de salvar.
Al revelarse en la carne, ese Nombre eterno se hace pronunciable por los hombres. Así, lo que era objeto de adoración angélica se convierte también en confesión de fe sobre los labios de los fieles.
Oración
Oh Dios, que constituiste a tu Hijo unigénito Salvador del género humano y mandaste que se llamase Jesús, concédenos benignamente que, venerando en la tierra su Santísimo Nombre, gocemos también en el cielo de su presencia. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
