Purgatorio2

Novena en sufragio de las benditas ánimas del purgatorio | Día 3

Publicado el 26 de octubre de 2025

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Tomada del devocionario «Áncora de Salvación», compilado y publicado por el Padre José Mach, SJ en 1860; con Imprímatur de Mons. Antonio Rocca, Vicario General del Arzobispado de Buenos Aires, fechado a 31 de Marzo de 1949. Los Lamentos de las Benditas Ánimas del Purgatorio son tradicionales, sin autor ni fecha conocidos.

La novena corre del 24 de octubre al 1 de noviembre.

Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

Purgatorio3

 DÍA TERCERO – 26 DE OCTUBRE

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, a quien amo y quisiera haber siempre amado sobre todas las cosas; me pesa, sí, una y mil veces me pesa de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, bondad infinita; pésame también porque merecí las terribles penas del Purgatorio, y ¡ay!, tal vez las eternas llamas del Infierno. Propongo firmemente nunca más pecar, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh! Tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme bien, enmendar la vida y perseverar hasta la muerte. Os lo pido por esas benditas Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima y por los dolores de vuestra afligidísima Madre. Amén.

ORACIÓN AL PADRE ETERNO

Padre celestial, Padre amorosísimo, que para salvar a las almas quisisteis que Vuestro Hijo unigénito, tomando carne humana en las entrañas de una Virgen purísima, se sujetase a la vida más pobre y mortificada, y derramase su Sangre en la Cruz por nuestro amor; ¿cómo? ¿Dejaríais sufrir largo tiempo a esas almas en el Purgatorio, habiendo costado tanto a Jesucristo y siendo vuestras amadísimas hijas? ¿Permitiríais fuese malograda Sangre de tan grande valor?

Compadeceos, pues, de esas pobrecitas almas, y libradlas de aquellas horrorosas llamas. Compadeceos también de la mía, y libradla de la esclavitud del vicio. Y si vuestra Justicia divina pide satisfacción por las culpas cometidas, yo os ofrezco todas las obras buenas que haga en este Novenario. ¡Ay! De poquísimo, de ningún valor son, en verdad; pero yo las uno con los méritos infinitos de vuestro Hijo divino, con los dolores de su Madre santísima, y con las virtudes heroicas de cuantos justos han existido en la tierra. Miradnos a todos, vivos y difuntos, con ojos de compasión, y haced que celebremos un día vuestras misericordias en el eterno descanso de la Gloria. Amén.

MEDITACIÓN: DE LA EXISTENCIA DEL PURGATORIO

PUNTO PRIMERO

 Considera, amado cristiano, el tormento que causa a las almas el fuego abrasador del Purgatorio. Si el fuego de este mundo, creado para servicio del hombre y efecto de la bondad divina, es ya el más terrible de todos los elementos; si es ya tal su virtud, que consume bosques, abrasa edificios, calcina mármoles durísimos, hace saltar piedras y murallas espantosas, derrite metales y ocasiona horrendos terremotos, ¿qué será el fuego del Purgatorio, encendido por un Dios santísimo y justísimo, para con él demostrar el odio infinito que tiene al pecado? “Es tal, –dice San Agustín– que el fuego de este mundo, comparado con él, no es más que pintado”. “Tanquam ignis depíctus!”. Dios mío, ¡qué expresión! ¡Las llamas que vomitan los Vesubios, las que devoraron a Roma y tantas otras ciudades, el fuego de Babilonia, el que Elías hizo bajar del Cielo, hasta el diluvio de llamas que en tiempo de Lot llovió sobre las nefandas ciudades de Sodoma y Gomorra, todo es fuego pintado en comparación del que atormenta a las Almas del Purgatorio! Tanquam ignis depíctus! Ahora bien: si tener el dedo en la llama de una vela sería para nosotros insoportable dolor, ¿qué tormento será para aquellas almas estar sepultadas en un fuego que es, dicen Santo Tomás y San Gregorio, “igual en todo, menos en la duración, al del Infierno”? Sí; escuchadlo, almas tibias, y estremeceros. Con el mismo fuego se purifica el elegido y arde el condenado, con la única diferencia que aquél saldrá cuando haya satisfecho por sus culpas y éste arderá allí eternamente. ¿Y en esas abrasadoras llamas quieres tú caer por tu tibieza? ¡Oh ceguera! ¡Oh locura sin igual!

Medita un poco sobre lo dicho.

