El Nombre manifestado en la carne
«Por lo cual Dios le exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.»
Epístola a los Filipenses 2, 9–11
Usada en la liturgia de la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús
Meditación
El Nombre eterno, oculto en el seno del Padre, se hace pronunciable cuando el Verbo asume la carne. La exaltación de Cristo no comienza en la gloria visible, sino en la humillación de la Encarnación. Precisamente porque se hizo obediente hasta la muerte, Dios le dio el Nombre sobre todo nombre.
La liturgia enseña así que el Nombre de Jesús pertenece al misterio total de Cristo: su abajamiento, su obediencia, su sacrificio y su glorificación. Al confesar este Nombre, el cristiano confiesa al Verbo hecho carne y reconoce su señorío universal.
Oración
Oh Dios, que constituiste a tu Hijo unigénito Salvador del género humano y mandaste que se llamase Jesús, concédenos benignamente que, venerando en la tierra su Santísimo Nombre, gocemos también en el cielo de su presencia. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