PUNTO SEGUNDO

 Considera cuáles son las faltas por las que Dios infinitamente bueno y misericordioso castiga a sus amadísimas esposas con tanto rigor y verás que son faltas leves, y a veces un solo pecado venial. ¡Oh! ¡Y qué mal tan grave debe ser éste delante de Dios, cuando es tan severamente castigado en el Purgatorio! En efecto; el pecado venial es leve, si se le compara con el mortal, pero en sí es mayor mal que la ruina de todos los imperios y que la destrucción del universo; es un mal tan espantoso, que excede en malicia a todas las desgracias y calamidades del mundo; es un mal tan grande, que si cometiéndolo pudieses convertir a todos los pecadores, sacar a todos los condenados del Infierno, librar a todas las almas del Purgatorio, aun entonces no debieras cometerlo, pues todos estos bienes no igualarían la malicia del pecado más leve, porque aquéllos son males de la criatura y éste es un mal y una ofensa hecha al mismo Creador. ¿Puedes oír esto sin horrorizarte y sin mudar de conducta? Pero ¡Ay! ¿Qué es tu vida, sino una serie ininterrumpida de pecados? ¡Pecados cometidos con los ojos, con los oídos, con la lengua, con las manos, con todos los sentidos! ¡Cuántas culpas por la ignorancia crasa y olvido voluntario de tus obligaciones! ¡Cuántas indiscreciones por la distracción de tu espíritu, por la violencia de tu genio, por la temeridad de tus juicios, por la malicia de tus sospechas! ¡Cuántas faltas por no querer mortificarte, ni sujetarte a otro, por tu ligereza en el hablar! ¡Ay! Llora, cristiano, tu ceguedad; y a la claridad del fuego espantoso del Purgatorio, comprende por último cuán grande mal es cometer un pecado venial. Pero ¡ay!, es un mal tan grande; ¡y tú, lejos de llorarle, lo cometes sin escrúpulo, a manera de juego, pasatiempo y diversión!

Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.

EJEMPLO

Nada hace tan sensible la malicia del pecado venial como las muchas almas, de que consta por varias y auténticas apariciones, que han expiado en el Purgatorio faltas, según nuestro modo de hablar, muy ligeras. Unas fueron condenadas a él por haber hablado en la iglesia sin necesidad, como una niña de siete años, según refiere Cesáreo de Heisterbach; otras, como la hermana de San Pedro Damián, por haber escuchado con gusto una canción profana cuando se levantó a Maitines. Murió Vitalina, noble doncella romana, tenida por Santa Mónica en tan buena opinión que encomendaba a su hijo Agustín en sus oraciones; y a pesar de esto, se apareció muy triste a San Martín obispo diciéndole: “Estoy ardiendo por haberme lavado dos o tres veces la cara con demasiada vanidad”. Un religioso fue al Purgatorio por no haber hecho inclinación de cabeza al decir el Gloria Patri al fin de los Salmos; otros por estarse a la lumbre más de lo ordinario en tiempo de invierno; allá fue a parar San Severino obispo coloniense por ciertas negligencias en el rezo divino; un niño de nueve años por no haber pagado o devuelto algunas frioleras que había tomado; muchos años estuvo en aquel fuego un padre de familia por haber descuidado la buena educación de sus hijos; San Valero por haber favorecido demasiado a un sobrino suyo; y así de otros muchos.

 ORACIÓN A JESÚS CONDUCIDO DE TRIBUNAL EN TRIBUNAL

¡Oh Padre amantísimo! Cuando considero las innumerables ofensas que cada día cometí contra vuestra soberana Majestad, cuando me veo siempre iracundo, soberbio, vengativo, falto de virtudes y lleno de defectos y vicios, no puedo menos que temblar al postrarme a vuestros pies. ¿Y cómo me atreveré yo a interceder por las afligidas almas del Purgatorio, siendo merecedor de penas más graves que las suyas? No obstante, me anima vuestro benignísimo y pacientísimo Hijo. ¡Ah! Si le veis cargado de cadenas y conducido de tribunal en tribunal, es por mi amor; sí, a pesar de ser Juez de vivos y muertos, oye las más inicuas acusaciones y falsos testimonios; si le veis insultado, escupido, abofeteado y pisoteado, es por mi amor. Aceptad, pues, oh Padre amantísimo, la paciencia inalterable de mi dulce Redentor; aceptad su silencio, humildad y mansedumbre asombrosos. Estas virtudes confunden y condenan, es verdad, mi altivez, mis impaciencias e ímpetus de ira y de venganza; mas, por tan sublime santidad, perdonaréis a las pobres Ánimas del Purgatorio, y purificándome de mis defectos y manchas, me transformaréis todo en Vos. ¡Oh! Concededme estas gracias, Jesús mío benignísimo. Amén.

Ahora se dirán cinco Padre nuestros y cinco Ave Marías, y un Gloria Patri en sufragio de las Benditas Ánimas y para impetrar de Dios Nuestro Señor la gracia que se desea recibir.

ORACIÓN A LAS ÁNIMAS EN EL PURGATORIO

Esposas muy queridas del Señor, que encerradas en la cárcel del Purgatorio sufrís indecibles penas, careciendo de la presencia de Dios hasta que os purifiquéis, como el oro en el crisol, de las reliquias que os dejaron las culpas; ¡con cuánta razón desde aquellas voraces llamas clamáis a vuestros amigos pidiendo misericordia! Yo me compadezco de vuestro dolor, y quisiera tener caudal suficiente para satisfacer deuda tan crecida; y aunque más pobre que vosotras mismas, os ofrezco y aplico cuantas indulgencias pudiere ganar en este día, y cuantas obras de supererogación hiciere, a excepción de aquellas que por alguna necesidad particular aplicare. Pero siendo tan pobres mis méritos para satisfacer por vosotras a la Justicia divina, apelo a la piedad de los Justos, a los ruegos de los Bienaventurados, al tesoro inagotable de la Iglesia, a la intercesión de María Santísima y al precio infinito de la Sangre de Jesucristo. Conceded, Señor, a esas pobres Ánimas, sobre todo al alma de N., el deseado consuelo y descanso. Pero confío también, almas agradecidas, que tendré en vosotras poderosas medianeras que me alcancen del Señor gracia con que deteste mis culpas, adelante en la virtud, sojuzgue mis pasiones y llegue a la eterna bienaventuranza. Amén.

LAMENTOS DE LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Oíd, mortales piadosos,
Y ayudadnos a alcanzar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

¡Oh vosotros, caminantes,
Suspended, oíd, parad!
Bastará solo el oírnos
A mover vuestra piedad:
Hoy pide nuestra aflicción
Que queráis cooperar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

¡No hay dolor, angustia, pena,
Ni martirio el más cruento,
Que llegue a sombra o pintura
De nuestro menor tormento!
Sólo alivia nuestros males
De vuestro amor esperar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Aquí estoy en Purgatorio,
De fuego en cama tendido,
Siendo mi mayor tormento
La ausencia de un Dios querido:
Padezco sin merecer,
Por mí no basto a alcanzar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

¡Ay de mí, ay Dios severo!
¡Ay llama voraz y activa!
¡Ay bien merecido fuego!
¡Ay conciencia siempre viva!
¡Ay Justicia que no acabas!
Ay, ¿cuándo se ha de llegar?
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

¡Ay culpa, lo que me cuestas!
Nunca pensé en tu fiereza:
Pues con tanto fuego pago
Lo que juzgué ligereza.
¡Cielos, piedad! ¡Basta, Cielos!
¿Cuándo el día se ha de llegar?
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Todo lo que aquí padezco
Es justo, santo y debido,
Pues no se purga con menos
Haber a un Dios ofendido.
¡Ay, que pude no ofenderle!
¡Ay, que no hay más que esperar!
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Padres, hermanos, amigos,
¿Dónde está la caridad?
¿Favorecéis a un extraño
Y para mí no hay piedad?
¡Ea, venga una limosna,
Un sufragio o un rogar!
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Hijo ingrato que paseas
Tan ricamente vestido,
Y a costa de mis sudores
Descansas en tanto olvido:
¡Mira a tu padre quemando,
Y lo puedes remediar!
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Quizá en ti no será arbitrio,
Sí obligación de justicia,
Pues no cumples testamentos,
Aquí estoy por tu perezosa malicia.
¡Abre los ojos, despierta!
Paga, haciendo acelerar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Hermanos todos en Cristo,
Los que oís estos suspiros,
Si queréis podéis sacarnos
De estos lóbregos retiros,
Con sufragios, sacrificios,
Y devotamente orar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

El más alto sacrificio
Del Cordero Inmaculado
Nos es el primer sufragio
Para purgar el pecado.
Su santa Cruz y Pasión
Son medios para lograr
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

De Getsemaní en el Huerto
Sangre sudó el Redentor,
Contemplando de estas penas
El gran tormento y rigor:
Al Padre Eterno se ofrece,
No cesando allí de orar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Es María del Monte Carmelo
Y su ilustre Cofradía,
Quien nos libra de los males
Y nos colma de alegría:
Su nombre el mal nos mitiga,
Siendo el medio de alcanzar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

En vista de tal piedad,
No te olvides, oh mortal,
De este pío camposanto,
Cementerio de hospital.
Sigue, pues, la Cofradía
Que tierna te insta a clamar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Atiende y mira, cristiano,
Que en aqueste cementerio
Tal vez tus padres y deudos
Esperan de ti el remedio.
A la Virgen y a los santos,
Pedidles, quieran mediar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Cofrades, fieles, amigos,
Dad crédito a estos lamentos:
Obrad bien, evitad culpas,
Para huir de estos tormentos.
¡Socorro, piedad, alivio!,
Concluimos con gritar:
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Oíd, mortales piadosos,
Y ayudadnos a alcanzar
Que Dios nos saque de penas
Y nos lleve a descansar.

Antífona: Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua.
℣. Y oí del Cielo una voz que me decía.
℟. Bienaventurados los que murieron en el Señor.

ORACIÓN

Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

OBSEQUIO: En sufragio de las santas Ánimas, tomar la generosa resolución de asistir al Novenario cada día o de suplir haciendo la Novena en casa, si alguno estuviese impedido de ir a la iglesia.

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.

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